Soy el administrador de este lugar. A mi jefe no le gusta salir en medios por temas de seguridad y porque él maneja otros negocios. La sociedad está llena de doble moral y la gente sabe que este lugar es de él. Pero sí les voy a contar la historia de cómo llegó a este negocio.

Lo que sé es que él ha trabajado desde niño y se siente realizado. El 90% de los hombres de Bogotá conocen La Piscina. El éxito es que nadie sepa quién es el alma, quién es su dueño. El éxito es también ese, cuando usted esté con una mujer, páguele para que no tenga ningún compromiso. Hace 13 años pasó por el lugar donde antes era la Fundación Santa Fe, el gran centro médico que después fue el emblemático Hotel Mediterráneo. Él averiguó si estaban vendiendo el sitio y lo compró.

Recuerdo que era un lugar muy feo, cochino, desorganizado. Pero todo cambió. En 2011, La Piscina era muy conocida. Se filmaron películas como La sangre y la lluvia, La guaca y hasta comerciales de jabón. En una noche pueden entrar entre 800 y 1000 personas bien acomodadas, de las cuales el 30% o 40% son extranjeros.

Creo que al lugar se le dio otra visión con el mandato de Antanas Mockus. Se creó la zona de alto impacto y eso hay que enseñárselo a la gente: así como existen en Holanda y en otros países zonas autorizadas, en Colombia el único lugar para ejercer la actividad sexual es esta zona.

Generamos 150 empleos directos para las chicas que están de manera permanente y otros 50 empleos de niñas que llegan ocasionalmente. Viven en promedio 50 mujeres con nosotros, y reciben una ayuda económica para cubrir algunos de sus gastos personales, como las comidas. Ellas son las que llenan los hoteles aledaños con sus clientes y se pueden ganar entre dos y tres millones de pesos en una noche. En un día de pago de prima puede haber entre 200 y 300 chicas. Esto es como un ejército chiquito. A ellas ya ni siquiera se les busca, llegan solas al lugar.

En una noche podemos vender hasta 100 millones de pesos. Una botella cuesta desde 150 mil y un hombre puede permanecer con una mujer hasta 20 minutos; pero ha habido casos de manes que han permanecido hasta dos o cuatro días con ellas. A las transexuales las contratamos para que les enseñen a bailar a las chicas.

Entre seguridad y logística tenemos 40 hombres, contamos entre la parte exterior e interior con 140 cámaras. La Piscina tiene 7 mil metros cuadrados y ocho pisos. De servicio de agua se pagan cuatro millones de pesos y de energía, cinco millones. Tenemos 15 suites para clientes especiales y 70 habitaciones normales.

Lo que más me gusta es ver a los extranjeros agarrarse la cabeza cuando están en la zona VIP y no pueden creer lo que ven. Las mujeres colombianas son muy abiertas, además de su belleza. Ahora hay un furor con las mujeres de Norte de Santander. Eso depende de las necesidades económicas y la situación del país.

Nunca me he enamorado de una chica. Todos los administradores han resultado enredados con alguna o algunas, y muchos llegan incluso a tener hijos con ellas. No le voy a mentir, el jefe también se he echado sus polvos en La Piscina y a veces la pasa hasta mejor que algunos clientes.

Cerramos desde mediados de diciembre hasta los primeros días de enero, pero la gente es una locura, golpea las puertas del lugar. Lo mismo pasa en Semana Santa. Teníamos una línea de atención telefónica atendida por mujeres, pero fue tanta su demanda que la tuvimos que cancelar.

Acá han venido muchas personas poderosas. Desde fiscales, procuradores, alcaldes, petroleros y ganaderos hasta senadores que vienen a festejar algún paso de proyectos del periodo legislativo. También muchas de las personalidades de la farándula. Este no es el Centro de Alto Rendimiento Deportivo, pero sí el Centro de Alto Rendimiento Sexual.

Hay personas que vienen del mundo entero a hacer locuras a La Piscina. Incluso, unos padres vinieron a buscar a su hijo que estaba perdido en el país. Hemos tenido la visita de algunos actores que han realizado sus videos acá. Con las lesbianas tenemos mucha afluencia.

Uno se vuelve psicólogo y termina dándose cuenta de que todas trabajan para el papá, la mamá, los maridos, muy pocas para los hijos y los hermanos. Por ejemplo, Fresita, una chica de acá que es casada, ya no vive en Colombia. La vida y los cuerpos que tienen se los deben a La Piscina.

Les va tan bien que algunas viajan a otros países como Japón, Holanda, España, Panamá e Islas Canarias. A mí no me gusta la idea de exportar mujeres para que tengan sexo; al contrario, nos preocupamos por ellas para que no sean engañadas. Muchos tipos vienen a La Piscina para realizar trata de personas. Cuando se las llevan, les quitan todo: pasajes, pasaportes, dinero. Nos llaman llorando y ha sido el patrón quien las ha ayudado a regresar a Colombia.

Para terminar, una anécdota: un día llegaron tres muchachas identificadas con carné de la Fiscalía. Nos dijeron que no eran infiltradas y que no estaban investigando ni haciendo seguimientos, que solo querían ‘culear’ porque no les alcanzaba el sueldo.

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