Justo en esta edición, del otro lado, hay un hombre mostrando su pipí. Acepto que no es un órgano particularmente hermoso, como pueden serlo los ojos o las manos. Que ni siquiera forma parte de mis fantasías, como un hombre soñaría con unas tetas redondas de pezones delicados y un tamaño monumental. Cuando yo fantaseo con un tipo no me imagino un pipí en particular, no se me ocurre pensar "prefiero uno de tal tamaño, circuncidado, inclinado a la izquierda", más bien me imagino un tipo que me coma agarrándome la cadera con sus manos, o que me diga porquerías mientras me lo mete.

Y sin embargo, el pipí (o el pene, o la verga, o como quieran llamarlo) es una fuente de mitos, de leyendas y de mucho interés. Algunas mujeres creemos que los negros lo tienen más grande (para la muestra, este ejemplar maravilloso), creemos que los orientales lo tienen chiquito, creemos que los judíos lo tienen muy largo y, como está circuncidado, es más rico. Y muchas veces fantaseamos con la idea de comernos un negro o hay quienes hacen como que les da un escalofrío de asco si piensan en un oriental.

Pero en cuestiones de tamaño no hay quien tenga la última palabra y más grande no necesariamente significa más rico. Mi ex novio estaba dotado con un aparato gigantesco, grueso, bastante atractivo para los estándares de las revistas porno, digamos, pero para mí era dolorosísimo. Tenía que lubricarme mucho antes y aún así me dolía bastante, incluso horas después. No funcionó.

También tuve un amigo que lo tenía chiquito. Mientras nos dábamos besos, todo bien, pero cuando llegó el aterrador momento, yo cometí la burrada de decirle "métemelo" y ya estaba adentro. No sentí absolutamente nada. Aunque debo reconocer que ese era un caso de enanismo extremo.

Ahora aprendí que si el tipo lo tiene chiquito, la solución es sentarme sobre él y así llega a donde tiene que llegar. Es más cómodo y casi siempre funciona. Y también aprendí que si lo tiene grande, muy grande, es mejor dejar de contestar sus llamadas y evitar sufrimientos futuros.

En cuanto a la batalla entre capuchones y sin capucha también hay mucho qué decir. Yo, personalmente, prefiero a los que ya se hicieron la circuncisión porque me parece más higiénico, porque huelen mejor, si se quiere, porque no se acumula polvo ni sudor, pero no porque me parezca que me hacen sentir más placer.

Los hombres también preguntan mucho por el grueso. ¿Te gusta grueso? ¿Lo tengo lo suficientemente grueso? Me gusta grueso, pero porque se siente más cómodo cuando lo agarro. La mano ajusta mejor, como el mango de un cuchillo de chef, que es más rico de usar que uno de mesa. Eso es todo. Y como me gusta consentirlos, lamerlos, acariciarlos y metérmelos a la boca, pues evidentemente prefiero algo más contundente, aunque manejable, que un espagueti endeble que parezca que se va a partir.

En cualquier caso, yo no tengo un tipo de pipí que me resulte particularmente atractivo ni me gustan especialmente los olores que segregan ni los líquidos, aunque el semen no me molesta tragármelo, excepto cuando es demasiado.

Lo importante de un pipí, digo yo, es a quién va pegado. Qué tan sexy es el tipo, qué tanto manejo de su cuerpo tiene, qué tan divertido o inteligente resulte y cómo hace para hacerme sentir placer con un tubito más bien feo y medio torcido.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.