Dentro del sistema penitenciario de Colombia no se permiten mechudos. Por eso, cuando vi que habían capturado a David Murcia y me di cuenta de su cola de caballo, de inmediato supe que sus pelos tenían los días contados. 

Desde hace siete años soy estilista y hace año y medio le presto mis servicios al Inpec para cortarles el pelo a los internos y a la guardia. El mismo día en que el cerebro de DMG ingresó a La Picota me llamaron a mi celular para avisarme que tenía que ir a cortarle el pelo.

En las cárceles me ha tocado motilar a todo tipo de delincuentes pero Murcia sin duda era un peso pesado, el más famoso al que le iba a cortar el cabello. La primera vez que lo vi estaba sentado en la celda que todo el mundo vio por televisión, la de los barrotes gruesos y sin lujos. Murcia me saludó bien, de entrada me pareció una persona tranquila, de buen humor y respetuoso. Tenía el pelo cogido con una moña, vestía camiseta blanca y en la celda estaba uno de los guardianes con nosotros.

A mi trabajo llevo mis implementos de peluquería en una lonchera y no puede faltar mi máquina de corte, dos pares de tijeras, el atomizador, la peinilla y una capa. Como siempre hago con mis clientes, le dije a Murcia que si estaba preparado para cortarse el pelo y me contestó que sí. Luego le pregunté cómo lo quería —la verdad él tenía un pelo bonito, rizado, sano y abundante— y me dijo que lo quería un poquito largo en la parte de arriba de la cabeza para podérselo acomodar hacia atrás.

Empecé cortándole la cola por secciones. Al primer tijeretazo, David Murcia me dijo con una sonrisa: "Huy, se me va un look que lleva 13 años conmigo". Le reiteré la pregunta para saber si estaba preparado y le dije que a mí me dolería cortarme un pelo con tantos años de cuidados. Él me tranquilizó y me dijo que siguiera con el corte.

Cuando terminé de cortar la cola de caballo, Murcia agarró el pelo del piso, me pidió que le hiciera una trenza, la amarró con una moña, la guardó y dijo que algún día la iba a subastar.

Luego le pasé por la cabeza la máquina de corte número dos para desbastar y después lo pulí con las tijeras. No había espejo y por eso él me preguntaba cómo estaba quedando, yo le decía que se veía mucho mejor así que cuando era mechudo.

Todo duró 30 minutos. Lo sacudí con la talquera y le quité los pelos que le quedaron en el cuello. Murcia se paró, me pidió gel y se lo pasó por la cabeza. Dijo que se sentía extraño. No percibí amargura en él por perder su melena, estaba alegre. Luego le dije que eso era todo y que estaba para servirle cada vez que lo necesitara. Hasta el guardia de turno opinó del corte y dio su visto bueno.

Hasta el día de hoy he motilado a David Murcia unas seis veces y siempre es decente. Ya no le corto el pelo en una celda sino en el pasillo del pabellón donde está recluido. La verdad cortarle el pelo a él tiene su cuento, todos los guardias e internos me pagan por cortarles el pelo (más o menos 4000 pesos), pero mi mejor cliente es Murcia, que por lo regular me paga entre 100.000 y 150.000 pesos por corte. Nada mal para una estilista con siete años de experiencia.

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