Parece descabellado que un catador de marihuana tenga una oficina como la de cualquier otro ser humano. La de Danny Danko está en el noveno piso del número 250 de la calle 57, en pleno corazón de Manhattan. Aunque en julio de este año el Estado de Nueva York firmó una ley que permitirá el consumo de marihuana con fines medicinales, su uso con fines recreativos sigue siendo ilegal. Sin embargo, Danny Danko y toda la redacción de la revista High Times siguen luchando por que se legalice su consumo algún día. Y no son minoría. También The New York Times, el diario más influyente del mundo, emprendió una campaña hace tres meses por la legalización.

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Hace poco menos de un año, cuando legalizaron la marihuana en Colorado, el periódico satírico The Daily Currant publicó una supuesta noticia titulada “Sobredosis de marihuana mató a 37 en Colorado en primer día de legalización”. Inmediatamente, el senador colombiano Juan Carlos Vélez, en un acto de total ignorancia, dio la noticia por cierta y la utilizó para irse lanza en ristre contra la legalización en Colombia. El hecho dejó en evidencia lo mucho que se desconocen los alcances de la marihuana y sus efectos, pues científicamente no existe sobredosis posible de marihuana.

Le cuento esto a manera de introducción a Danny Danko, catador de marihuana que además dirige la ya mencionada revista especializada sobre el tema, High Times. Danny se ríe y me dice: “El tema de la ilegalidad y la ignorancia sobre esta hierba ha hecho que muchos inocentes vayan a la cárcel, que países enteros como el de ustedes se vean devastados por la guerra que genera el contrabando, y la destrucción de muchas familias que, como en la época de la prohibición del alcohol (que solo duró 13 años, esta prohibición ya lleva 40) estaban involucradas en el negocio, pero eran los que menos ganaban. En el negocio de las drogas, quienes más ganan son las prisiones privadas, las compañías farmacéuticas que hacen pruebas de drogas y también las mismas licoreras y tabacaleras que quieren mantener su monopolio y no competir con nadie más”.

Así empieza la entrevista con este ruso que se crió en Boston y lleva más de 20 años en Nueva York al mando de la revista sobre marihuana más prestigiosa del mundo. Contrario a lo que todo el mundo pensaría, Danny no se parece tanto a Beavis and Butthead ni a ninguno de esos estereotipos de marihuaneros que de tan ‘enchonchados’ no pueden ni hablar. De hecho trabaja en una redacción como la de cualquier otra revista, con la única salvedad de que quienes deambulan por sus corredores saludan y sonríen más que los periodistas con los que he trabajado.

Si tuviera que compararlo con algún referente icónico lo pondría dentro del rango infinito de personalidades que consumen marihuana y que hoy en día aparecen en la brillante serie web High Maintenance, que se basa en la vida de un dealer de marihuana a domicilio en Nueva York y que pone de manifiesto que no todos los que fuman marihuana son unos adictos, hippies, junkies, tarados y perezosos. Las neuronas de Danny le han dado incluso para escribir una guía completa de marihuana, en la que describe de manera meticulosa y prácticamente científica más de 125 variedades. Lo primero que explica en su libro es que hay dos corrientes principales: las marihuanas índica (que vienen de Afganistán, Pakistán, India, Tíbet, Nepal, etcétera) y las sativa (que provienen de las zonas ecuatoriales como Tailandia, Camboya, Jamaica, México y, por supuesto, Colombia).

Los híbridos que se fuman actualmente en Estados Unidos son producto de la mezcla de semillas que en los setenta trajeron los hippies de diferentes partes del mundo. Así como algunas cepas de vino europeas (Malbec y Carménère) que se trasladaron a América y que lograron todo su esplendor cultivadas en Argentina o en Chile, eso mismo sucedió con variedades de marihuanas originarias de Asia y de la zona ecuatorial que empezaron a cultivar en Estados Unidos en los setenta. “Tal y como nos sucede con el café cuando salimos de nuestro terruño, los colombianos nos percatamos de tener un sentido muy fino y agudo con otras marihuanas”, le digo. “Claro —me dice Danny—. Yo he probado unas variedades colombianas increíbles como la Punto Rojo y la famosa Colombian Gold de la Sierra Nevada, pero son imposibles de conseguir ahora. Los marihuaneros de los setenta siempre hablan con mucha nostalgia de las sativas colombianas, que ya casi no se consiguen en nuestro país actualmente”.

