Sobre el sano uso de la sudadera
¿Se vale usar sudadera?
Ya hemos hablado acá del mal uso de la sudadera. Pero para que le quede clarísimo: la sudadera es, como su nombre lo indica, para sudar, o sea, para hacer deporte. Entonces, a menos que usted sude en el mercado, en misa, en el estadio, en almorzadero campestre de domingo o en un avión, ¡no se ponga sudadera! Y menos de las enterizas (pantalón y saco compañeros), que se ven más feas que el Totono Grisales con gripa: o usa la parte de arriba con pantaloneta o la de abajo con camiseta o saco de otro color.

¿Qué sudaderas son dignas?
Es una prenda legendaria y útil, pero, la verdad, hoy pocas son dignas de uso. Si acaso, las comunes y corrientes: no muy anchas, no muy ceñidas al pernil, de un solo color o máximo dos. A continuación, el listado de sudaderas que le hacen daño a la reputación propia y al ojo ajeno, además de afectar el promedio de buen gusto del colombiano: las blancas, las pastel, las que suenan al caminar, las abrillantadas, las de material tipo toalla, las que tienen una especie de peluche por dentro, las mallas, las de red respiradora en las axilas.

¿Una buena piyama puede reemplazar la sudadera?
Ya entendemos: usted cree que pasa desapercibido cuando compra huevos y leche en la tienda de la esquina en piyama y chanclas, porque supone que la gente piensa que está en traje deportivo. Lo que no está calculando en esa ecuación es que la gente no es boba y que uno nunca debe salir de la casa en traje de dormir. Una piyama es una piyama, y se nota a leguas por el material delgado y a veces sedoso, el botón que hace las veces de bragueta y la caída que roza la zona oval.

¿A qué edad se debe dejar de usar sudadera?
Se conocen casos exitosos de gente que logró pasar toda su vida sin ponerse una sudadera. Pero son pocos, y, según fuentes consultadas, Rodolfo Llinás está estudiando su cerebro para saber cómo alcanzaron tan magno logro. Pero si ya se lanzó al agua y decidió ponerse una, entienda que después de los 50 ya se empieza a ver triste. ¿O no ha visto al Bolillo Gómez dirigiendo un partido en tan ponderada vestimenta? Dejemos algo claro: un viejo en sudadera gris ratón, desgastada, con caucho en las mangas y los tobillos se ve tan degradante como un joven con anillos de oro.


Sobre el sano uso del vestido de baño
¿Es recomendable usar tanga o, mejor, sunga?
Hay atavíos osados que solo pueden usar jóvenes multimillonarios y raquíticos tipo Andrea Casiraghi o John of the Sea, conocido nacionalmente como Juan del Mar —mentiras, Juan, tú no, te ves ridículo—. Usted, hombre común que grita “¿quién pidió pollo” cuando le pasa una mujer piernona al frente, lo mejor que puede hacer es evitar las telillas elásticas. Entienda que usted va a practicar natación de manera recreativa, ¡no va a participar en los juegos regionales de nado sincronizado! Esas prendas dejan la forma de las partes a la vista de otros nadadores, y ellos merecen algo de urbanidad de su parte.

¿Para practicar natación, puedo ponerme el mismo vestido de baño que llevo a tierra caliente?
Usted puede, incluso, nadar en calzoncillos blancos y, ya en esas, hacer sancocho al lado de la piscina. Le recomendamos, sin embargo, que no se ponga el vestido de baño largo y colorido que lleva a esas piscinas que solo se visitan para tomar aguardiente, hacer guerra de caballitos y estimularse disimuladamente con el chorro. Póngase una pantaloneta unicolor, a medio muslo, no demasiado llamativa; entienda que nadie le va a tomar una foto piscinera, que lo que necesita es hacer deporte para bajar la panza.

¿Debo usar gorro, de verdad?
Sí, y hoy en día existen unos muy modernos, de silicona, que dejaron atrás los de mallita brillante y caucho que se aferraba a la frente. De paso, dos consejos que le van a servir, más que para el deporte, para la vida: si no quiere verse como un infeliz, no se tire a una piscina tapándose la nariz ni se amarre la toalla más arriba de la cintura para ocultar la llanta inferior. Quiérase.

¿Qué tipo de calzado viene bien para aproximarse a una piscina?
La chancla no solo es clave para evitar el resbalón a boca de pileta —que si no le rompe el coxis, por lo menos le hace pasar una vergüenza—, sino que puede impedirle un hongo podal de esos que se adquieren en duchas compartidas, donde el hombre de bien se suena la nariz y descansa la vejiga. Use chancla de dedo, de caucho por aquello del agarre y la impermeabilidad. Puede que haya otras más engalladas, con cueros y adornos, con chapas y encajes, pero la clásica trespuntas es perfecta para la ocasión. Y ni se le ocurra usar ese zapato elástico de buzo, a menos que tenga la autoestima tan alta que se siente sexy con tanga y careta.


Sobre el sano uso de la pinta bicicletera
¿Es digno usar tights, bicicleteros o similares?
Se vale usarlos si —y solo si— usted se llama Nairo Quintana, ha corrido al menos una etapa de la Vuelta a Colombia, es amigo íntimo de Jorge Enrique Abello o si se los pone por debajo de una pantaloneta, simplemente para proteger los glúteos del peligroso roce con el sillín. De resto, terminantemente prohibido.

