Al entrar al sex shop pensaba que lo sabía todo sobre vibradores. En los dos sitios anteriores me habían hecho un largo recorrido por los diferentes modelos que hay en el mercado: los rabbit, los huevos, los dildo, las mariposas, los que estimulan el punto G, los que simulan la piel real, los que rotan, los que vibran, lo que se cargan con pilas, los eléctricos, los que se mueven al ritmo de la música… Ya sabía lo que estaba buscando, pero la idea era ir de tienda en tienda para escoger los modelos que más me interesaran. Divertido. No todos los días se va uno de compras al sex shop, y menos a escoger todos los juguetes que uno quiera.

Hace más de un siglo, las mujeres norteamericanas y europeas podían elegir los modelos de vibradores en el catálogo de electrodomésticos que llegaba a su casa. O los podían comprar en las tiendas Sears con la misma facilidad con la que compraban la aspiradora. Cada vez que salía un modelo nuevo, las empresas gastaban millones haciéndoles publicidad en las revistas femeninas: "…Los vibradores promueven la vida, la vigorosidad, la fortaleza y la belleza.… Haga vibrar su cuerpo y hágalo sentir bien. Usted no tiene derecho de estar enferma", decía un eslogan de 1910. Pero a comienzos del siglo XXI toca ir a un lugar casi clandestino, como este sex shop, para buscar un aparato del que se tienen noticias desde 1880, cuando el inglés Joseph Mortimer Granville se inventó el primer modelo de vibrador que funcionaba con electricidad o con pilas. ¿No es una ironía?

O tal vez la ironía es que los vibradores dejaron de ser vendidos abiertamente a mediados del siglo pasado solo cuando alguien se dio cuenta de que los empezaban a utilizar en las películas porno como juguetes sexuales. ¿Qué tal que vieran las imágenes que se utilizan en los empaques en la actualidad? Las paredes de esta tienda están llenas de cajas que muestran mujeres en poses sensuales con el vibrador en la mano o, en su defecto, haciendo uso de él. Este descubrimiento también coincidió con la época en la que los siquiatras empezaron a comprender que las mujeres encontraban placer sexual más allá de la penetración. Hasta ese momento, estos aparatos los utilizaban para tratar la histeria femenina, una enfermedad que se les diagnosticó a las mujeres por muchos siglos (y que desde 1952 no es considerada una enfermedad, sino que se le llama "lora" o cantaleta) y cuyos síntomas eran nerviosismo, insomnio, pesadez en el abdomen, irritabilidad y falta de apetito sexual. Para relajarlas, los médicos o los siquiatras les hacían masajes en la región clitorial. Y para que el tratamiento fuera efectivo se necesitaba, por lo menos, de un masaje semanal. Pero dicen los relatos sobre el tema que ellos, quienes practicaban los masajes, también se cansaban. Que era difícil encontrar el punto de cada mujer, que cambiaba. Que muchas no lograban la relajación sino hasta después de un largo periodo de tiempo (no es difícil entender las razones: ¿se los imaginan moviendo el dedo con desgano) y que esto los fue aburriendo. Así que fueron creando aparatos que los ayudaran en esta labor hasta llegar a los llamados vibradores. Y todo el proceso de relajación se aceleró...

La mayoría era para masajear el clítoris, lo que era tomado como parte de la terapia y no como masturbación, que era mal visto. Parecían taladros sin brocas, y en la punta les ponían unas bolas o una especie de cepillos que no debían ser muy suaves al tacto.

Estaban más cerca de tener las funciones de una batidora que de un estimulador sexual. Cómo ha cambiado la vida. En cada tienda a la que he entrado me han mostrado un modelo más pequeño y divertido para estimular el clítoris. Muchos se parecen más a un celular, a un pastillero o a un estuche de cepillo de dientes eléctrico, que a un vibrador. Para convencerme de las bondades de este tipo de aparatos, como si fuera necesario, el vendedor de la tienda me pasa un pequeño vibrador en forma de huevo por el brazo. Quería mostrarme que sirven también para hacer masajes y para encontrar sensibilidad en otras partes del cuerpo en las que nunca se intenta buscar placer. Y sí, son multiusos.

