El guiso, ese ser adorable pero folclórico e incomprendido. También conocido en estas latitudes como lobo, mañé, coral, gañán, galán de vereda, guarro, manteco y… sí, también el popular ‘corroncho‘ de mi adorada región. Los guisos son muy propios de nuestro país. Debo advertir que, entre nuestro gremio, negar un descache es casi tan grave como negar a la mamá. Que tire la primera piedra (eso sí, ojalá con mucho tino para no ir a sacarle el ojo a alguna) la que nunca en su vida ha salido con uno de estos seres. El guiso es el secreto mejor guardado de muchas mujeres. Todas nos hemos sentido atraídas por uno, hemos soñado con uno, salido con uno, dormido con uno. Varias deliciosas veces con el mismo, en mi caso particular. Algunas más osadas se han atrevido incluso a casarse con alguno y propagar la especie. En su defensa y, para beneficio de muchas, si se animan a probar, hay varios mitos urbanos y rurales sobre el guiso que vale la pena aclarar:

Mito # 1: El guiso es un man sin cinco: falso. Teniendo en cuenta la cantidad de gañanes con plata que pululan en el país, es absurdo pensar que solo los que no tienen con qué exponer sus ‘mañesadas‘ lo son. Es tan guiso el que tiene un Lada del 83 en tono amarillo ‘yema de huevo‘ y engallado con spoilers que simulan llamas como el que tiene un Mercedes último modelo con un equipo de sonido enorme con luces de neón que parece una rockola y asientos de peluche térmicos dizque porque se lo vio a 50 Cent en la última GQ. En su defensa: El que es guiso de verdad, de corazón, tenga dinero o no, lo intenta al menos. Salir con uno que al menos se esfuerza en algo ya es un lujo.

Mito # 2: El guiso no sabe de moda: falso. Hay guisos en todos los estratos. Es tan guiso al que le dicen ‘la Caja Fuerte‘ (porque solo él conoce la combinación) que el que tiene hasta cajilla de seguridad de una cuenta secreta en un banco en las Bahamas. En pocas palabras: igual de mañé el que se pone algo de colores estridentes y de mala calidad como el que se pone algo muy costoso, o trucho (da igual) con todas las marquillas por fuera cual catálogo andante del Only. En su defensa: El verdadero guiso se tiene confianza. Demasiada, tal vez.

Mito # 3: El guiso no sabe hablar: falso. El que es guiso de verdad habla demasiado. Así use palabras extrañas, pronuncie mal, crea que habla inglés, no nos guste su acento o pensemos por momentos que es más versado y culto el capataz de una hacienda en Monte Líbano, el guiso de verdad habla tanto que, cuando se calla, hasta le salen subtítulos. En su defensa: No hay defensa posible. Para todas nosotras el más guiso de todos es aquel que no ha terminado de venirse cuando ya le está contando a todos sus amigos lo que hizo y no hizo con una. Guiso y sapo: patética combinación.

Mito # 4: El guiso anda únicamente con otros guisos: falso. Casi como si se tratara de una campaña ‘Adopte un guiso‘, en todos los círculos sociales y de todos los estratos y ámbitos, todos tenemos un amigo al que podemos decirle: "¡Mucho guiso!". Guiso también es al que le gustan las lobas y se exhibe con ellas como si estuviera con verdaderas reinas de belleza. Corrección: Algunas reinas de belleza también son: "¡Mucha loba!". En su defensa: Un guiso también tiene derecho al roce social. Que dé papaya entre sus amigos que no lo son es otra adorable característica de su pintoresca personalidad.

Mito # 5: El guiso regala cosas horribles: cierto. Una bufanda de lana en tierra caliente; una porcelana que, en vez de Capodimonte, es estilo ‘Capo del Monte‘; el ramo de claveles en vez de rosas, el CD pirateado, los calzoncillos que se puso la primera vez que estuvieron juntos… ¿"enmarcados"? En su defensa: Así le toque esconder o "desinfectar" su regalo, es mejor un guiso detallista que un tacaño que no lo es.

Mito # 6: Uno nunca le presenta un guiso a su mamá (ni viceversa): cierto. A menos que tenga seis meses de embarazo y ya le toque admitir que sus noches de pasión las pasa con Guerney David, sería preferible que se abstuviera de validar a su guiso públicamente. La primera razón es que se perdería el chiste; la segunda es que uno no se encarta con un mañé a menos que esté desesperada, muy necesitada y que su vibrador haya explotado. Sin defensa.

