Lia única vez que Adriana Espinoza dudó en volver a practicar kitesurf fue aquella en que naufragó, por cerca de dos horas, en La Guajira. Ese día salió con su novio y sin lancha de compañía. En medio de la nada, el viento se detuvo y las cometas de ambos cayeron al agua. Habría podido estar tranquila de no ser porque la zona estaba repleta de tiburones. Así que se subió sobre la cometa para que no quedara expuesta ninguna parte de su cuerpo e hizo lo único que podía: esperó. Una hora y media después, como si se tratara de un espejismo, aparecieron dos indígenas wayú en una pequeña lancha. Antes de acceder a dejarla subir y acompañarla a buscar a su novio, que estaba aún más lejos, le pidieron dinero a cambio. Después de ser rescatados lograron negociar para que los llevaran al cabo de la Vela en medio de la noche, fueron dos horas de extenuante viaje. (15 planes desconocidos para hacer en Colombia)

Esa experiencia, que habría traumatizado a cualquiera, no fue suficiente para alejarla de su deporte. Volvió a subirse a la tabla y ya lleva 12 años sin bajarse de ella.

Básicamente el kitesurf consiste en ir sobre el mar en una tabla, amarrado a cuerdas de 30 metros e impulsado por una cometa a 60 kilómetros por hora. Hay dos modalidades, carreras de velocidad y saltos, con estos últimos se puede llegar a los 25 metros de altura. Esa, precisamente, fue una de las cosas que más le llamaron la atención a Adriana cuando apenas pasaba los 20 años. Vio a un hombre volando sobre el mar, la curiosidad le ganó, se esperó a que regresara a la orilla y le pidió que le enseñara. Ese sería su primer acercamiento al deporte que la llevó a conocer Latinoamérica de punta a punta y a ser la primera mujer en Colombia en organizar grandes eventos.

Adriana llegó a Colombia a los 21 años, después de que el entonces presidente Hugo Chávez expropiara el hotel donde trabajaba como gerente de mercadeo. Un amigo suyo la invitó a hacer parte de un proyecto turístico que recorría todo el Caribe: Aruba, Curazao, Bonaire y Cartagena, ciudad de la que quedó enamorada.

Ya radicada en la Heroica se conoció con los duros del deporte y se dio cuenta de que solo había dos mujeres practicándolo: ella y Nicolle, una de sus grandes amigas. Entre las dos se propusieron promover el kitesurf para que cada vez más mujeres se atrevieran a competir. Aunque aún son pocas quienes lo practican, cada día es más común ver una mujer saltando con su tabla colgada a una cometa.

Es un deporte extremo. En 2010 Adriana organizó un evento para batir el récord mundial por la mayor distancia recorrida en kitesurf. En total eran 100 millas náuticas (algo más de 185 kilómetros) desde Punta Gallinas –el punto más al norte de Suramérica– hasta Riohacha. En esa ocasión dos personas se perdieron en el recorrido, se habían desviado y aparecieron horas después.

Esta venezolana ha ganado las competencias más importantes de la región, en varias de ellas representando a Colombia. Ahora trabaja para convertir al país en uno de los principales destinos turísticos para practicar kitesurf, al nivel de Brasil y Venezuela, países que llevan la delantera y en los cuales se viene practicando este deporte desde hace más de 20 años. Cuando esto sea así, el nombre Adriana aparecerá junto al de los demás pioneros. (Alexandra Lemoine: la venezolana que sacó corriendo Maduro)

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