Son las 7:00 de la noche y en la recepción de KissMe el personal ya está listo para comenzar un nuevo turno, que se extenderá por doce horas. En una especie de bungaló, parecido a la casa de los Picapiedra, se encuentran Edith y Jénnifer, las encargadas de los ingresos y salidas de los clientes. Ellas cuentan con dos pantallas y un software que les señala con colores el estado de cada una de las habitaciones. El verde indica disponibilidad; el amarillo, mantenimiento, y el azul, ocupación. Ambas son mamás. Edith tiene una hija quinceañera y Jénnifer, dos niños pequeños. Para ambas, una de las ventajas de trabajar de noche es tener tiempo en el día para estar pendientes de sus hijos.

En el check-in de cada pareja se demoran menos de un minuto. Luego están pendientes del teléfono, los pedidos de bebidas y restaurante, y de que no se pase el tiempo de permanencia en las habitaciones. Estas se dividen en cinco categorías: Júnior, Turco/Jacuzzi, VIP, Presidencial y Múltiple, con tarifas que van desde los 23.000 pesos para la primera hasta los 70.000 pesos para la última. Si la estadía es bajo la modalidad de “Amanecida” (12 horas) el precio aumenta desde 30.000 hasta 95.000 pesos. Para fechas especiales ofrecen, por un costo adicional, decoraciones con pétalos, velas, tules alrededor de la cama, globos, serpentinas, peluches y mensajes sobre las sábanas escritos con popurrí, hechos por una de las camareras que, además, es experta en origami con toallas.

Esta noche tienen programados varios cumpleaños y un aniversario. Cada habitación está equipada con una cama doble, televisor LED de 42 pulgadas con DirecTV, jacuzzi, una ruleta del amor con diferentes posturas sexuales y una silla del amor para ensayarlas, teléfono, aire acondicionado y ventilador. El servicio incluye artículos de aseo como champú y acondicionador, además de dos condones gratis, exigencia de la Secretaría de Salud.

KissMe comenzó a construirse en 2001 y la obra se prolongó por casi cuatro años hasta convertirse en un complejo de 8000 metros construidos con cuatro edificios de seis pisos comunicados entre sí, más un quinto bloque independiente y dos ascensores. En total son 160 habitaciones, cada una diseñada con un tema diferente: La Escocesa, Egipcia, Musulmana, Indígena, Años 60, Medieval, Las Vegas, Submarina, Romana, Rusa, Amazónica son solo algunas de las opciones. El primer impacto del ‘motel temático más grande del mundo’ se tiene a varios kilómetros de distancia, subiendo por el puente de la calle 26 al nororiente de Cali. Tan pronto aparece en el horizonte el gran edificio mezcla de castillo, galeón y caverna, la atención la acapara su fachada llena de luces coloridas con un letrero que dice ‘KissMe Lo Máximo’ y la enorme réplica en yeso de la Venus de Milo, que mide 16 metros de altura. En 2008 estuvo a punto de ser demolida cuando los vecinos del barrio Primitivo Crespo pusieron el grito en el cielo al ver el tamaño de la estatua.

El responsable de esta pieza colosal y de lo que hay debajo es Humberto Villegas, más conocido como Condorito, una autoridad en el negocio de los moteles en una ciudad donde muchas veces la palabra ‘personaje’ se queda corta para describir a algunos de sus habitantes. Nació en Palmira, en un hogar muy humilde. Su mamá tenía un puesto de verduras en la plaza y así sacó adelante a sus cuatro hijos.

En los años sesenta, Villegas llegó a Cali y estudió Administración de Empresas, pero no fue sino hasta 1987 que inició su aventura en el ‘sector motelero’ con su primer proyecto: ‘Condoricosas’, referente de las residencias en la capital del Valle. “Quería hacer una empresa de algo indispensable, que todo el mundo utilizara. Por eso hasta pensé en montar una fábrica de papel higiénico, o de sanitarios, pero después de dar muchas vueltas decidí incursionar en el campo del amor”.

