1 Seguir esperando el renacimiento de Gramalote.

2 No volver a contestar “sí; no, no, no” cuando se puede decir “sí”, y punto.

3 Entender que Capillas de la Fe, sede Quinta Camacho (Bogotá), está en su derecho de convertir el espacio de los peatones en parqueadero para sus carrozas. Y que el alcalde local está pintado en la pared.

4 Esbozar una sonrisa cada vez que los políticos propongan 40 curules en el Congreso para las Farc.

5 Buscar a Natalia Springer y, en un acto de reconciliación, compartirle el trauma que cargo desde la niñez con los logaritmos (página 508, Álgebra de Baldor). Tal vez mi experiencia sea el cimiento de la catarsis de Natalia con sus algoritmos. Hasta podríamos conseguir recursos de alguna ONG austriaca y fundar LAA.: Logaritmos y Algoritmos Anónimos.

6 Agradecer al posconflicto que los periodistas nos ahorraremos informar cada 15 días sobre la captura de un encargado de finanzas de las Farc. Hay tantos, que uno a veces cree que la guerrilla tiene más de franquicia comercial que de subversión.

7 Pedirles a los “agentes de cambio” que, cuando den declaraciones públicas, sean algo más concisos que los “gestores culturales”.

8 Correr cuando alguien me hable de paradigmas. Más, si se trata de romperlos.

9 No ver (ni siquiera en un vuelo transcontinental) sagas de adolescentes hambrientos que salvan al mundo del apocalipsis o se convierten en hombres lobo para pelear con vampiros enamorados.

10 Evitar que se me escape una sonrisa cuando los periodistas deportivos hablen de las “individualidades” en el fútbol o de las “fisonomías” de los equipos.?11 Entender cómo “dar con el paradero” y “capturar” pudieron parir a este exótico espécimen: “Dar con la captura”.

12 Reconocerle al papa Francisco que revolucionó la Iglesia… sin cambiar nada.

13 Encontrarle nuevamente sentido al lugar común de “reconstruir tejido social”.

14 Estar siempre atento a la persecución clasista de los mafiorganismos de control y los mafiomedios de comunicación, que pedirán sinnúmero de explicaciones al ciudadano Petro (entonces ocupado en la construcción de la Colombia Humana).

15 No volver a decir “lleno total”.

16 Recordarles a los furibundos seguidores de los Rolling Stones que no deben molestarse con quienes, no siendo tan fanáticos, compraron boleta para verlos en El Campín.

17 Desconfiar un poco, solo un poco, cuando me presenten a un artista que se dedica a “intervenir” obras ajenas.

18 Tener muy presente esta frase del poeta Eduardo Escobar: “Ni en Venezuela ni Argentina hubo un movimiento que merezca llamarse de izquierda”. Amén.

19 No ir a centros comerciales donde cobren la entrada al baño.

20 Resistir la tentación de comparar la campaña de Tena sobre el mal olor de la orina con la exitosa publicidad de Jorge Barón vs. pie de atleta.

21 Recomendarle al presidente Santos que no se gaste el galeón San José antes de sacarlo.

22 No visitar a Diosdado cuando esté en Ramo Verde.

23 Descargar una aplicación que me permita elegir solo las aplicaciones que necesito.

24 Tratar de digerir por qué las disculpas de las Farc (como en Bojayá) no vienen acompañadas de compensación económica para las víctimas.

25 Seguir denunciando al cirujano de la Kirchner (o a su dealer botulínico).

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