En esta industria del porno se ve de todo. Cuando eres actriz de películas de cine para adultos, uno se encuentra todo tipo de vergas. Hay unas pequeñas y gruesas, otras gigantes y delgadas, unas que son cabezonas pero de tamaño promedio, en fin, se pueden conjugar todo tipo de adjetivos. Desde que trabajo en esto, e incluso desde antes, siempre sentí gran excitación por los penes grandes.

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Me acuerdo que desde joven me fijaba en los paquetes. Un amigo tenía uno notable, que se le veía por encima del pantalón y yo se lo miraba con intriga. Un día nos besamos y le metí la mano: me mojé inmediatamente. Tenía miedo de saber cómo se sentiría dentro de mí. Sin embargo, el tamaño de su miembro en mi mano me produjo tanta excitación que cedí. Él era un hombre mayor y me trató con delicadeza y cuidado. Con el tiempo me fui acostumbrando a su pene y empecé a sentir la necesidad de pedirle que me diera más fuerte.

La relación sexual con un tipo bien dotado requiere ciertas consideraciones. El dolor que se siente en el momento de la penetración es algo para lo que uno tiene que estar preparada. Los primeros cinco minutos son siempre los más difíciles, pero uno le coge el tiro y empieza a aminorar la molestia con el movimiento. Entonces se empieza a volver placentero.

El tipo tiene que saber manejar su verga. Cuando un hombre lo tiene tan grande puede lastimar a la mujer fácilmente, entonces es indispensable que no sea muy brusco. La penetración de un pene de más de 20 centímetros de largo lo puede mandar a uno al médico. De hecho, muchas veces tener relaciones con un hombre tan potentado puede dejarme lastimada y a veces hay que esperar unos días para volver a tirar. También se dan los casos en los que los hombres piensan que por ser privilegiados en tamaño no necesitan más para satisfacer a una mujer. Algunos ni se mueven, se echan encima y piensan que uno queda satisfecha. Otros, se echan el polvo tan rápido que daba lo mismo tirar o no.

De todas formas, hay que tener en cuenta que los hombres grandes no son para todo el mundo. A mí me gusta el dolor que se siente durante la penetración, porque en mi caso este se convierte en placer después de un rato, pero no les pasa lo mismo a todas las mujeres. Recuerdo una escena con un actor con un pene bastante grueso y de 30 centímetros de largo. Me tuve que mentalizar desde antes de empezar la escena para disfrutarlo. Su paquete, que es literalmente del tamaño de una regla de colegio, me alcanzaba a tocar el útero mientras follábamos. Su tamaño es tan exagerado que la mitad de su verga no cabía en mi boca.

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Para una mujer que ha estado con un hombre muy grande es difícil pasar a uno pequeño. Me acuerdo de una relación que no pudo ser porque el pene del tipo era muy delgado y lo único que yo hacía era pensar en qué iba a pasar si yo me topaba con una verga grande. En otras ocasiones me vi pidiéndole al tipo que me diera más duro pero eso estaba fuera de su alcance.

Creo que el tamaño perfecto es de máximo 20 centímetros. Me permite jugar en la cama sin tanta precaución y es lo suficientemente grande para realmente sentirlo dentro de mí. Puede que no todo el mundo sienta placer con un hombre tan dotado, pero para las que sí lo sienten es difícil imaginarse lo que es una relación con un hombre que no tenga un paquete generoso.

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