El nombre salió del apodo que le pusieron sus amigos del colegio por su nariz prominente. La gente me preguntaba “¿Y qué es Condoricosas?”. Pues eso… un lugar para ‘hacer cosas’. Empezó con 15 habitaciones que ya evidenciaban esa decoración ‘temática’ con esculturas de yeso y cemento que identifica a sus hospedajes y creció hasta llegar a 85. A finales de los noventa, el municipio planteó la construcción de un puente elevado (el mismo desde donde ahora se divisa KissMe en todo su esplendor) que ponía en riesgo la vida de Condoricosas. “Fue entonces cuando entendí que era hora de arrancar con KissMe y compramos la primera porción del terreno donde estamos ahora. Le puse así pensando en el significado del beso en una relación. Yo digo que el beso es la cuota inicial para hacer el amor”.

Cuando inauguraron era tal la expectativa que llegaban familias completas con niños pidiendo que los dejaran conocer las instalaciones y ellos los dejaban entrar sin ningún problema. “Combinamos arte, historia, viajes, y recreamos lugares que a lo mejor la mayoría de las personas no tienen oportunidad de conocer. Un rinconcito de París, del Polo Norte, el desierto. Mucha gente piensa que estos son sitios de perdición, pero al final son ‘lugares de acogida’. A las parejas se les dificulta encontrar el espacio para su intimidad, porque viven muchas personas bajo el mismo techo, o la vida del hogar no los deja. Los matrimonios se acaban porque pierden la gracia, la sorpresa, la inventiva. Hay que salir así sea a un potrero a hacer el amor y que lo piquen las hormigas”, asegura Humberto, soltero pero ennoviado, padre de cuatro hijos varones y amante del baile. “Desde chiquito me encanta bailar, así sea solo en mi casa, lo hago frente al espejo para ver cómo me muevo. Mi favorita es la ‘salsa pesada’, pero si me ponen reguetón, bachata, choque, también bailo”.

El empresario vive en el último piso de KissMe, en un apartamento que ofrece una vista privilegiada de 360 grados sobre todo Cali y está decorado con algunas obras similares a las de las habitaciones, entre ellas, una estatua tamaño real de Anthony ‘el Pipa’ de Ávila, legendario jugador del América de Cali.

En un día de mucho trabajo, como Amor y Amistad, pueden recibir hasta 400 parejas en una noche. Otra de las épocas más ajetreadas es, por supuesto, la semana de la Feria de Cali. “Es una locura, la gente hace fila para entrar y hasta terminan conversando entre ellos. Yo he visto parejas que llegan solas y finalmente piden una suite Múltiple porque se juntan dos o tres y se hacen ‘amigos’”, comenta Carlos Eduardo, encargado de la administración general.

El personal del turno incluye ocho camareras que limpian las habitaciones después de cada check-out, dos ‘ronderos’, encargados de acompañar a los clientes hasta la suite y de llevar los pedidos, tres guardas (uno para cada parqueadero), tres empleados en lavandería para atender la demanda de toallas y sábanas, dos cocineras y un empleado de mantenimiento. Todos se comunican por radioteléfonos.

En un turno los productos de aseo suman hasta cinco galones de ambientador, tres ‘cuñetes’ de 20 litros de desengrasante multiusos, varios litros de un atomizador a base de alcohol, especial para desinfectar los colchones, y antitabaco para absorber todo tipo de aromas, pues solo dos de las suites cuentan con ventanas. Todas las habitaciones se limpian después de la salida del huésped e incluso si no se utilizan también se les hace aseo general.

Han pasado los primeros 15 minutos del turno y ya han ingresado ocho parejas. Para cuando sean las 7:30, el número se habrá triplicado. La 408 ha cumplido las cuatro horas que es la estancia mínima. En la pantalla, el software le indica a Edith que faltan diez minutos. “En ese caso les hacemos una llamada para informarles la hora y ofrecerles tiempo extra, si dicen que no, les damos un ratico para que se terminen de organizar y les timbramos de nuevo. Si no hay respuesta, entonces contabilizamos la hora extra que tiene un valor de 11.000 pesos en cualquiera de las suites”.

