Gregorio Samsa amaneció convertido en un insecto. Eso no es nada: David Kepesh, a los 38 años, entre la medianoche y las cuatro de la madrugada del 18 de febrero de 1971, se convirtió en una teta. Así como lo oyen: en una teta, en una glándula mamaria de 1,80 metros y 73 kilos, con tejido adiposo, piel suave y un pezón rosado. Para colmo, una teta ciega y medio sorda. Con la posibilidad de hablar, eso sí. Y, como corresponde a toda teta, con una sensibilidad exacerbada (no hay nada más sensible que una teta, ni siquiera los labios). Tener unas grandes tetas puede ser una bendición para una mujer, pero convertirse en una gran teta es verdaderamente una tortura para cualquiera, de cualquier sexo. Algo así como el infierno sexual. Eso es justamente lo que vive el profesor Kepesh, que fue internado en un hospital para estudiar su caso, insólito en los anales de la medicina. Lo excita el más mínimo contacto, así sea el de la enfermera Clark —cincuentona, bajita, fea— cuando le hace un simple masaje terapéutico. ¿Se imaginan lo que ocurre cuando Claire, su novia, una rubia despampanante de ojos verdes, se le acuesta encima? Una verdadera tortura, la inminencia de un orgasmo que nunca llega a producirse: “Quiero que ella lo haga continuamente, durante todo el tiempo de la visita. Ya no quiero hablar, no quiero que me lea, ni siquiera la escucho. Solo deseo que me apriete, me chupe y me lama. Nunca me canso de eso. Cuando ella se detiene, es insoportable. ‘¡Sigue! ¡Más! ¡Sigue!’, le grito… Quiero que se desnude, quiero que su ropa esté en el suelo, alrededor de sus pies. Quiero que se ponga encima de mí y se mueva. ¡Quiero tirármela, doctor! ¡Con el pezón! ¡Pero si le digo eso, se marchará! ¡Se irá corriendo y nunca volverá!”. ¿Por qué le ocurrió esto al profesor Kepesh? Hay cosas en la vida sin explicación, pero para mí tengo que su error fue, un día que estaba en la playa con Claire, haber deseado quedarse a vivir en su teta. Ahí empezó a gestarse su desgracia. Por favor, aprendamos: “Ten cuidado con los deseos ridículos, pues es posible que tengas suerte”. 

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