Hace 18 vivo en el parque nacional del Valle de la Muerte, Death Valley, en California, donde trabajo como guardabosques. El récord de temperatura más alta en un lugar habitado se registró en el rancho Greenland en 1913 cuando llegó hasta los 134 grados Fahrenheit, unos 57 grados Celsius. El lugar queda dentro del parque y hoy funciona allí un hotel resort. En el parque viven coyotes, correcaminos, lagartijas, algunas ardillas y varios insectos, los cuales se mantienen escondidos en cuevas o debajo de rocas la mayor parte del día para lograr regular su temperatura corporal. El punto más bajo del parque está a 86 metros por debajo del nivel del mar, un lugar rodeado de planicies salinas, el punto más caliente de todo el parque nacional.


Aunque desde 1913 no se ha repetido esta temperatura, a lo más alto que ha llegado el clima es a 54ºC, que sigue siendo una temperatura infernal. Yo lo comparo con el calor que sale al abrir un horno de cocina en su máxima temperatura, o al ponerse un secador de pelo directamente en la cara. Aunque no sea una constante, el calor sofocante dura todo el año, y solo por las noches se puede llegar a sentir que baja, cuando desciende hasta alrededor de 37 ºC, que de todas formas es muy caliente y a veces dificulta el reposo nocturno. El verano es la estación donde se registran las más altas temperaturas, especialmente en el mes de julio.

Los guardabosques pasamos la mayor parte del tiempo atendiendo a visitantes en nuestra oficina, donde tenemos ventiladores y aire acondicionado y de donde procuramos salir lo menos posible. Además usamos ropa ligera, de colores claros, y sandalias que dejen circular el aire por nuestros pies. Tratamos de usar el aire acondicionado el menor tiempo posible, pues las cuentas de electricidad llegan muy altas. Por tal motivo usamos un swap cooler, una versión económica de aire acondicionado que recicla el agua y que permite que circule un aire fresco. Sin embargo, existen personas que deben trabajar arreglando las carreteras del parque y soportan el calor directo durante varias horas. Ellos empiezan sus labores antes de la madrugada, y para el mediodía ya han terminado, pues por lo general el momento más caliente del día empieza después del almuerzo.

Constantemente tomamos agua y recordamos a los visitantes que se deben mantener hidratados. Para mantener el nivel de minerales equilibrado en el cuerpo, les recordamos —y a su vez lo aplicamos— que deben ingerir comidas ricas en sal. Las bebidas energizantes cumplen la función de regular los electrolitos en el cuerpo, por lo cual también tomamos constantemente este tipo de líquidos.

Una vez al año llevamos a cabo una maratón por todo el parque donde algunos aguerridos competidores intentan recorrer casi 218 kilómetros con ayuda de un equipo que los va hidratando desde un carro que los sigue. Muchos de los corredores salen de la carrera porque por el calor que se concentra en el asfalto (puede llegar casi hasta los 100 ºC), las suelas de sus zapatos se derriten y sus pies se ampollan. El corredor que más rápido ha logrado terminar la carrera lo hizo después de 25 horas. A pesar de todo el esfuerzo que hacemos para que los visitantes se mantengan hidratados y cuiden su piel del sol, registramos en promedio unos dos muertos al año por golpes de calor en el Valle de la Muerte.

¿Por qué se mueven las piedras en el Valle de la Muerte?


*Publicado en 2008

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