Desde hace varios años trabajo en ISVI, una empresa de seguridad privada que presta sus servicios a famosos. Desde 2002, Juan Pablo Montoya siempre nos ha preferido por nuestra seriedad y porque somos expertos en manejo defensivo de carros y motos, lo que quiere decir que podemos intuir qué van a hacer los demás y evitar así a los que manejan mal.

A Montoya le he conducido en cuatro oportunidades. La primera vez lo recogí en el aeropuerto en un Cadillac vinotinto de 5.800 cc, 8 pistones en V y blindaje especial. Éramos un equipo de seguridad de ocho escoltas: cuatro para su esposa, Connie Freydel, y cuatro para él.

La fama de antipático que acompaña a Montoya me tenía un poco prevenido, pero el primer saludo que me dio fue amable y siempre me trató muy bien. Dentro del carro se dedicaba a hablar por celular con sus amigos, charlaba con su esposa, y cuando íbamos solos me ponía conversación sobre la actualidad del país y el estado de la ciudad, incluso a veces se sentaba en el puesto de adelante para poner las emisoras que le gustan, como La W y La FM.

Uno se imagina que un piloto de carreras siempre va a pedir más velocidad, pero no es así, nunca me pidió que fuéramos más rápido. Eso sí, había una cosa que lo estresaba dentro del carro y eran los trancones de Bogotá. El hecho de que el carro se quedara quieto en un embotellamiento lo desesperaba, de inmediato me tocaba reaccionar, buscar rutas alternas y avanzar.

Montoya tiene un buen sentido del humor. Una vez que regresábamos del autódromo de Tocancipá, el tacómetro marcaba los 150 km/h y él sugirió que nos bajáramos a "empujar" el carro, ya que no íbamos rápido. Pero más allá de eso, me dio muy buenos consejos para manejar; por ejemplo, me decía que me fijara en las motos que integraban la escolta, ellos iban adelante de nosotros y ayudaban a prevenir movimientos bruscos del carro.

Otra cosa que hay que resaltar de él es su amplitud y amabilidad con la escolta. Siempre nos daba regalos alusivos a su equipo en la Fórmula Uno, o si íbamos a un restaurante nos invitaba a comer a todos y, fuera de eso, cuando se marchaba del país nos dejaba muy buenas propinas en dólares.

Con relación a otros personajes que he custodiado, Montoya es una de las celebridades amables. Nada que ve,r por ejemplo, con el cantante mexicano Luis Miguel, que ni siquiera saludaba, exigía velocidad y criticaba mi forma de conducir, algo que nunca hizo Montoya, que ha manejado los carros más veloces del mundo.

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