Viéndolos no podía dejar de pensar con compasión en aquellas mujeres que tuvieron que aguantar la rudeza y la incomodidad de los aparatos antiguos cuyas imágenes había visto en internet en la página del Museo de Vibrador Antiguo. Qué martirio, no eran nada delicados. Con el tiempo, las cosas fueron mejorando en algo, y se inventaron otros que tienen la forma de un aparato para masajear la espalda igual a los que se consiguen en la actualidad en Carrefour, el Éxito o Pepe Ganga. ¿Alguien ha dudado de que estos aparatos sirvan para algo más que para quitar los dolores de espalda? Sin embargo, tampoco eran, o son, los más cómodos de usar. Claro que si no hay otra opción, y no se tiene un vibrador de los modernos a la mano, no dudaría en utilizarlos para estimular otras partes del cuerpo. En pareja, sobre todo, funcionan muy bien. Durante mi día de compras tenía la intención de buscar los vibradores más novedosos que se consiguen en el mercado. Encontré uno tan pequeño que se carga como llavero, aunque la idea, lo reconozco, no parece muy higiénica. La vendedora que me atendió en aquella tienda me dijo que, sin embargo, se venden muy bien. Allá cada cual. Hay otros modelos que nadie podría asegurar para qué están hechos. Tenía, incluso, la ilusión de encontrar dos de los nuevos modelos que había visto en una página de internet dedicada a este tema: www.vibrator.com?. Uno se llama Lelo Nela, que es hecho en porcelana y tiene la forma de un jabón. "Está ergonómicamente diseñado para acomodarse a esos lugares especiales. Es práctico, recargable y muy tranquilo", dice su descripción en la página. Con él se da una especie de amor a primera vista. Es totalmente estético y perfecto para llevar de viaje. Pasa igual con el Iris. Un palito no muy grueso en forma de arco iris diseñado para activar todos los puntos sensibles de la parte externa. Tiene, además, varias velocidades. Ideales, ambos. Pero no, ni esos ni muchos otros de diseño que se ven en las tiendas virtuales se encuentran en la mayoría de sex shop colombianos. Dice uno de los administradores de las tiendas que son muy caros y que el mercado para estos aparatos tan sofisticados es muy reducido.

Los que se encuentran, sin embargo, no están mal. Aunque, para decir la verdad, son modelos más convencionales, menos sofisticados y muchos me harían sonrojar si algún agente de inmigración en un aeropuerto me preguntara qué es eso. ¿Qué le diría? ¿que es un nuevo aparato para estimular las encías? Esto pasaría, por ejemplo, con un modelo que seleccioné y que se anuncia con un gran letrero: "El número uno en ventas en Japón". Es una especie de ele hecha en silicona que tiene terminaciones para el clítoris (tiene puntas como si fuera un cepillo) y para el punto G. Es uno de los más raros que encontré, pero que no me gustaría llevar conmigo a un lugar donde me pudieran requisar. Ni siquiera es cómodo para cargarlo en la cartera.

Lo mismo pasaría con las mariposas, que son las más efectivas de todas pero las más engorrosas de cargar por ahí. Estos modelos tienen tiras que se amarran a la cintura y los muslos, y que permiten que el aparato haga su oficio sin que uno tenga que utilizar las manos. Ideal. Lo malo de los vibradores, y de la masturbación en general, es que uno tiene que hacerlo todo: mover las manos, buscar por allí, buscar por acá. No permiten olvidarse del mundo. Dejarse ir. Y por eso este modelo me pareció perfecto. Además, se puede utilizar en pareja. No impide para nada la penetración. ¿Hay alguna mejor combinación? Si los hombres aprendieran que estos aparatos son el complemento ideal en la relación sexual, se volverían adictos a ellos. Los modelos que también incluyen la opción vaginal (trae un pequeño pene de silicona), son ideales en el caso de que se esté buscando combinar ambas estimulaciones al mismo tiempo.

Las balitas son las mejores para llevar a todas partes. Todas deberíamos tener una o dos. En mi compra terminé con dos variables de estas. Sirven para estimular al hombre y a la mujer, sirven para el clítoris, la vagina y el ano (para los que les gusta) y también pueden ser utilizados para masajearse. ¿Qué más se quiere? Son, además, los más utilizados. Claro que al final de todo mi recorrido, cuando ya creía tener todos los modelos que necesitaba, encontré otro que les hace la competencia. Es un pequeño palito recubierto de silicona, que se pone como anillo y que termina en punta. Su descripción dice: "Ponga la punta en aquella parte especial y deje que las vibraciones hagan su trabajo. La tensión desaparece y el área masajeada estará totalmente satisfecha. Es completamente a prueba de agua así que es perfecto para usar en la ducha o la tina". Ideal para llevarlo siempre.

