El local acaba de abrir sus puertas en la Zona G con un menú que sorprende y transgrede, con elementos como porros fusión, en los que la yerba del Bronx bogotano dialoga con la que es fruto de los más selectos cultivos hidropónicos en Ámsterdam. Por supuesto que se trata de una imitación, pues ambas son traídas a diario desde la capital de los Países Bajos en el vuelo de KLM. “¿Vender bareta de este moridero? A veeeeeeeer, a la gente le daría un I don’t know what si se entera, fuchi, gas”, asegura su administradora y gestora, Lola Urrutia.

“Queremos ofrecer toda una experiencia que contenga el presente pero sobre todo el pasado de este producto en el país”, explica Urrutia. Para lograrlo, ambientaron el local de tal forma que recuerde cualquiera de las tradicionales ollas del centro capitalino donde ilegalmente se hacía uso de este estupefaciente en el siglo pasado. Así mismo, en algún momento de la noche, los meseros sorprenden a la concurrencia cuando, disfrazados de policías bogotanos de 2003, irrumpen en el establecimiento, los agreden e insultan con expresiones hoy tradicionales, como “diga a ver en dónde tiene el moño, mechudo degenerado”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.