Antes de crear Ketama, en una época entre 1980 y 1987, éramos el grupo base del tablao flamenco Los Canasteros, que era de un gran cantaor, Manolo Caracol. A ese sitio le decían el Teatro Real de los Gitanos, el lugar con más prestigio para los flamencos en Madrid. Quedaba en la calle Barbieri, y allá se presentaban los artistas más grandes de la rumba catalana. José Soto ‘Sorderita’, Ray Heredia, mi hermano Juan José, ‘El Camborio’ y yo acompañábamos a Manzanita, a El Pescaílla, Antonio González, que era el esposo de Lola Flores, entre otros músicos. Allá se presentaban Las Grecas, un dúo de flamenco rock, y el grupo Triana, una banda de rock andaluz. Había un amplio abanico musical que nos influenció luego, cuando creamos Ketama.

Un amigo nos llevaba siempre hachís al tablao porque acá en España esta sustancia es tan común como la cerveza. Le preguntábamos de dónde provenía este producto y él nos decía: “de Ketama, de Ketama”. Averiguamos qué era eso y descubrimos que era un valle ubicado en la cadena montañosa del Rif, en el norte de Marruecos, donde desde tiempos inmemoriales se cultiva cáñamo. De allá proviene la mayoría del hachís que se consume en Europa.

La palabra Ketama nos gustó porque era exótica, bonita, sonaba andaluz, tenía un toque flamenco y árabe, una mezcla, como la fusión musical que queríamos hacer con toda la influencia que habíamos recibido. Nos pusimos de acuerdo para bautizar así el grupo. En el segundo disco que lanzamos, La pipa de kif, hay una canción del mismo nombre. Este es el título de un libro de poemas de Ramón del Valle Inclán, publicado en 1919, en el que se destaca uno titulado La tienda del herbolario, una declaración de amor a diversas plantas que producen embriaguez y placer a los sentidos. Es un poema extenso. Nosotros extractamos algunos fragmentos y les pusimos música.

El comienzo de la canción es toda una exaltación:

“¡Verdes venenos! ¡Yerbas letales

de paraísos artificiales!

A todos vence la marihuana,

que da la ciencia del Ramayana”.

En esta época tocábamos para muy poquita gente, era un público muy cool al que le encantaban estas cosas. Lo que realmente nos importaba entonces era que personajes a los que admirábamos como Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Las Grecas, Manzanita hablaran de nosotros.

En otras canciones posteriores hicimos menciones similares. En Augustito, por ejemplo, cantamos: “El humo de un joint me hace volar”.

En Marruecos nos aman. Hicimos varias giras con músicos locales. En muchas ocasiones estuvimos a punto de ir a Ketama, para conocerlo, pero siempre teníamos poco tiempo por las presentaciones. Ahora que también da un poco de miedo meterse por allá porque no sabemos si la zona es segura.

Antes era un fumador empedernido de hachís. Cosas de jóvenes. Una vez probé una torta con hachís. Era fuertísima. Ahora fumo muy de vez en cuando porque me cuido la garganta. Pero prefiero un porro de hachís a una copa de alcohol duro. ¿Anécdotas con el porro? Recuerdo que en una ocasión participamos en un festival musical europeo. Estábamos fumando hachís, bien fumados, y oíamos que gritaban: “Ketama, Ketama, Ketama”. Pensábamos que nos estaban aclamando, cuando en realidad nos estaban llamando con insistencia al escenario. Así pasó otro rato hasta que llegó un chaval que trabajaba con nosotros y nos dijo que el público llevaba como 20 minutos llamándonos al escenario. Los aficionados al grupo pueden esperar sorpresas porque es posible que Ketama vuelva a reunirse.

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