El apellido original me lo dejaron porque les pareció perfecto para el personaje, solo me cambiaron el nombre. Con el primer capítulo de Décimo grado nació Fernando Merizalde.

En el colegio no era buen estudiante, pasé como por tres diferentes, y del que me gradué, el San Petersburgo, ya no existe. En cambio participaba en cuanta obra de teatro hubiera y así llegué a la serie. Tenía 17 años, hacía teatro infantil en el centro de Bogotá y el director me avisó de un casting para un programa nuevo. Recuerdo que estaba Jorge Emilio Salazar. Nos presentamos unos 300 y como a los 20 días me avisaron que había quedado. De ese casting salimos los protagonistas: Varela, Upegui, 'Paletas', Bayona, Marcelita, don Asmodeo. Actuar siempre fue mi sueño, pero nunca sospeché que iba a ser parte de algo tan grande como lo fue Décimo grado.

Grabábamos en el Colegio La Salle. Los alumnos reales muchas veces nos asediaban, curiosos. Nosotros teníamos nuestros salones aparte para grabar, pero las escenas de recreo las hacíamos con los demás para que "hicieran bulto".

La acogida del programa fue impresionante. Nos trataban como reyes, cuando salíamos a grabar nos gastaban todo, los fanáticos iban a La Salle y así fue como conocí a mi primera novia. A pesar de que mi personaje era extrovertido, en la vida real soy tímido. El mejor ejemplo es que, en la serie, Merizalde y Fabiolita eran novios, pero en la realidad yo estaba enamorado de ella y nunca fui capaz de decirle nada.

Al aire estuvimos cerca de cinco años y yo la verdad nunca me sentí agotado por mi personaje. Por capítulo me pagaban unos 15.000 pesos, sueldo que fue subiendo con el tiempo. Como yo era menor de edad, la plata la recibían mis papás, que me la guardaban y me daban las cosas que necesitaba. Al cumplir la mayoría de edad yo mismo recibía la plata. Un día Cenpro anunció que la serie se acababa. Nunca hubo un capítulo final de Décimo grado.  

Terminado el programa pasaron unos tres años sin hacer nada. Yo no creo que haya quedado encasillado como Merizalde, sino que me faltaron oportunidades. En una medida desesperada entré al ejército. La gente me reconocía y el día de la peluqueada todo el mundo fue a ver cómo iba a quedar sin pelo, porque el pelo mono rizado era casi mi sello. En esa época estaban grabando la serie Hombres de honor, que se trataba de unos soldados. Pedí una oportunidad para actuar, pero no me la dieron.

Tengo 40 años y he hecho de todo: desde pintar apartamentos —me pagaban 30.000 el día y pintar uno me tomaba una semana— hasta trabajar cerámica con mi esposa desde hace siete años. En televisión he hecho papeles en series como La mujer del presidente, La viuda de blanco, El zorro, Tu voz estéreo, Sin senos no hay paraíso, y Madre Luna. Hasta tengo una academia de actuación, se llama Entrearte; pero es por Décimo grado que la gente me recuerda. Pase lo que pase, yo siempre seré Merizalde.

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