Mito # 7: El guiso no sabe qué es la prudencia: cierto. Cuando un guiso va a intimar con usted, él "va a pegarle su restregada o a darle su merecido". Cuando va a comer, "va a jartar"; cuando va a darle un beso, él va "a chupar trompa"; cuando le va a decir que se ve linda le dirá lo "hembra que está"; se referirá a su mamá como "la cucha esa" y si va al baño es de los que llevan periódico debajo del sobaco y menciona lo satisfactoria que fue su experiencia. En su defensa: Por lo menos habla y se expresa. Preferible eso al que solo se dirige a usted para que se corra en la cama.

Mito # 8: El guiso lo es hasta para tirar: cierto. Pero a diferencia de aquellos que se duermen en pleno acto, los eyaculadores precoces, los inconstantes, los flojos y los insulsos, qué delicia que le hagan y le digan a uno cosas que solo hemos visto en Discovery Channel. En su defensa: ¿Es que quieren más? ¡No sean garosas! El guiso favorito de todas: el guiso minero: a ese que no le da pereza ‘bajar‘ (así sea el inodoro de vez en cuando, eso sí).

Mito # 9: El guiso solo habita en ciertas regiones: falso. Aunque algunos piensen que corronchos solo los hay de chancletas, meciéndose en hamacas a la orilla del mar, lo cierto es que hombres sin clase (y de todas las clases) los hay en todos los rincones, pantanos, valles y montañas del país. En su defensa: Tal vez el ‘corroncho‘ de la costa sea el más conocido y el apelativo favorito para referirse a aquellos que aúllan. Pero ellos se ven mejor sin ropa que algunos que esconden su condición debajo de una ruana, o de un exclusivo y costoso traje de Tom Ford.

Mito # 10: El guiso es un perro incorregible: falso. Aunque piensen que la moral es una mata que da moras, lo cierto es que hay guisos que se pueden domesticar. Entrene a su guiso para que la adule y la adore y piense siempre que es un milagro que usted le pase al teléfono. En su defensa: Hay guisos sensibles que también se enamoran. Y aunque no hay nada más lobo que un guiso enamorado, hay de todo en la viña del Señor.

Mito # 11: El guiso no sabe comer: falso. Que coma mal es muy distinto. O que no la lleve a un restaurante a comer sushi, sino que la "saque a un restaurante a comer Suchi" y que lo acompañe con suero, con hogao o con guacamole. O que ande con palillos en el bolsillo para sacarse el pedazo de chunchullo que le quedó atrapado entre los dientes. El guiso es un hombre que come en abundancia. En su defensa: Le dará igual un bife de chorizo que un chorizo de bofe: el adorable guiso nunca le pondrá problema para comer.

Mito # 12: El guiso es un mal partido: cierto. Es un mal partido porque no solo hay que lidiar con él y su falta de estilo, sino además tener que convencer a media humanidad para que se lo acepten, y eso ya es mucho trabajo. Además, ¿para qué oficializar al guiso cuando lo mejor es tenerlo precisamente escondido? Preferiblemente bajo sus cobijas. En su defensa: Puede que el único partido en el que sea bueno sea uno de tejo, pero al menos la mantendrá más ocupada y entretenida que un tontazo que la manda callar cada vez que ve algún deporte que él ni siquiera practica.

Mito # 13: El guiso se puede ‘rescatar‘ (o puede cambiar): cierto. Pero ¿para qué? Si lo adorable de este pintoresco ser es precisamente su esencia. En su defensa: Si usted es una verdadera revolucionaria, de esas a las que les importa un pepino lo que opinen los demás, piense en las toneladas de risas que su guiso le proveerá. ¡Plansazo!

Mito # 14: El guiso solo trabaja en cosas mañé: falso. También trabaja con usted, para su papá, se sienta en el cubículo de al lado o bien podría ser su jefe. En su defensa: El trabajo no es deshonra. La que se deshonra es usted.

Mito # 15: El guiso piensa que se le arregla la vida con usted: falso. Piense a su vez en el encarte que puede ser para un ser libre, dicharachero y divertido como lo es un guiso, andar del brazo con una princesa de club parca e inexpresiva como muchas que comen callado allá afuera. En su defensa: En la cabeza del guiso (bueno, la otra) nunca hay nada distinto a estar con una mujer que se divierta con sus ocurrencias, que le admire sus pintas en vez de espantarse, una que le apoye sus extravagancias sin criticarlo y, más que nada, que no intente cambiarlo.

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