Después de la sesión de fotos, comenzamos con el rodaje en ese penthouse en Copacabana, con un sol esplendoroso que solo incitaba a trabajar, pero copulando. El director decía que tenía dos parafilias: la pubefilia o fascinación por el vello púbico, parte esencial de esta profesión pues todos sabemos que la vulva es más filmada que la propia cara de la actriz, y la segunda, la podofilia o excitación con los pies femeninos.


Pensé en cada una de las películas que había rodado, películas más básicas, menos planeadas y con recursos más bajos que la que en ese momento comenzaría a rodar. Entré al jacuzzi desnuda, con la mente muy lejos de allí. Cada segundo pensaba en mi vida anterior y en toda esa carreta que se lee en las frases de superación o en los libros de autoayuda, pero que si solo se piensa, se vuelven ciertas: “Se puede llegar tan alto como se quiere”, “planifique en la mente el futuro”, “la vida le mostrará el camino”. Yo me reía de esas frases, pero en ese momento se volvieron simplemente verdades.

Con el director comenzamos la planificación de la escena: iniciaba con planos de mi rostro excitado, mirando fijamente a la cámara con ojos de provocación sexual, pero la excitación en ese momento fue incontrolable y comencé a tocarme todo el cuerpo, las tetas y mi vulva, que estaban llenas de espuma del jacuzzi. Toda mi piel se convirtió en un tapete de placer y solo quería gemir y pedir que un falo me acompañara en esta travesía. Imaginaba que este caballero comenzaría a hacerme un cunnilingus en el ano, me lo humedecería, lo dilataría y me alistaría para el coito anal que yo tanto soñaba. En ese momento me di cuenta de que diez minutos de rodaje eran para mí solo uno de los orgasmos mentales que imploraban en mi cuerpo.

Pero como en cualquier rodaje, si el director lo ve necesario, la escena se puede repetir varias veces. El problema es que yo allí tocándome ya había alcanzado tres orgasmos y nada que llegaba el que sería mi acompañante de escena. Hasta que sin emoción llegó el actor masculino y entendí que debía recordar lo que había pensado minutos antes para poder disfrutar esto, porque el actor no despertaba ninguna sensación en mi cuerpo: yo solo quería copular, pero con esta pareja mi cuerpo solo pedía una larga pausa. Fue el momento de asimilar lo que implicaba trabajar e iniciar la carrera para la que me había preparado en casa con mi esposo.

Entonces, como haciendo caso a los libros de superación, pensé: “Solo hay que ver el lado bueno de las cosas” y así lo hice. Comencé a ver ese cuerpo formado en gimnasio, brazos fuertes y abdomen marcado que hacen pensar “sí, este hombre está bien para tener sexo”. Lo único que me levantó un poco la libido fue ver esos ojos penetrantes, una mirada que incluía sentirse desnuda y unos labios gruesos ideales para chuparme el clítoris. Aunque ese día rodaríamos hasta ahí.

Después volvimos al rodaje, pero ya para las escenas en pareja el cámara nos dio la instrucción de comenzar con un poco de improvisación y sentí un frío que me erizaba cada vello de los brazos y las piernas. Iniciamos con un beso humedecido por los nervios y que agitaba mi cuerpo con cada entrada de su lengua en mi boca caliente. Este hombre besaba de esa manera brusca que excita el pensamiento. Bajó rápidamente a mi cuello y tocó mi punto débil dándome unos pequeños mordiscos erógenos que se enfriaron cuando comenzó a besarme los oídos como una irritante ventosa y dejó mi cuerpo como cuando se pierde en el parqués: lista para volver a empezar.

Decidí que las acciones sexuales las debía tomar yo misma e iniciar la estimulación con una fellatio, que solo se da con los labios, la lengua y mucho entusiasmo, ya que es lo que las personas ven realmente en las escenas. Tomé con las manos ese pene y sentí la erección, con los dedos hice un círculo en el escroto para así alistarlo para subir y bajar con mi mano endurecida, abajo, arriba, y con la lengua darle latigazos de fuego en el glande para prepararlo, y que sienta toda mi boca caliente, bañada en saliva y chupársela hasta que sienta que su cuerpo pide a gritos un orgasmo en mi boca mojada. Inicio una nueva velocidad con mis manos y su pene, terminando con mis senos unidos a este juego, con el falo en medio, haciendo mi mejor primera escena internacional.

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