Inicialmente les tuve desconfianza o incluso miedo, porque en YouTube he visto muchos videos de entrenadores o gente que ha sido atacada por animales que estaban supuestamente domesticados o entrenados, y los monitos tienen los dientes bien afilados. Pero después, al verlos moverse entre las mesas y atender a la gente, les cogí confianza. Luego, cuando supe que habían pasado exámenes y que las autoridades saben que trabajan allí y que incluso regulan las horas que los monos pueden estar en el restaurante, me quedé tranquilo. Porque aquí en Japón todo está reglamentado y si las autoridades dan el OK, entonces no hay problema.

La idea de ir al restaurante donde trabajan los macacos se le ocurrió a un amigo japonés con el que trabajo. Me dijo que quería mostrarme algo interesante y me llevó al izakaya, que así se llaman estos locales donde la gente va a tomar más que a comer.

Cuando llegamos ya había gente, pues el sitio es bastante conocido e incluso se ha convertido en una especie de punto turístico, a pesar de estar algo retirado del centro de Utsunomiya, que es la ciudad capital de la prefectura donde yo vivo, Tochigi. Luego me enteré por el dueño del local de que los monos que tiene son macacos, iguales a los que hay en las montañas de la ciudad de Nikko, bastante famosa por sus santuarios budistas y sus onsen (baños termales). Y esos monitos son bien inteligentes pero también bastante pesados, porque cuando te ven con comida te persiguen en manada y no te dejan hasta que les das algo.

Pero en el izakaya Kayabukiya, que así se llama el local, los monitos se comportan bien y les alcanzan los oshibori (toallas mojadas) a los clientes y hasta la cerveza, a cambio de lo cual los clientes les dan fríjoles de soya. En las izakaya es normal que apenas pides una bebida te pongan algún tipo de comida liviana para ir consumiendo mientras bebes, una picada. Pero aquí te ponen fríjoles de soya porque eso también es con lo que le ‘pagas’ al macaco cuando te atiende.

Inicialmente pensé que cuando tú ordenabas cerveza, por ejemplo, era el dueño del local el que te escuchaba y le daba la bebida al mono para llevarla a tu mesa, pero no es así. El animal se ha aprendido algunas palabras y cuando llega a donde está el dueño, le señala lo que quiere el cliente. Lo sé porque yo probé a pedirle una cerveza en voz baja cuando el dueño no miraba, y el monito me la trajo, así que le di todos los fríjoles de soya que tenía, cogió la taza, se fue, supongo que dejó los fríjoles en su escondite y me trajo la taza vacía.

Uno de los macacos se llama Yat, pero todos le dicen Yat-chan (pequeño Yat), tiene 12 años y cuatro o cinco trabajando en el izakaya, según le contó otro cliente a mi amigo japonés. Porque gracias a los monos, la mitad de los clientes que había cuando nosotros fuimos son habituales, van todos los días o varias veces a la semana.

El otro monito, que es más joven, se llama Fuku-chan y tiene menos tiempo trabajando en el izakaya, es el que se encarga de llevarles los oshibori a los clientes pero no los tragos, de eso se encarga solo Yat-chan. Por ley los dos macacos solo pueden trabajar dos horas al día, luego se los llevan a su casa pero antes de despedirse, los muy avispados pasan por las mesas recogiendo sus fríjoles de soya. Se les ve supergraciosos con sus happi, esos chalecos tradicionales que los japoneses usan en los matsuri (festivales) y restaurantes típicos.
Mi amigo le preguntó al dueño cómo es que se le ocurrió la idea de poner monos a trabajar en el izakaya, y él le dijo que no fue idea suya sino de los monos, porque los macacos eran solo sus mascotas y a veces los llevaba al izakaya, pero un día le dio un oshibori a Yat-chan y este fue corriendo y se lo entregó a un cliente. El monito había aprendido mirando cómo trabajaba su dueño. Ahora el tipo quiere entrenar más monos y ponerlos a trabajar, porque en realidad gracias a ellos su local nunca está vacío, además la comida también es buena y los precios no son altos, igual que en cualquier otro izakaya.

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