Ya que el dueño de casa recibe en poncho de algodón y carriel terciado, eso nos da más libertad para lucir algo relajado e informal. Entre la mochila cordobesa, que debe ser de la región, lo primero que hay que empacar es un mapa para no perdernos en las grandes extensiones que se le han ido agregando al Ubérrimo como una colcha de retazos, muy de moda por estos días, por aquello de la tendencia en faldas y blusas. Que no se noten por ningún motivo el asombro y el estupor… la botellita de guaro antioqueño para entrar en ambiente, pues la temperatura ha subido tanto últimamente en el predio presidencial, que se hace indispensable. Importante un accesorio de Salvarte, pulserita en caña flecha o mochila arhuaca, como la de Beatriz de Orleans, gurú de la casa Dior, en la última revista Hola de España. No tratar de copiar la pinta del oferente, pues hay que saber montar como un experto jinete los briosos caballos de paso fino.

Recomiendo pantalón de dril, para no ofender con unos jeans. Guayabera de aspecto lujoso, que son las propias de la región ganadera de los Náder. Pañuelos para anudarlos al cuello en colores neutrales sin connotación partidista. Para un buen paseo, lo ideal es la comodidad y no verse tan tiesos como si estuvieran almidonados.

Lo que no deben ponerse es un pantalón muy apretado, las consecuencias pueden ser aterradoras, una camiseta con la letra U en tamaño discreto, copia total de la H de Harvard, o de la O de Oxford; la U puede ser Uribe, Ubérrimo, Universal Studios o Partido de la U; en algodón, en colores alegres y frescos. Un buen sombrero vueltiao, o aguadeño, que tanto carácter le ha dado a nuestro período indefinido, de las múltiples tiendas de Salvarte, cuanto más delgado más fino y bonito también. Si se quedan a dormir, no usar por ningún motivo bóxeres ni piyamas alusivas a los muñequitos Tom y Jerry… pues se pueden herir sensibilidades.

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