Priapismo es una erección prolongada y dolorosa que no causa ningún placer sexual y, por el contrario, puede dejar a un hombre impotente de por vida. No existe una causa establecida que lo provoque, pero es más frecuente que les pase a los que toman algún medicamento para aumentar su rendimiento sexual. En mi caso, dicen los doctores, dos factores pudieron desencadenarlo: una intervención quirúrgica por cálculos renales o el medicamento para evacuar los restos de cálculos, que tiene como efecto secundario esta reacción cada 10.000 pacientes.

Dos días después de la operación me desperté con un dolor fuerte en el pene, sentía como si me estuvieran taladrando y, a la vez, echándome ají. No le presté atención a la erección, porque a mis 34 años suelen ocurrirme en cualquier momento. Pasaban las horas y el dolor seguía muy intenso, pero yo lo relacionaba con mi problema de cálculos y la reciente intervención que había tenido. En la tarde noté que la erección era permanente y me dije que eso no era normal. Quise esperar un rato más a que se me pasara, pero llegaron las 10:00 p.m. y me sentí desesperado, los calmantes que me tomé no hicieron efecto y entré de urgencias a la clínica.

Me atendieron rápido y me aplicaron cuatro dosis de morfina para regular el dolor. A las 2:00 a.m. cedió un poco. Pero tuve que esperar hasta la mañana siguiente para ser atendido por un urólogo. Me examinó y me inyectó endorfina directamente en los cuerpos cavernosos del pene (las columnas de tejido eréctil que almacenan la sangre durante la erección) y no fue suficiente. Me dijo que esperé mucho tiempo para buscar ayuda y la sangre que llegó al pene empezó a coagularse y no volvería a salir. Entonces, decidió hacerme un drenaje. Conectaron dos mangueras a los lados de mi pene, en los cuerpos cavernosos, e inyectaron adrenalina, solución salina, y lo presionaron para provocar la salida de la sangre. El procedimiento demoró hora y media, el dolor era muy fuerte, pero las ganas de que me curaran me hicieron tolerarlo. Por fortuna, la erección disminuyó y me dejaron hospitalizado, controlado las 24 horas del día y con mucho hielo para contraer el pene y provocar que el resto de la sangre saliera sola.

Estuve en observación tres días antes de que pudiera salir de la clínica. Las instrucciones del médico fueron ponerme mucho hielo y caminar con frecuencia para que la sangre circulara. Estoy tomando antibióticos y otro medicamento que anula las erecciones espontáneas para prevenir que me vuelva esta pesadilla, porque puede repetirse. El trauma es bastante fuerte. Me da terror tener una erección y que se vaya a quedar más de cuatro horas así. Aunque es difícil pensar en una relación sexual normal ahora, tengo que probar cómo quedó funcionando y Dios quiera que marche como un reloj.

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