Tengo 42 años y vivo con mis papás porque no soy capaz de vivir solo. Lo tomo más como un tiempo sabático porque, la verdad, no tengo muchas preocupaciones en mi vida. Hace dos años vivo con ellos, pues salí de una relación que no funcionó y decidí volver a mi casa. Yo sé que mucha gente piensa que quienes viven con los papás son unos mantenidos, pero no es mi caso. Yo comparto con ellos, los consiento ahora que están vivos, los cuido y la verdad casi nadie hace eso. Les devuelvo lo que con tanto aprecio me dieron, y lo hago acompañándolos.

Mucha gente dice que por vivir con los papás, una persona no es independiente. Estando en la casa, en cierta forma mantengo mi independencia. Entro y salgo de mi casa a la hora que quiera, de todas formas me reporto para que mis papás no se preocupen. Pero no pasa nada si salgo una semana completa o incluso un mes. Tengo mi propio cuarto, que limpio y arreglo yo mismo, porque me gusta y porque es algo muy personal. Tengo mi novia, Carito, una hermosa mujer que me acompaña, y así no estemos juntos todos los días, hemos hecho que las cosas funcionen. Es cariño por lado y lado, y tampoco es que esté atado a ellos, siempre hago lo que quiero. Mi ropa la lava y plancha una persona a la que le pagamos. Además, ayudo con el 50% del sostenimiento de los gastos, para lo que se necesite, servicios, mercado, detalles, etc.

Los domingos son de relax completo. Cuando me despierto voy y hablo con mis papás en su cuarto, hacemos planes y pienso si los puedo acompañar o no. Luego, desayunamos con mis hermanos menores, que viven solos, y vienen a visitarnos. Es un momento muy especial. En la tarde vamos al supermercado, a veces los invito a almorzar, y en la noche hablamos. Pero todo depende de si me veo con mi novia o no. Hay domingos que me quedo viendo una película, oyendo música, leyendo o planeando mi trabajo para la próxima semana. De vez en cuando salgo con ellos a un centro comercial y los invito a comer helado, o salimos fuera de Bogotá.

Mis papás aprecian mi compañía más que la ayuda económica, hasta me dicen lazarillo y yo sé que el día que me vaya me van a extrañar. Si salgo del Hotel Mamá, lo hago acompañado, si no, no lo hago. No tengo afán, aquí la paso bien y estoy a gusto.

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