Conocí a Serafín en 2002, cuando se mudó a pocas casas de la mía. Desde el instante en que cruzamos las primeras palabras noté que coqueteaba conmigo. No le presté mucha atención y durante un año fuimos muy buenos amigos, hasta que un día no se aguantó más y me dijo que quería tener algo conmigo. No le vi ningún problema y acepté su propuesta, sin prestarle atención a su 1,30 m de estatura.

Yo mido 1,70 m, él me llegaba al ombligo y eso no me importó. En él veía otras cualidades que no tenían nada que ver con la estatura y que mucha gente no entendía: era una gran persona, con sentimientos trasparentes, me trataba muy bien y teníamos buen sexo.

Algunas cosas sí eran distintas comparadas con los hombres de estatura promedio con quienes había estado. Si me quería dar un beso me agachaba, aunque si estábamos sentados era mucho mejor porque no tenía que moverme y él tampoco tenía que subirse a ningún andén para llegar a mi boca.

Hacer el amor era prácticamente normal, lo único diferente era que sus extremidades eran pequeñas y por eso no lograba abrazarme por completo. Sin embargo, sabía cómo tocarme para hacerme sentir bien. Estaba superbién dotado. Lo que tenía pequeño de cuerpo lo tenía grande de corazón y en otra parte le sobraba. Por lo que vi y sentí, el tamaño del pene de un enano no es nada chiquito, es igual que el de cualquier hombre.

No podíamos improvisar muchas cosas, como hacer el amor en una silla, que me alzara o lo hiciéramos parados. Cuando él estaba encima de mí era muy fácil, pero hacer lo contrario no se podía, mi estatura y mi peso no lo permitían. Estando encima, él se apoyaba en los pies para moverse mejor. Eso sí, cuando me acariciaba las rodillas no le alcanzaban los brazos para hacerlo con mi cara. Así que hacía una cosa a la vez , pero con una agilidad que no había motivos para quejarme. Las posiciones que mejor nos funcionaban y me gustaban eran 'el columpio' y 'la unión de la vaca', yo me ponía de rodillas o me agachaba y él podía quedarse parado haciendo lo suyo. Sexo oral también practicábamos y nos gustaba muchísimo. Sabía dónde tocarme y eso que nunca le di indicaciones de qué hacerme ni cómo.

Después de ocho años de relación las cosas se acabaron, él era muy coqueto. Aún así, hoy seguimos siendo muy buenos amigos. Soy de las que piensan que todo se nivela en la cama. Por eso, si se me presenta la oportunidad de estar con un enano otra vez y me gusta, no tendría reparo.

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