Las sexólogas dicen, y estoy de acuerdo, que cada mujer debería tener un vibrador. Son una gran compañía, y no solo para una mujer soltera. Todos necesitamos un espacio de intimidad, de introspección, de comunicación con el cuerpo y estos aparatos son unos verdaderos aliados para eso. No creo que existan mujeres que digan que porque tienen un vibrador van a dejar de estar con sus parejas, o de buscar relaciones sexuales con hombres. Estos aparatos no las sustituyen. Por eso, me parece tan absurdo el miedo que algunos les tienen. Como si creyeran que les van a quitar su papel. No nos metamos mentiras, no hay nada mejor que un rato en buena compañía. Tengo una amiga que dice que el vibrador que más se extraña es el de algún ex. ¿Qué tal que las mujeres creyéramos que por el hecho de que ellos se masturben van a dejar de querer estar con nosotras? No, ese fantasma no es nuestro.

Pero también es verdad que muchas mujeres nunca son comprendidas por su pareja, y nunca han alcanzado un orgasmo con la penetración. Se dice que el 30% de la población femenina no lo ha hecho. Así que ¿por qué negarse la oportunidad de sentir placer? ¿Por qué no reconocer que un vibrador es lo mejor que le puede pasar a ella? Usarlo en compañía, además, le daría otra dimensión a la comunicación de la pareja. Y podrían descubrir sus cuerpos.

Si estudiaran con atención cómo se estimula la pareja con el vibrador, con seguridad la relación entre los dos será luego mucho más placentera. Descubrirán una cantidad de sitios que estaban escondidos. Pero bueno, consuela que algunos se van dando cuenta de esto. Me dice el administrador de una de estas tiendas que cada vez son más los hombres que vienen a comprarlos para sus mujeres. Asegura, mientras hace mover un vibrador tras otro, que a la mayoría de mujeres les suele dar más pena entrar solas y que cuando van lo hacen acompañadas. En particular, me llamó bastante la atención ver cómo los vendedores trataban de hacerme énfasis en que estos aparatos son muy útiles para la vida en pareja. Me parece interesante que lo hagan, es una manera de darles otra dimensión.

Pero no hay que exagerar. Los que manejan estas tiendas deberían reconocer que también son para que las mujeres lo disfruten solas. ¿O eso es mal visto como era mal visto hace un más de un siglo, cuando solo se aceptaba la masturbación como terapia? Conozco muchas mujeres que optan por estar solas. O que las circunstancias las llevan a eso. Hay muchas opciones en esta baraja. Pero la soledad no tiene que ser sinónimo de negación de la sexualidad y el placer. Una cifra que leí hace pocos meses decía que el más del 45% de mujeres solteras en Europa tenía un aparato de estos.

Hay que entrar a un sex shop para entender qué tan amplio es este mundo. Los vendedores, muy bien entrenados, aseguran, que aunque hay muchos modelos hechos específicamente para parejas gay, la gran mayoría son para todo tipo de público. Pero también hay que visitar estos negocios para entender qué poco abiertos somos ante este tipo de juguetes sexuales. Todo a su alrededor es un misterio. Algunos, incluso, tienen sus vidrios forrados para que nadie vea desde afuera lo que hay por dentro. Un ejemplo de lo tabú que es este tema es cómo reaccionaron los amigos a los que les consulté qué les parecía que escribiera este artículo. Incluso, los que menos pensé, se mostraron reticentes, como si hablar de estos aparatos fuera a perjudicarme para algo. ¿Acaso los hombres han negado alguna vez que se masturban? ¿No se ha hablado de eso bastante? Entonces, ¿por qué todavía no se asume con la misma apertura la masturbación femenina? ¿Y por qué no se reconoce que para masturbarse es más divertido usar un vibrador? ¿Y que estos nos han ayudado a las mujeres a descubrir mucho más nuestro cuerpo? A muchos hombres molesta saber que uno tiene un vibrador, pero les encanta ver cuando uno los usa. Estoy parada frente a una pared donde están exhibidos los vibradores que simulan el pene. Los hay largos, cortos, gruesos, delgados, los hay recubiertos, los hay con fundas intercambiables, con movimiento de rotación, con pepas adentro que masajean la vagina, los hay con vibración y sin ella. Hay kits con varios modelos y varios complementos. Los hay, en fin, para todos y todas. Para mujeres y hombres heterosexuales y homosexuales. Y es ahí donde cada cual tiene que escoger. Frente a mil opciones colgadas en una pared hay que seleccionar las más interesantes. Es igual que seleccionar entre los celulares que más se adapten a los gustos y necesidades de cada uno. "¿Para qué quiero un vibrador?". Pregunta no tan obvia. Hay cosas que a algunas personas no le interesarán.

