Ese deseo nos puede agarrar en cualquier parte, así que bien podemos terminar haciendo el amor en el sofá, en la alfombra junto a la chimenea, en la cama o hasta en el mesón de la cocina.

Nos conocimos en una comunidad, "Mujeres al borde", que se reúne cada sábado en el centro comunitario LGBT a discutir todo tipo de temas coyunturales. Después de los debates, que suelen durar de cuatro a ocho horas, nos vamos de rumba y en una de esas se dieron las cosas con ella. Además de sus evidentes atributos físicos, el hecho de que sea quince años menor que yo me atrajo fuertemente. Ahora vivimos juntas en una casa hermosa y tener niños o casarnos no es nuestra prioridad.

Soy libretista y me gusta la poesía. Estudié Comunicación y Teatro. Hace un tiempo publico artículos en las páginas virtuales que maneja la comunidad de lesbianas, gays, transgeneristas, travestis y bisexuales. Y desde que tengo uso de razón, hace unos 25 años, soy lesbiana. Al principio fue dificil con mi familia y mis ocho hermanos, así como con el entorno conservador que me rodeaba.

Desde esos tiempos tengo 'palito' con las heterosexuales, pues de todas las relaciones que he tenido, casi la mitad de las chicas se acostaba con hombres. Sin embargo, para mí, tratar con ellos fue imposible. En algún momento de mi vida traté con el género opuesto y nada. Ante todo, fue una atracción intelectual. Yo quería entender cómo se sentía una penetración y lo hice. Pero no me gustó y ellos se sentían mal. "Mientras tú estás en mapalé ­—les decía—, yo estoy en bolero". Eso fue hace diez años y, a decir verdad, qué felicidad haberme quedado en esta orilla del camino como lésbica total.

Podría escribir horas sobre cómo es el sexo con Camila. Les digo, por ejemplo, que algunas veces frotamos una vagina contra la otra, yo sobre ella, o ella sobre mí. Podemos tardar todo lo que queramos, una hora, o apenas unos minutos si la excitación apremia. Intercalamos los juegos si disponemos de tiempo, lugar y deseo. Uno de ellos, el que más nos gusta, tiene que ver con nuestras lenguas en el clítoris. Asimismo, los dedos rápidos y firmes pueden en otro momento cumplir su cometido si la variedad lo admite.

Qué bueno sería, por cierto, que los hombres entendieran el tema de la lengua y los dedos. La mayoría son petardos en este asunto, pues creen que la fuerza y la opresión nos dan placer, cuando en realidad nos causan dolor e irritación. Suave y veloz, he ahí la cuestión.

Cuando Camila quiere penetración, yo me pongo el dildo y asumo el rol masculino. Practicamos el kamasutra, que sin este juguete sería imposible. No me resulta dificil jugar de hombre aunque, como dije, a mí la penetración no me gusta. Pero esto jamás ha sido un problema con mi pareja a quien sí le encanta; supongo que este respeto mutuo, y el sacar ganancia de nuestras diferencias es otro de los puntos a nuestro favor.

Entre dos mujeres el sexo es más sencillo. Mi mujer sabe lo que me gusta y cómo, yo sé lo que la excita y dónde. Es así de simple.

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