En ese instante viví dos segundos que me dieron algo de fama y poca plata.

Yo militaba en el Club Atlético Anglo de la provincia de Fray Bento. El club es un equipo de tradición que fue fundado en 1907 en el interior de Uruguay. No es un equipo de la primera división, pero en la segunda categoría y a nivel departamental tiene una hinchada leal y noble.

Por mi buen rendimiento como marcador por izquierda y volante, varias veces fui seleccionado para representar al departamento e incluso presenté pruebas en el Nacional de Montevideo pero no conté ni con suerte, ni con recursos.

El día del gol jugábamos de visitante. Yo nunca fui goleador, mi juego se caracterizaba por ser un jugador de contención, mucha entrega y buena marca. La jugada del gol la habíamos preparado durante la semana con el técnico Mario Guisti quien me había elegido porque siempre le pegaba muy duro a la pelota. Curiosamente en los entrenamientos la pelota nunca había entrado, o no me llegaba o a veces seguía de largo.

El momento de la jugada es curioso. Yo en ningún momento dejé de ver la posición del arquero. Nos correspondió el saque inicial y un compañero me dijo que estaba lindo para pegarle. Nos acercamos tres jugadores de mi equipo para hacer la pantomima de sacar, ellos dos se abrieron, yo aparecí y le pegué con todas mis fuerzas desde el punto blanco de la mitad de la cancha.

Me quedé viendo la pelota, no corrí y miré al juez que de inmediato validó la jugada. De inmediato mis compañeros me rodearon y me abrazaron. Recuerdo que Pablo Melosuso, jugador del otro equipo, me dijo que no lo podía creer, que nunca pensaron que le fuera a pegar al arco. Él le advirtió al arquero que le íbamos a patear y el arquero, Martín Correa, les dijo a sus defensores que jamás ese balón llegaba hasta su arco desde esa distancia.

Otra anécdota de ese gol me la contó el único camarógrafo que registró el momento del gol. Él hasta ahora se estaba sentando e incluso no había acomodado bien la cámara. Afortunadamente ya estaba grabando y tenía el plano abierto y mi gol quedó registrado.

El partido terminó sin mayores novedades y yo no dimensioné lo que había hecho. Incluso no sabía el tiempo exacto del gol. Al otro día fui a la sede del club y un hincha me dijo que un periodista había dicho que el gol era el más rápido en la historia del fútbol. Yo lo tomé como un gol más. Me fui de pesca y al regresar me estaban buscando del Canal 12, me habían llamado varios medios de Montevideo y empecé a dar entrevistas para ESPN y Fox Sports.

Seguí mi vida normal y al año de haber anotado ese gol fui a Montevideo y me condecoraron en la ceremonia que año tras año hace el diario El País. De igual forma el libro Guinness de los récords homologó mi gol y luego la Fifa me dio otro diploma. Para la gente de Guinness el gol se anotó en 2,8 segundos, mientras que el diploma de la Fifa dice que la pelota se demoró en entrar 2,5 segundos.

Aún soy compañero de Martín Correa, el arquero al que le anoté el gol, nos vemos y nos reímos de lo que pasó. Por ese gol no gané plata, he vuelto a ensayar esa jugada y la pelota no entra. Tuve mi instante de fama y nada más. Ya dejé el fútbol competitivo y me dedico a repartir agua mineral de una empresa que se llama Salus y estudio electricidad. La fama es tan efímera como los 2,8 segundos que se demoró ese balón en entrar al arco contrario.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.