Cuando entré al baño turco mi piel estaba más sensible que de costumbre y el eucalipto olía a recién cortado. No había nadie, así que me quité la toalla y me acosté boca arriba con las piernas doblabas. Siempre me ha gustado como se ven los huesos de la cadera en esa posición. La cadera es lo primero que le acaricio a un hombre, y cuando hago el amor pido que me tomen con las manos y me indiquen el ritmo usándola como agarradera.
Una gotica cae del techo en una depresión de mi rodilla. Después de unos minutos puedo aislar la sensación de esa gotica en particular sobre mi piel. Siento que recibe un par de afluentes y se hace más pesada, en cualquier momento rodará por la pierna hacia el pubis. Temblorosa, se lanza al fin por el abismo, pero hace una curva y rueda por la entrepierna hasta detenerse en el labio externo de la vagina. -Cae, cae, maldita-. Y cae, produciéndome uno de esos pequeños orgasmos, uno de columpio, o del saltico de la 5a con Parque Nacional.
Me siento sensual. ‘Sensual‘ no es una palabra directamente relacionada con sexo, como ‘sexual‘. La sensualidad tiene que ver con el desarrollo de los diferentes sentidos y las sensaciones. Una nariz sensual puede distinguir la bergamota en la composición del té de la casa, o la fruta no cítrica en el último perfume de Clinique. Un paladar sensual sabe en qué viñedo se cultivó la uva del cabernet sauvignon que está disfrutando. Una mujer ‘sexy‘ es la que les produce deseos sexuales a los hombres, mientras que una mujer sensual es la que es capaz de disfrutar el sexo a plenitud. En esa medida, un implante de silicona puede hacer que una mujer sea más sexy, pero la insensiblidad al tacto que le genera la hace menos sensual.
Alguien que es sensual en la cama es capaz de sentir con precisión. Puede diseccionar una sensación en particular para que no se pierda en la algarabía de datos sensoriales que llamamos sexo. Con mis primeros amantes yo no era muy experimentada, y creía que para tener un buen polvo tenía que actuar como el hombre orquesta. Que mientras más movimientos y diferentes caricias lograra en menos tiempo, mejor.
Me di cuenta del error cuando un novio que quise mucho me enseñó un juego sexual que hoy es mi favorito: "No te muevas", me dijo en un momento bastante intenso del coito. "Vamos a quedarnos quietos un momento, y el que primero se mueva pierde. ¿Sientes mi pene dentro de ti? ¿Lo sientes?". Y lo sentí en toda sus dimensiones. Sentí cómo se abría campo expandiendo mis entrañas. Fue de locos, porque al poco tiempo empecé a sentir las pulsaciones de su pene dentro de mí. Las ganas de empezar a balancearme eran cada vez más grandes. Tuve que morder la almohada para aguantarme. ¿Y si lograba que él, que ahora realizaba una especie de respiración tántrica, se moviera? Fingí que tosía y mi vagina se contrajo. Su cara se desfiguró del placer. Tosí nuevamente, y él ya no aguantó más. El placer minimalista de la contracción le hizo perder el juego y pronto vino la eyaculación tibia.
Una contracción, un desnivel de la calle, una palpitación, una gota de agua, el olor a eucalipto, el brillo sudoroso del hueso de la cadera, el placer está en lograr sentirlos.

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