Mi verga erecta mide 17 centímetros, nada del otro mundo, pero en la pantalla de un computador se ve más grande por aquello de la perspectiva. Ella en primer plano y yo en segundo, la mujer que está al otro lado se aterra. Lo que más me gusta del sexo virtual es que las mujeres creen que tengo una verga descomunal, pero no es lo único.

La salud primero. En estos tiempos de enfermedades venéreas, el sexo cibernético es sexo seguro. Gracias a internet uno puede ser promiscuo sin correr riesgos. Es un poco perdedor pasar un fin de semana encerrado sin tener contacto físico con un ser vivo, pero la salud está garantizada. No se obtienen beneficios sin renunciar a ciertas dosis de dignidad. 
En videochat he hecho cosas que en la vida real no he estado ni cerca de cumplir. Les he dado por el culo a mujeres que, de tenerlas al frente, no las saludaría ni de mano, he tirado de pie en la ducha cuando la verdad es que me parece de lo más peligroso. A mí lo que me gusta es la cama, yo abajo y ellas encima para evitar la fatiga.
También está la comodidad de no intercambiar fluidos. Aunque difícil de creer, los hombres llegamos a una edad en la que no queremos meterla en cualquier lugar. El chat es higiénico, no hay olores desagradables, nadie le suda encima al otro, ella se sienta en nuestra cara pero no nos deja ese amargo sabor de boca, uno se viene en las tetas de ella pero no la ensucia. 
El asunto es tan bueno que aquellas que no gustan que se les vengan en la boca se tragan todo sin derramar una gota cuando lo único que tienen al frente es una pantalla. Una buena sesión de chat garantiza que lo único que habrá que limpiar será el piso, nada que un buen desinfectante no pueda remediar.
Otra ventaja del sexo de computador a computador es el pospolvo. Nada de abrazar ni levantarse a traerle agua, no hay necesidad de preguntarse si es indicado quedarse a dormir o agarrar la ropa y salir corriendo. ¿Sabe usted lo incómodo que es dormir con alguien, coincidir en la posición en la que se duerme y soportar que un brazo se encalambre para no despertar al otro? Gracias al sexo virtual, cerrar la sesión después de un “hasta mañana” es todo lo que se necesita. 
Por eso hay que hacer por internet lo que se venga en gana, la factura de Telmex no va a llegar más cara. Para un polvo versión 2.0 no es necesario una cena costosa ni una salida a bailar, mientras que hasta el más degenerado de los chats comienza con un inocente “hola”.
No está mal visto aprovechar el vacío legal que existe en temas de internet para aplicarlo en materia de infidelidad. Si nadie ha podido ponerse de acuerdo en asuntos como propiedad intelectual y derechos de autor, lo natural es que relaciones sexuales en la red vayan y vengan sin que sean consideradas un crimen. Quien folla sin follar con alguien que está a kilómetros de distancia tiene claro que se trata de sexo nada más. Quien pretenda meterle corazón al asunto es mejor que salga a la calle y se consiga a alguien de carne y hueso.  
Pero lo mejor de todo, no lo dude, es que no hay manera de que uno sea mal polvo en el sexo virtual. Los computadores no se hicieron para procesar datos ni gobernar al mundo, sino para que no hubiera tanto tarado en la cama. 

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