Me enteré de que la habían violado en un motel al norte de Bogotá. Era de madrugada, todo iba bien, pero ella empezó a llorar en la cama, dándome la espalda. Estaba avergonzada y descompuesta.

La conocí en una fiesta y no tuvimos que hablar mucho antes de besarnos, pero el asunto no pasó de ahí. La volví a llamar tres semanas después y comenzamos a salir. ¿Cómo es tener sexo con una mujer violada? Sin tener ni idea de que lo es, resulta placentero y muy permisivo. ¿Indicios físicos, psicológicos o algo parecido? En lo absoluto. No en mi caso. Nada. Uno puede imaginarse cosas abominables, pero no es así. Uno supone que a alguien que le sucede esta desgracia tendría temor de tener sexo con otra persona. Que fuera reacia, complicada, pero no. Todo lo contrario. En realidad, yo estaba tranquilo porque sabía muy poco de lo que le había pasado a ella en la vida y siempre había quedado clara la seguridad de los dos. Era simple: la llamaba a la casa de su tío y salíamos de vez en cuando. Cumplíamos con el deber.

Así fue durante un par de meses hasta que abrí la puerta de su intimidad, que jamás es un símil del sexo. Aparentemente, todo transcurría de la misma manera que siempre, pero un día ella, tendida en la cama y desnuda, en ese motel, se tomó un trago más y soltó todo su odio. Una imagen me quedó en la cabeza. Ella estaba acostada boca arriba junto a mí, de un momento a otro caviló algo, y luego me dio la espalda. Entonces empezó a sacar su Satanás de las entrañas: los malos recuerdos. Su mismísimo papá (mal lo referenció, porque ese tipo es un verdadero hijo de puta) la había "cogido" siendo una niña que se preparaba para ser mujer. Y lloró mucho mientras contaba que no había sido una sola vez, sino varias, y que después de mucho abuso se escapó de la casa. Que su mamá no la había ayudado y que sus hermanos nunca estuvieron. Que prefirió callar. Que a todos les guardaba rencor, aunque les seguía hablando.

No paró. Siguió hablando y llorando, avergonzada, sin tener ella la culpa. Yo solo callé, estupefacto, tratando de consolarla cuando en ese mismo instante sabía que había llegado mi final en esta historia. Media hora después salimos, estúpidamente con la mirada baja como si nosotros hubiésemos sido los violadores, y comenzó un silencio y un hasta luego que nunca más se volvió a dar.

Para uno, saber después que estuvo en la cama con una mujer violada es como un golpe anímico. Se pierde confianza, chispa y atracción. Es una sorpresa de esas que no se quiere saber. Parece ser, tristemente, que una mujer violada es un Inri para todos. No debería ser así.

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