¿Les puedo dar un chance a los enterizos forrados?
Y después qué, ¿se va a afeitar las piernas para volverse más aerodinámico? No, hombre, no sea convencido: usted no va a correr el Clásico RCN, no necesita ganar segundos valiosos gracias a esa indumentaria. Puede usarla, eso sí, si trabaja como hombre bala en el Circo de los hermanos Gasca, quiere reemplazar su antiguo wet suit o va a empezar a vestirse como Supermán, con los calzoncillos por fuera.

¿Es válido usar cualquier prenda para cubrir el tronco?
Tronco, primera acepción: cualquier criollo rellenito y con estado físico de ajedrecista cuando sale a la ciclovía; o sea, seguramente, usted. Segunda acepción: la parte del cuerpo humano que no es extremidad ni cabeza. Este último, señor lector, al montar el caballito de acero en clima frío, se debe recubrir con un saco de las siguientes características: nunca de lana, a veces de algodón y siempre con capucha. Pero lo más sano, sin duda, es usar un rompevientos —uno no sabe cuándo aparezca el mono— fácil de guardar y no muy ancho, como de tío recochero en finca sabanera.

¿Da lo mismo ponerse el casco que sea mientras proteja?
En ciclismo, el casco no solo es un elemento protector, sino que hace las veces de tocado en fiesta del jet set criollo. Llevar un buen casco a la hora de montar es tan importante como, en frijolada, diferenciar a aquellos que, por acudir al mismo cirujano plástico, quedaron cual máscara de atracador bancario de película. No se sobreactúe: no use casco de moto —se ve en la ciclovía—; tampoco uno demasiado alargado, como de prueba olímpica de pista; y tenga cuidado con esos que parecen de soldado de la Segunda Guerra Mundial, pues solo se les ven bien a jóvenes que usan ombligueras y pantalones entubados. Y, ojo, si es tan cabezón como Óscar Iván Zuluaga —ese político que parece el hermano perdido de Rodrigo Beltrán—, es mejor que abandone el ciclismo: nunca se verá decoroso con un casco más chiquito que su cabeza, va a parecer con corona.


Sobre el sano uso de la facha trotadora
¿Es permitido usar el vestido de baño de palmeras para trotar?
Ya lo debería saber, pero no sobra explicárselo: está tan prohibido trotar en vestido de baño como meterse a una piscina en pantaloneta para trotar —o jugar micro—. Correr así es tan vil como ponerle gafas oscuras a un bebé. Las bermudas —las camufladas, las de flores, las surferas— son el estigma de aquel ser que nunca ha hecho ejercicio en su vida y un día se aventura al trote sin pena ni estética; entonces saca el traje de baño hawaiano, la bota Croydon, la camiseta de la Selección Colombia y listo: se lanza sin pudor a dejar su honor en el mismo suelo en el que escupirá un pulmón.

¿Para trotar me pongo la primera Camiseta que encuentre?
¿Ha visto a ese empleado que, no contento con usar gel y sesear cuando baila, sale a almorzar con el carné de la oficina a la vista? Pues así de miserable se ve uno cuando trota con esa camiseta escotada —muy famosa entre hipsters— que deja entrever las tetillas; así de indigno cuando usa esa franela gastada de pilas Varta; así de despreciable cuando luce camisa mangalarga de licra, como de niño en piscina. Todas esas, además, le raspan las tetillas y lo obligan a pegarse microporo sobre el niple —acéptelo, lo ha hecho—. Lo mejor es que se compre una camiseta con algo de tecnología y ventilación, para que, además, el sudor no se le quede impregnado.

¿Da lo mismo qué medias use?
Las medias —óigase bien— mientras más bajitas, mejor. Las tobilleras, incluso esas que se esconden entre los tenis, son ideales para hacer deporte. Deje ese complejo de cachaco trasnochado: no proteja sus canillas con medias largas, lanosas, oscuras y, por supuesto, raídas en la planta y los dedos. ¿O se imagina a Usain Bolt con medias de rombos? Esas, señor, úselas para jugar billar y tomar pola con el jefe, a quien, por cierto, deje de decirle “jefecito”.

¿Qué decir de la cachucha?
Que solo se debe usar para lo que fue hecha: generar una sombra en la cara para evitar el cachete carmesí, marca registrada del cundiboyaco de ciclovía. Debe ser una prenda útil, nunca de moda, nunca de noche, nunca de fiesta. Para trotar, está bien si usted está al aire libre, hace sol, no tiene un buen bloqueador solar y la cachucha no es: de los Chicago Bulls u otro equipo gringo de lo que sea, de visera plana, de mallita. Y, por favor, si usted no es Justin Bieber o Godines, nunca se ponga una cachucha al revés o, peor, de medio lado.

Fotografía:  Álex Mejía. Maquillaje y peinado: Hamilton Ladino para Han New York. Producción: Nicolás Pinzón G. Agradecimiento especial: La puerta grande, Cra. 12 #  93-64, Tel: 636 3425 www.lapuertagrande.net. Agradecimientos: Calvin Klein C.C. El Retiro, piso 2 l-2-182, Tel.: 3760925 / Dulce Menta, Cra. 11 # 82-18, Tel.: 5304524/82 / And then the Gods Jewelry Showroom, Av. 82 # 12a-04 Apto. 403, Cel: 316 743 8287

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