La primera vez que la vi fue en Villa de Leyva, hace más de 20 años. Me detuve en la futura fea, porque se veía muy hermosa. Ella no supo que yo la vi. Ana prefiere pensar que nadie la ve, que no existe. De vez en vez, estira la delgada mano para atravesar la burbuja de su mundo y tocar el exterior, o lo que otros se aventuran a llamar la realidad. Sus ojos almendrados se abren con la sorpresa del recién nacido, mira a su alrededor y llora porque no soporta la injusticia del mundo, por eso es lejana. Solo ella podría interpretar a Betty, la fea, un alma buena detrás de una máscara: Anita conocía su dolor desde pequeña. La una, fea; la otra, bella, pero lloraban con las mismas lágrimas.

Pocos la conocen, y más pocos la conocen como la conozco yo: he sido su amigo, su compañero de actuación, su padrino de bodas; en mi casa conoció a su segundo marido; compartimos el miedo a volar y andamos volados siempre de este mundo; en la ficción, he sido su torturador, su jefe, su marido, hemos tenido hasta hijos. Y cada vez que la vida quiere que nos veamos al espejo, nos reencuentra y nos pone uno frente al otro para ver si hemos hecho la tarea. Siempre que esto sucede, la respuesta de Ana es la misma: “Todo lo que hago lo hago por amor”. Pase lo que pase, caiga Roma o lleguemos a Marte, Ana todo lo hace por amor. De eso dan cuenta sus hijas, bellas rubicundas y nórdicas hechas a punta de latidos de corazón y mate. La vida de ella siempre tiene humor, porque pese a que hemos llorado en alguna ocasión o hemos visto el fondo de la taza, nos hemos reído mucho, muchísimo, hasta llorar y completar el círculo.

Los que tengan a bien abrir estas páginas descubrirán por qué don Armando no volvió a tener paz desde el día que se acostó con Betty. Detrás de cada fea se esconde una mujer hermosa y detrás de la mujer invisible se esconde Ana, una gran actriz que, cuando lo mire a los ojos completamente desnuda, le estará insinuando lo que el tango reza: “Yo soy así…”.

Cuando empezamos a grabar Betty, la fea todos soñábamos con ver a la fea más querida de Colombia empelota, ¿por qué lo decides hacer 16 años después?

Porque, primero, curiosamente en todos estos años nunca me llamaron a proponérmelo; segundo, porque ahora que me llamaron me dije: “¿Por qué no?”. La verdad, nunca tuve pudor con mi cuerpo, pero tampoco me interesó explotar el tema de mujer objeto. Bueno, tal vez antes tenía un rollo con eso, pero ahora me siento más liberada en el sentido del pudor. Con mi cuerpo me siento muy tranquila, muy cómoda. Y antes que nada soy actriz, y una actriz también puede hacer cualquier tipo de personaje. También me pasa que por haber hecho Betty, por ejemplo, nunca me ven en rol de insinuar algo más sensual.

Siendo, además, una mujer muy sensual…

Gracias, mi Jorgi.

¿Qué crees que va a pensar esa generación de muchachos que te vio crecer como la fea y, de pronto, va a descubrir que esa fea es una mujer divina, bellísima?

Creo que se van a sorprender, hasta yo me sorprendí por hacer estas fotos, pero no porque crea que me voy a ver divina, pues la belleza es algo subjetivo.

¿Qué es la belleza para ti?

La belleza se proyecta. De por sí, el cuerpo de la mujer me parece hermoso, y creo que la belleza es la relación de ese cuerpo con lo que uno proyecta. Todo depende de cómo uno se sienta. No hay perfección, no existe mujer perfecta.

¿Cómo es la relación con tu cuerpo?

Sé que no soy perfecta, ahora me siento muy cómoda, estoy liberada de muchos pudores que tuve en la infancia y la adolescencia. No me cuestiono muchas cosas, no soy fanática de un gimnasio, pero me cuido, muy en la onda natural. Me gusta sentirme más que nada saludable. Camino, hago algo de yoga.

A diferencia de los demás personajes del elenco, Betty tenía una especie de máscara. ¿Podríamos decir hoy que, 16 años después, posar desnuda para SoHo sería como quitarse esa máscara?

No lo había pensado así, pero sí, totalmente de acuerdo.

¿Y qué sientes?

Siento que estoy preparada para eso. Antes como que estaba guardada, pero no a propósito ni como una estrategia; estuve ocupada con mi vida, pero ahora me siento más allá de muchas cosas, como que realmente no tengo nada que esconder. Esta soy yo. Y me encanta poderme parar de otra manera hoy y poder madurar en muchas cosas, como en mi propia imagen. Estoy mucho más tranquila con eso.

¿Es cierto que llega un momento en que comienza a importar poco lo que opinen de uno?

Por suerte, sí. Eso lo da el tiempo. Hay cosas que ya no me afectan como me pudieron afectar hace unos años, por tanta exposición. Hoy en día no, sé que todo es relativo, que la belleza es subjetiva, que hay gente que te quiere, gente que no te quiere, gente que tiene más empatía con tu carrera como actriz…

Sé que para ti en un momento la exposición mediática fue muy fuerte, tanto que te hizo crear una armadura y alejarte de todo...

Sí, un poco sí.

Podríamos decir que desnudarte para SoHo va a ser, de alguna manera, un triunfo en esa batalla contra la distancia…

Puede ser… En todo caso, nunca sentí que me alejé, lo viví de otra manera, de afuera se ve diferente. Viví mi vida, viví lo que tenía que vivir y me ocupé muchísimo. Pero a veces pasa que si uno no está, si no te están viendo en televisión o no estás expuesto, piensan que no estás viviendo, que te desapareciste.