Las residencias cuentan con servicio de restaurante. Puede ordenar desde una chuleta valluna por 15.000 pesos hasta una botella de whisky importado que cuesta unos 100.000 pesos. Lo que la gente más pide es cerveza, aguardiente y energizantes, sobre todo los que llegan de madrugada. Y es que, según Condorito, el éxito de los moteles en la capital del Valle está ligado al tema de la fiesta. En sus propias palabras, “es como el remate de la corrida”. De hecho, es frecuente que grupos de personas alquilen las habitaciones Múltiples para hacer fiestas privadas, ya que no tienen restricciones de horario. Incluso, hay quienes eligen hospedarse en KissMe como si fuera un hotel, es el caso de un extranjero que se presentó en horas de la tarde y dijo que quería rentar una habitación por 24 horas.

“Generalmente no tenemos ningún problema y si lo hay, nos comunicamos directamente con la policía. Los incidentes tienen que ver con algún borrachito dando lora o una inundación en las suites Múltiples porque se meten varias personas en el jacuzzi y lo rebosan. Otro tipo de situación no tan común, pero que suele suceder son la esposas furiosas que vienen a buscar al marido”, asegura Carlos Eduardo.

Una de las anécdotas memorables la protagonizó una señora que supo que su esposo estaba en KissMe y logró colarse en el parqueadero. “Traía un duplicado de las llaves del carro de su esposo, pero no era fácil localizarlo porque los cubrimos con unas carpas para mayor privacidad. Sin embargo ella disparó varias veces el control hasta que encontró el que era, esperó un descuido mínimo del guarda y logró esconderse dentro del vehículo. Cuál no sería el susto del esposo y la amante cuando se montaron al carro y la mujer les saltó del asiento de atrás. “¡¡¡Así te quería agarraaarrrr!!!”. gritó. El cliente se puso furioso con nosotros, y el guarda iba a perder su trabajo, pero cuando vimos las cámaras de seguridad, quedamos boquiabiertos con la habilidad de esa señora”.

Otra historia que todos recuerdan es la de un hombre al que vino a buscarlo la esposa mientras él estaba con su amante. “La mujer insistía en que lo ubicáramos, pero para nosotros es muy difícil, ya que no pedimos ningún tipo de datos a quienes ingresan. Finalmente dimos con la habitación, el tipo contestó molesto obviamente, porque lo estaban interrumpiendo, pero apenas supo quién estaba en recepción le cambió la voz y rogó que lo ayudaran a salir de ahí. En esa época se estaba construyendo uno de los edificios de KissMe y había una pluma por la que subían los materiales”. Llevaron la pluma hasta el bloque donde estaba el señor y la subieron hasta el sexto piso, para que pudiera salir por el acceso de uno de los corredores. En ese momento no estaban los obreros, así que lo hicieron los empleados que estaban a esa hora. “Todos le decíamos que era un suicidio, pero le tenía tanto miedo a la mujer que no le importó, solo quería salir del motel. Logró subirse en el balde donde se elevan los materiales, nosotros solo lo veíamos tambalearse en el aire. Finalmente lo llevamos a tierra firme y pudo escaparse”.

Poco antes de las ocho llega a la recepción Gustavo, el hijo mayor de Condorito y su mano derecha, y aunque tiene sus propios negocios en otro rubro, le gusta estar al tanto de la empresa que ayudó a crear. Por eso se pierde entre el personal de KissMe como un empleado más, mientras observa detalles, como una nevera que tiene un goteo de agua. A él se le ocurren ideas novedosas como el programa de ‘fidelización’, que ha sido todo un éxito para que los clientes acumulen puntos con cada visita y obtengan estadías gratis.

“Al principio a mi papá no le sonaba mucho porque parte de la dinámica de este negocio es la discreción. Por eso implementamos un sistema de huellas digitales que mantiene la información en privado y a la fecha ya contamos con 1600 afiliados. Eso nos demuestra que la creencia de que los moteles son solo para los que quieren permanecer ocultos no es tan cierta, también tenemos clientes que vienen todas la semanas y son parejas de novios o esposos”. Es el caso de una señora que llamó a eso de las 7:00 de la noche a pedir una reserva para el lunes siguiente en una habitación muy específica, la misma donde hace diez años le propusieron matrimonio. Edith y Jénnifer resumen la variedad de historias en una frase: “Aquí vienen con ‘la que es’, con ‘la que no es’ y con ‘la que puede ser’”.

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