El Jeep Willys no es solo un campero, es una leyenda. Fue una herramienta clave en la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, al permitirles a los soldados y oficiales recoger heridos y llevar armas y pertrechos a zonas difíciles. Con su tracción en las cuatro ruedas, su peso ligero y su fuerza estos carros llegaban hasta donde ningún otro podía hacerlo. Además, el Willys contaba con un potente motor de 60 caballos de fuerza y una carrocería versátil: era fácil de ensamblar y montar en momentos difíciles y sin mucha herramienta, y encima podía adaptarse a diversos usos: para instalar artillería o para transportar heridos (ambulancia), carga y pasajeros.

Varias son las teorías sobre el origen del nombre de este fiel campero. El Willys viene de John North Willys, el fundador de la ensambladora Willys Overland Company. El origen de la palabra jeep no es tan claro: algunos dicen que fue tomado de un personaje de la tira cómica Popeye, Eugene the Jeep, que podía sortear cualquier obstáculo. Para otros viene de la solicitud que el ejército americano hizo a varias ensambladoras en los cuarenta de crear un carro para propósitos generales, o "general purpose". Los soldados y luego los civiles comenzaron a llamar a estos carros por sus iniciales, "g p", o en inglés "gee pee". Fue cuestión de tiempo que el nombre terminara abreviándose más hasta llegar a jeep.

En cualquier caso, a Colombia comenzaron a traer los Jeep Willys justo después de la guerra, hacia 1946, pero se popularizaron a comienzos de la década del cincuenta, cuando el gobierno de Rojas Pinilla importó 10.000 unidades para incentivar el desarrollo campesino en la zona andina. Allí, en el eje cafetero y las cordilleras nacionales, el Jeep Willys se adaptó como si hubiera sido hecho especialmente para estos terrenos cerreros y bravos. Todavía en la actualidad se pueden ver Willys modelo 54 o 56 cargados con trasteos o con kilos y kilos de plátano, arroz, café o materiales de construcción. O con familias enteras, que bien numerosas son en el Tolima, en Armenia, en Risaralda y en Caldas.

La marca Jeep trae ahora a Colombia al nieto del Willys, el Jeep Wrangler Sport X. Igual de recio y de potente, el Sport X va adonde solo puede llegar su antepasado. Y para mostrarlo, Jeep organizó una excursión por las trochas cafeteras de Armenia, conformada por Willys tradicionales y por los nuevos Sport X. Estuvimos exigiendo a estos todoterrenos por caminos de Circasia, de Montenegro y de Calarcá, y podemos decir que los nietos se comportaron tan bien como los abuelos. Unos y otros se adentraron por caminos de herradura, por cañadas, por caminos de tierra blanda y pantanosa, y nunca se vieron quedados.

La potencia de estos carros viene dada por algunas de sus especificaciones técnicas: doce válvulas, 3800 centímetros cúbicos y 202 caballos de fuerza. Y hay más: si se le apaga en una subida no se estrese, el vehículo está acondicionado con un sistema que no permite que se ruede, y le da tiempo para que lo prenda sin meter el embrague. La carrocería conserva la versatilidad y comodidad de la de su abuelo el Willys: usted puede desarmar la cabina en tres partes y encuentra espacio atrás para que la guarde, si anda en plan aventurero en un día soleado.

Nada de nervios: siga los pasos del Willys en el Jeep Sport X y vaya por donde quiera sin problema.

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