Mírenlo bien, miren con cuidado la cara de ese carajito captada por la cámara del fotógrafo Perrassi para el registro de su Primera Comunión. Miren su capul y su polca y piensen que sus ojos verdes estaban sombreados por largas pestañas oscuras. Mírenlo bien. Llegarán a la conclusión de que esa cara podía ser la de un efebo o la de una niña. Esa figura andrógina de paje medieval fue la causante de que yo me convirtiera en un gallito de pelea, en un púgil instantáneo dispuesto a dar la batalla, con quien fuera, a la menor provocación.

Ay de quien me dijera "nena" o me tocara la polca, cuidadosamente alineada, que medio me tapaba las orejas, mientras todos los otros niños de mi misma edad lucían ya la patilla característica del varón.

Si me decían "nena" en la calle o en el colegio, les respondía vertiginosamente como un disparo de camaleón y le ponía inmediato pistero al irrespetuoso. En la clase me llamaban "gallito", con razón.

La desventura de la capul y de la polca se agravaban por un hecho que laceró mi infancia: una de mis hermanas mayores —todas eran mayores porque yo era el menor de 13 hermanos— estudiaba, para mi desgracia, "corte y confección" con una reputada costurera del barrio de las Nieves, donde nací, y ensayaba sobre mi esqueleto sus creaciones "geniales" .

Recuerdo una que me estremece todavía: consistía en un peto o cascada, o gorguera, de seda blanca que se aplicaba a mi pequeña chaqueta de paño inglés con una guarnición de broches machihembrados que cubrían mi esternón.

A un niño así construido le llegó "la fecha dulce y bendecida" de su Primera Comun ano Jorge era el Secretario Privado del presidente Olaya Herrera como lo fue de López Pumarejo y de Alberto Lleras. En sus pocos ratos de esparcimiento Jorge era sparring nada menos que de su amigo el campeón nacional de boxeo Plata Z. No fue extraño pues que él y mi otro hermano Alberto se hayan puesto de acuerdo para regalarme el día de mi Primera Comunión no solo la primera edición del Quijote que cayó a mis manos sino un juego de cuatro guantes de boxeo que yo estrené con los niños invitados que tuvieron la ingenuidad de ponerse a mi alcance. El que más largo rato me resistió fue mi condiscípulo el 'Mono' Enrique Escandón Clausen, de Bucaramanga, que más tarde produciría Reina Nacional de Belleza en el evento de 1973 presentado por Gloria Valencia. En dicha ocasión volví a encontrarme con el 'Mono' Escandón. Me pareció bastante enteco, propicio para que dirimiéramos en un tercer round concluyente aquel remoto combate que interrumpimos en 1930. Pero no tuvimos oportunidad alguna para hacerlo porque a la sombra de su triunfante hija, su majestad Ela Escandón, nuestras manos estuvieron permanentemente ocupadas por una copa de champaña o un vaso de whisky amarillento. Mi gran amigo Emilio Sanmiguel me informa que acaba de morir el 'Mono' en su natal Bucaramanga. Ya no me queda sino un sobreviviente a aquella piñata de mi Primera Comunión: Jorge Parmenio Cárdenas Navas. Volvamos al 27 de junio de 1930. La fiesta fue en mi casa de la calle 22 número 95 que tenía tres inmensos patios y una caballeriza que tocaba la calle 21.

Al día siguiente de la fiesta, las amigas de mi santa madrecita la llamaron para decirle más o menos lo siguiente: "Mi amor, llamo a agradecerte la fiesta de ayer en la Primera Comunión de Alvarito. Carlitos me dice que todo estuvo maravilloso: el mago estupendo, y que en la olla de la piñata había toda clase de sorpresas pero, mi amor, lo que no entiendo es que tú tan suave y tan adorada hayas permitido que Alvarito se pusiera a boxear con los niños que invitó. Al mío le reventó las narices y le manchó con sangre la camisa del vestido marinero que se estaba estrenando... pero de todos modos mil gracias, mi amor".

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