En mi caso, no quería uno larguísimo, ni uno en los que el vibrador está unido a una especie de calzón para poder penetrar a la pareja, ni los anales. Tampoco los muy gruesos, ni los que parecen un proyectil o los que simplemente imitan la figura del pene. Esos, hechos en plástico, pueden funcionar bien. De hecho son los que más se venden y los que más recomiendan los sexólogos a sus pacientes para iniciarse en la aventura del descubrimiento de su cuerpo. Creo, sin embargo, que hay otros modelos de este tipo más atractivos. Por ejemplo, los que están recubiertos con un material que simula la piel del pene u otro tipo de material más sofisticado. Eso ya es otro nivel. Hay que reconocer que no hay nada que imite a lo original y que si se va a buscar un juguete de estas características lo interesante es que traiga un valor agregado.

Por eso, los rabbit han tenido tanto éxito desde que las protagonistas de Sex and the City hablaron de él. Y con toda la razón. En las tiendas me dicen que son los que más se desean, pero su valor aleja a muchas interesadas. Es hecho en latex y además de vibrar tiene en su interior unas bolas que rotan a varias velocidades. Como complemento tiene un estimulador de clítoris en forma de mariposa o de conejo, o mil versiones más, que se mueve para ayudar a estimular la otra parte de la mujer. Hay mil modelos de esta exitosa versión, uno de ellos es el butterfly, que no tiene cola de conejo como estimulador de clítoris sino una mariposa. Hay unas versiones mejores que otras y por ende unas más caras que otras. En mi canasta de compras incluyo dos modelos de estas características, y ambos están muy bien aunque son diferentes. Uno es más largo que el otro, y las formas de los estimuladores de clítoris varían.

Aunque no hay el vibrador perfecto (todos suenan en exceso para mi gusto), sí creo que cada mujer es diferente y cada una encuentra el que más le gusta. Ningún cuerpo es igual. Tengo amigas que se mueren por tener los vibradores que se conectan al Ipod y van vibrando al ritmo de la canción que suena (no estaría mal agregar uno a lista algún día). Para ellas esa es una obsesión. Además de ser cómodos y prácticos. Tengo otras que se mueren por los que sirven para encontrar y estimular el punto G. Lo máximo. Es una manera excelente para descubrir ese enigmático punto tan desconocido para muchas mujeres. El que incluí en mi compra es bueno, pero hay mejores. La versión más sofisticada de este tipo de vibradores tampoco es fácil de conseguir en Colombia. Es una especie de Bom Bom Bun, pero la diferencia es que la bola está un poco inclinada para hacer la búsqueda con más facilidad. "Es una bomba", me dijo una amiga que lo compró hace poco en un sex shop de Londres.

Salgo de la tienda llena de bolsas. Van repletas de vibradores de todos los estilos. La pasé muy bien viendo cómo todos los vendedores querían que probara la mayor cantidad de aparatos posible. Cómo trataban de hacerme ver que comprar vibradores es lo más normal del mundo. Eso está sobreentendido, pero se esforzaban demasiado por hacer que pareciera excesivamente natural. Hay que relajarse. Al final no me llevé más porque muchos eran muy parecidos, cumplían las mismas funciones. Con los días descubrí que no es necesario tener tantos para ser feliz. Cuando los veo todos puestos en la gaveta de mi baño se me hace un absurdo. Y es que con los vibradores termina pasando lo mismo que pasa con otros objetos de la vida: uno se encarreta más con unos que con otros. Por eso hay que comprar de acuerdo con lo que a uno le gusta. O ir poco a poco. Así es más divertido.

Yo, por lo menos, ya sé con cuáles quedarme y cuáles archivar. Pero el problema de esta vida consumista es que siempre se quiere algo que no se tiene. Pediría ya mismo por internet uno de los modelos que me encantaron. Qué maravilla sería encargarlo tan abiertamente como lo hacían hace un siglo las mujeres cuando los pedían por catálogo. Y que cuando el hombre que traiga el envío pregunte qué tipo de objeto va en el interior de la caja, pueda decir con toda frescura: un vibrador. Que el tipo no se sonroje, y que no toque decirle mentiras para evitar recibir una mirada morbosa. ¿Será que llegará el momento en que los vibradores se puedan comprar en cualquier tienda de electrodomésticos o de aparatos dedicados al cuerpo? ¿Y que cuando se lea este artículo se sorprendan tanto como yo de lo atrasados que estamos, en comparación con el abierto siglo XIX?

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