¿Cuándo empezó a catar marihuana?

Muy joven, empecé como amateur, fumando como cualquier adolescente (bueno, preadolescente, porque tenía como 12 años), pero en esa época fumaba la que consiguiera: mexicana, jamaiquina, colombiana, que eran las sativas de moda en los ochenta. Desde que la probé me encantó y empecé a comprar y a vender algo, hasta que descubrí lo que era cultivar, inicialmente en tierra y después hidropónica, en un espacio pequeño como un clóset.

Ahora que es tan evidente mi trabajo en High Times no podría cultivar porque me arrestarían, pero visito todos los jardines de marihuana que puedo, en Colorado, en Canadá, en España, en Holanda… y así he visto muchos cultivos y muchas maneras de cultivarla, desde hectáreas hasta pequeños cultivos en armarios o en invernaderos.

¿Pero cuándo se convirtió en un trabajo?

Lo primero fue cultivarla, creo, porque vivía de eso cuando me mudé a Nueva York. Después conseguí un trabajo en una compañía que hacía ropa de marihuana y ahí me abrí paso hasta ser el editor de esta revista, en donde ya llevo 12 años, aunque High Times la fundó hace 40 años Tom Forcade, un traficante que también era activista y periodista. Con la plata que conseguía por traficar marihuana traída de Colombia fundó la revista, que es mensual desde entonces, además de publicar libros especializados y organizar los eventos más importantes alrededor de la marihuana, como la Copa Cannabis, que ya lleva 26 versiones.

¿Cuántas clases de marihuana diría que ha probado a lo largo de estos años?

En mi libro hay más de 125, pero creo que más de 1000 en mi vida entera, aunque muchas muy similares, de forma que la diferencia de matices es mínima.

En la Copa que menciona se certifican los catadores. Es decir, ¿uno puede certificarse, como un sommelier de vino?

En realidad no. Es cierto que todo se circunscribe a la Copa Cannabis. Mi esfuerzo es más académico, o mi conocimiento sobre el tema está compilado en el libro que escribí, Field Guide to Marijuana Strains, en el que explico las variedades, empezando las dos vertientes más amplias: índica y sativa, y luego siguiendo una taxonomía más particular sobre cada una de las miles de variedades que se generan al cultivar una misma semilla de manera diferente. Solo por eso saben diferente, se queman diferente y tiene efectos diferentes.

¿Qué tipo de ‘educación’ necesita un catador de marihuana y cuáles son las cualidades que se tienen en cuenta a la hora de calificar una variedad de marihuana?

Probar y probar, como hace un catador de vino. En cada Copa Cannabis, en promedio 30 cultivadores se suscriben para mostrar su producto y concursar, así que fumamos entre 20 y 40 tipos de marihuana en cada evento… Las cualidades que calificamos son sabor, olor, high o efecto y capacidad de combustión.

¿Y según lo que ustedes los catadores y jueces dictaminan, una marihuana se vuelve más apetecida en el mercado o suben los precios?

Digamos que se vuelven más famosas entre sus consumidores.

Como los catadores de vino, ¿solo prueban una calada o se fuman todo el bareto?

Como queremos tener una idea integral de cómo sabe, cómo huele, cómo ‘te pone’ (a esto lo llamamos el high en inglés, que es el efecto que genera), cuánto dura la traba y si es entretenida, pues fumamos más que una calada.

¿A qué se refiere con entretenida?

Cuando la marihuana es cultivada con muchos fertilizantes o pesticidas la traba o el high no es placentero, así que no solo juzgamos la variedad, sino las técnicas de quien la cultiva, si usan tierras o nutrientes orgánicos, si al final del crecimiento (las dos últimas semanas quizá) solo irrigan la planta con agua para que la concentración de minerales y sales disminuyan y así, cuando uno prenda el bareto, la hierba se consuma suavemente…

Ahora que están tan de moda los vaporizadores, ¿ustedes qué opinan de ellos, no es como tomar vino sin saborearlo u olerlo?

Los vaporizadores son buenos en la medida en que hacen que los componentes volátiles psicoactivos y medicinales que se encuentran en la grasa (secreciones glandulares) de la planta se fundan y salgan en el vapor sin que uno inhale las partículas nocivas como alquitranes y otras toxinas del humo. Pero para catar lo mejor es un joint (bareto), no solo porque se pueden apreciar y describir todas las cualidades de una variedad, sino porque fumar marihuana es un ritual para compartir y para pasarse de mano en mano en un acto de fraternidad.

