Era 2010 y se ACERCABAN las elecciones presidenciales que ganó Juan Manuel Santos. Yo, en ese entonces, era simpatizante del Partido Verde y me gustaban mucho las propuestas de Antanas Mockus. También, por ese entonces, tenía cuentas oficiales en redes sociales y subía mis viñetas a internet, que en poco tiempo se hacían virales. Días antes de publicar esta viñeta, varios de mis contactos y seguidores me habían contado que algunas de las viñetas que les habían gustado mucho ya no estaban disponibles en internet, lo cual se me hacía raro.

Entonces, el 14 de mayo publiqué esta caricatura en El Espectador. El contexto: las encuestas sobre los posibles resultados de las elecciones parecían amañadas por los filtros usados por las entidades que las realizaban. Ese mismo día me encargué de subirla a redes sociales, como lo hacía siempre. Quince minutos después de postearla comprobé lo que me habían dicho: no solo denunciaron la viñeta en Facebook bajo acusaciones de contenido violento y sexual, sino que hicieron que me cerraran la cuenta.

La polémica y las protestas no se hicieron esperar y usuarios y seguidores expresaron su indignación por la inexplicable clausura. A los pocos días, cuando pude abrir de nuevo la cuenta, los seguidores se multiplicaron en tiempo récord al punto que llegué a tener más de 40.000.

A pesar de esa victoria en redes sociales, hace ya dos años que las abandoné. Aunque sé que un caricaturista debe generar opinión, eso está muchas veces ligado a la polémica y en Twitter, por ejemplo, los insultos siempre están al orden del día. En El Espectador, donde me apoyan incondicionalmente y respetan lo que hago, siguen publicando mi trabajo y eso, más un poco de tranquilidad, es algo que no tiene precio.

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