Lo único que tienes que superar psicológicamente es la idea de que te estás comiendo un feto de pato, de que le estás mordiendo la cabeza o los huesos. Cuando lo haces, el balut te parecerá delicioso o una comida como cualquier otra. Es lo que a mí me recomendaron que hiciera y funcionó, por eso también lo recomiendo.

Por mi trabajo tengo contacto frecuente con mucha gente filipina y siempre los oí hablar del tema, sobre todo bromeando entre los hombres porque dicen que el embrión del pato no solo da energía sino que es afrodisiaco, por eso se lo recomiendan a los novios en la noche de bodas.

Pero más allá de la broma, el balut es una comida completamente normal e incluso tradicional en Filipinas. Las madres se lo dan de comer a sus hijos desde pequeños para que mejoren el rendimiento en la escuela, y por eso el balut, que a muchos occidentales nos puede parecer poco menos que asqueroso, forma parte de las memorias infantiles en este país.

Cuando lo probé por primera vez lo hice para no despreciar al anfitrión al que fui a visitar en Manila, y honestamente solo recuerdo que era salado. Supongo que este señor se dio cuenta de algo porque luego me explicó muchas cosas sobre el balut, y me dijo que Pateros, una localidad cerca de Manila, es la que tiene mayor cantidad de granjas dedicadas, no sé si debo decir a criar, incubar o preparar balut, que por otro lado también se come en Camboya, China y Vietnam, pero es en Filipinas donde se le considera una comida típica.

Aquí creo que debo aclarar que el balut, que en tagalog significa “envuelto”, no se come crudo sino cocinado. El huevo con el embrión del pato se cuece como se cuece un huevo duro, porque obviamente comérselo crudo sería una salvajada.

Además no se sirve solo sino que en los puestos de los mercados o los vendedores callejeros te lo venden con sal y acompañado con chicharrón de chancho, aunque también lo encuentras con vinagre o una salsa superpicante, que fue demasiado para mí. En los restaurantes lo he comido en tortilla y como relleno en una especie de empanadas, y su sabor varía de acuerdo con qué lo acompañes, porque el balut en sí mismo sabe a una mezcla de huevo duro y carne hervida.

Este señor al que visité y donde lo comí por primera vez me contó que incluso un empresario había logrado envasarlo al vacío y lo exportaba a Estados Unidos. También me dijo que el límite para preparar el balut eran los huevos de entre 16 y 19 días, porque es cuando el embrión es más nutritivo y cuando deja de tener cartílagos y se comienzan a formar los huesos, lo que haría más difícil masticarlo.

Un balut en la calle no cuesta más de medio dólar, pero en un restaurante y de acuerdo a cómo se pida puede alcanzar precios mucho mayores porque también se le considera comida gourmet. Hay muchos extranjeros que cuando llegan a Manila lo hacen para visitar las granjas de balut que hay en Pateros y que figuran en muchas guías como la mayor atracción turística, porque en la capital, salvo la vida nocturna o el turismo sexual, no hay mucho que ver en realidad.

En las granjas se puede ver todo el proceso de preparación y obviamente hacen probar el balut en diferentes formas, y muchos turistas compran unos frascos que venden con varios huevos dentro y que, según me dijeron, pueden durar hasta dos años en buen estado. Yo jamás he comprado uno porque, en realidad, no tendría a quién regalárselo.

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