¿Cuáles son los adjetivos más comunes utilizados para describir cada clase de marihuana?

A mí me gustan las sativa fuertes que son eléctricas. Eléctrica, energizante, edificante, alentadora, creativa, esos son mis adjetivos favoritos.

¿Y para referirse a las marihuanas malas?

Aburrida es la palabra más usada, decimos que el high o la traba no dura mucho, o que no tiene sabor…

¿Se hacen pruebas científicas o de laboratorio o es solo la percepción del catador?

Por supuesto. En las Copas Cannabis, el 70% de las pruebas son fumando y el otro 30% son hechas en laboratorios que dan porcentajes exactos de la cantidad de THC (tetrahidrocarbocannabinol), CBD (cannabidiol) y demás ingredientes activos que una variedad tiene, además de los terpenoides, que son compuestos orgánicos que le dan sabor o potencia a la hierba.

¿Cuál es la duración ideal de un high o de una traba?

Yo diría que entre una y dos horas, aunque hay algunas buenas que te dejan bien high por tan solo 20 minutos o media hora…

¿Cuál es la marihuana más increíble que jamás haya probado, con cuál se quedaría o recomendaría altamente?

Recomendaría altamente la East Coast Sour Diesel. Es quizá mi ‘isla perdida’ de las variedades ahora mismo, si tuviera que elegir solo una. Es la marihuana más cara del mercado (los yupies de Wall Street pagan hasta US$800 por una onza). Es muy potente, con líneas inconfundibles de toronja y aroma a limón. De la línea de las marihuanas sativa, la ECSD florece cada 70 u 85 días. Las semillas madre de esta variedad no existen, siempre hay que clonarla.

¿Qué opinión le merece la marihuana en recetas de comida, como galletas, ponqués, etcétera?

Se debe ser muy precavido con la ingesta de marihuana. Muchas veces el efecto se demora más de una hora en aparecer, entonces la gente come demasiada (generalmente es suficiente cocinar con mantequilla previamente derretida con marihuana y colada para que no afecte tanto los sabores de las comidas). Las reacciones no son graves ni mucho menos peligrosas, pero sí desagradables (mareo, náuseas, etcétera). Lo único que se necesita para que desaparezcan es comer algo dulce y dormir. Para quienes sufren de insomnio o se levantan varias veces en la noche, la marihuana comida puede funcionar casi como una pastilla para dormir, solo que sí les permite despertarse (no como los químicos de las farmacéuticas que te noquean).

¿Y el famoso munchies o hambre que produce la traba se califica?

Claro, lo mismo que el enchonche (en inglés lo llamamos couchlock que traduce ‘inmovilizado en un sofá’). Eso lo generan más las marihuanas índica que dan cierta pereza o cansancio, así que son marihuanas mejores para la hora de dormir, para los dolores musculares o para tratar el insomnio, mientras que las sativa son más creativas y juguetonas.

¿A qué se refiere con juguetonas?

Creo que la marihuana hace algo que todos los adultos buscamos: provoca de nuevo nuestra capacidad de asombro, como cuando éramos niños. Yo juego con mi hijo de 6 años por horas sin aburrirme y presiento que a muchas personas que andan en esa búsqueda de estar “aquí y ahora” (a través de la meditación y del yoga, por ejemplo) no les vendría nada mal fumarse un porro que los deje disfrutar del instante.

¿Qué les respondería a quienes piensan que fumar marihuana siempre es sinónimo de adicción y es perjudicial para la salud y la sociedad?

Creo que tiene mucho que ver con la edad a la que comienzas a fumar. Yo, por ejemplo, he debido empezar más grandecito, por lo menos entrando a los 18, cuando uno ya se definió un poco más como persona y su crecimiento se detuvo. Nunca he visto a nadie que haya desbaratado su vida por la marihuana, aunque no pierdo de vista que hay personas a las que les hace daño y no la saben llevar sin volverse disfuncionales en sus trabajos y en sus vidas, pero es lo mismo que la diferencia entre un alcohólico y alguien que se toma unos tragos sin mayores consecuencias. Es muy ridículo que pongan tras las rejas a personas pacíficas por tener una planta en su casa y las obliguen a interactuar con verdaderos delincuentes. El costo es demasiado alto, y es por ellos por quienes luchamos acá en High Times.

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