Según estadísticas recientes, 70 % de los hombres y 40 % de las mujeres ven pornografía habitualmente. Ese último dato ha causado gran sorpresa, pues se suponía que el morbo sexual era monopolio del sexo masculino. La explicación es internet. Como todo el mundo puede ver más posiciones sexuales que las que tiene el Kamasutra con un solo clic en su celular, la clandestinidad que tenía la pornografía en el pasado ha dejado de existir. Y como las mujeres son seres sexuales y, por lo general, curiosos, las películas para adultos se han convertido en una actividad normal para la pareja.

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Pues hay malas noticias, y más para los hombres que para las mujeres. Según un reciente estudio de la Universidad de Oklahoma, ver porno con su pareja es más negativo que positivo para la relación. Más grave aún: los casados que ven ese tipo de películas habitualmente tienen el doble de posibilidades de divorciarse que los que no lo hacen. De acuerdo con la investigación, las mujeres que se acostumbran a ver porno son mucho más propicias a querer un divorcio que las que no han conocido ese mundo.

La estadística que más sorprende es que una de cada tres mujeres en Estados Unidos ve pornografía por lo menos una vez a la semana. La universidad de Oklahoma entrevistó a 6000 adultos durante un periodo de diez años y confirmó que los efectos nocivos de compartir esa pasión son grandes.

La metodología consistió en comparar a las parejas que ven porno con las que no y hacer seguimiento cada tres años para verificar cuántas se habían divorciado. El resultado fue que solo el 6 % de las parejas “zanahorias” había llegado a ese punto, mientras que en las “atrevidas” la cifra era del 11 %. Y en las entrevistas de mujeres queda claro que cuando ven porno solas y no con sus maridos la tasa de divorcio aumenta hasta un 16 %.

Para el doctor Samuel Perry, quien lideró la investigación, el descubrimiento de las mujeres del cine porno despierta en ellas un erotismo que con frecuencia altera el equilibrio tradicional de sexualidad con que se casan las parejas. Aunque se da por sentado que el derecho al placer es igual para las dos partes, está demostrado que la afición a la pornografía aumenta las posibilidades de infidelidad.

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Históricamente, ese fenómeno era más masculino que femenino. Hoy es mixto, en parte por la liberación sexual. Y cuando hay exploración por fuera del matrimonio, a veces lo que se encuentra es mejor que lo que se tiene en casa.

Sin embargo, hay otro problema que no es menos grave. Las personas que ven porno prácticamente todos los días acaban teniendo menos sexo con su pareja que las que no lo hacen. Es tan grande la diferencia entre lo que ven en la pantalla con lo que les ofrece el lecho conyugal que pierden interés. En las mujeres, esto se traduce a veces en que prefieren la masturbación con fantasías. En los hombres, la cosa es más complicada. Algunos optan por buscar prostitutas con quienes se atreven a pedir las maromas que han visto en las películas. Pero hay un riesgo aún peor: que de tanto acostumbrarse a ver esas maromas no puedan excitarse sin estas y se enfrenten a una posible disfunción eréctil cuando no estén viendo una de esas películas. En otras palabras, si a usted le fascina ver porno con su pareja, tenga cuidado: por un lado, ella se le puede ir con alguien más y, por el otro, puede que a usted no se le pare.

Imagen principal: luckybusiness / 123RF Foto de archivo

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