Como si no existieras…

Piensan que uno no existe. Yo he hecho de todo: he trabajado esporádicamente y he estado muy dedicada a mis hijas, que son lo mejor que me ha pasado. Ser mamá ha sido un aprendizaje hermoso, ha sido para mí un crecimiento en todo. Entonces siento que no me alejé a propósito. Tampoco fue tan pensado. Sí, en el momento de sobreexposición sentí que tenía que parar un poco y mirar dónde estaba ubicada. Y, bueno, tomó un tiempo y coincidió con la maternidad. Ahora siento que la vida misma me está haciendo volver a retomar el rumbo, mis hijas están más grandes y, más allá de todo, a mí me encanta actuar.

¿Les contaste a tus hijas que ibas a hacer esto?

No… Igual, yo les hablo mucho.

¿Pero les vas a contar?

Sí, pero más adelante… Quiero que tengan una relación con el cuerpo más natural.

Sin tabú.

Sí, totalmente.

¿Podríamos decir que estas fotos son un regreso, una forma de decirles a los colombianos “no dejé de existir”?

He vuelto. No me raptó un ovni. Estoy acá y quiero hacer muchas cosas nuevas como actriz. Actuar es mi pasión, eso no ha cambiado, quiero seguir haciendo personajes.

¿Te gustaría hacerlos en Colombia?

Me gustaría pasar una temporada, estar cerca de la familia, me gusta mucho lo que se hace acá. Además, tengo grandes amigos y actores, como tú, con los que me gustaría volver a trabajar.

Hay una cosa que me llama la atención: fíjate que la sexualidad de Betty nunca fue muy mostrada en televisión…

Pero Betty era superpasional, por eso fue que don Armando se enamoró…

Con la primera noche quedó loco. Fíjate que en las escenas de amor de las novelas muestran la pasión, aquí no se apagó la luz porque no podíamos ver la pasión de Betty.

Primero salió en batica…

Sí, pero no hubo acción. Eso me hizo pensar que Fernando Gaitán, el director, insinuó que Betty era un catre bravo.

Sí era una mujer pasional, muy sensible, divina. Ella se enamoró y se entregó a ese amor y también la sexualidad pasa por eso, por la entrega que te hace sentir ese encuentro.

Para ti, ¿Betty era sexual?

Sí, total.

Y ahora vemos en estas fotos lo que don Armando y solo don Armando conoció…

Pues yo creo…

Vemos lo que volvió loco a don Armando…

Eso lo dirán los que las vean, eso no lo puedo decir yo, pero espero que sí. Tampoco tengo pretensiones con esto, pero ojalá sean bien recibidas.

Cuéntame de Maxi, tu pareja, lo conozco apenas… ¿Qué opina él de las fotos?

Está superfeliz, le encantó que lo hiciera, fue el que más me apoyó. Me dijo que se siente orgulloso..

Le gusta la idea, él vino a acompañarte…

Sí, vino a acompañarme. Sin embargo, en el momento de las fotos me dijo: “¿Sabes? Prefiero que vayas tú sola, te olvides de todo y estés relajada”.

¿Y cómo te fue con Mauricio Vélez?

Me sentí muy cómoda, y eso es clave. Me gusta mucho su trabajo. Jugué como actriz que soy y nos divertimos. Aguantamos un poco de frío, pero creo que es un lindo trabajo.

Uno siempre dice cuando es padre: “Juemadre, ojalá a mi hija no le dé por salir en SoHo”. ¿Qué opinó don Luis Fernando?

Mi papá con eso siempre ha sido como reservado. O sea, no es que le guste mucho, pero él es muy respetuoso con lo que hacemos nosotras, con Vero y conmigo. Pero hoy en día entiende, está más allá de muchas cosas. Le conté en el último momento y lo tomó bien. No creo que las vaya a ver.

¡Lo dudo! Esto va a salir en todos lados... Tu hermana Verónica también fue portada de SoHo, ¿ella te dio algunos tips?

Sí: que me relaje, que lo disfrute, que es como uno se sienta. No lo hubiera hecho si no me sintiera tranquila y relajada, hay que hacerlo sin pudor.

¿Cuál es la diferencia entre que una modelo se desnude para la portada de SoHo y que se desnude una actriz, tan buena actriz, tan reconocida por su capacidad histriónica?

No sé, tal vez el enfoque que le di. Lo tomé como si fuera un personaje, jugué a hacer algo que no pensé hacer.

¿A qué jugaste, qué personaje hiciste?

Jugué a sacar el lado sensual. No sé, en un momento me sentí como una india en medio de las montañas… fue lindo. Estuve muy cómoda, no me sentí como si fuera una modelo, pero no sé si la diferencia la notará la gente.

La mujer que conocí hace 16 años no hubiera hecho estas fotos…

No. Me siento más suelta, estoy más liberada de pudores, de prejuicios en general.

¿Qué te trajo esa seguridad?

La vida, los años, ser mamá. También he hecho mucho trabajo interior y mucho trabajo corporal, ejercicios de actuación, y hay otra relación con el cuerpo.

¿Cómo es para una actriz trabajar en Argentina?

Pues me he sentido muy cómoda. Primero, he tenido una suerte enorme de poder trabajar en un país donde hay un gremio con 17.000 actores y actrices, uno mejor que otro. Hay un nivel actoral impresionante, me siento muy privilegiada y muy agradecida por el espacio que he encontrado allá. Por supuesto, esas puertas me las abrió Betty, la fea. En Argentina son muy respetuosos con el oficio de actor, lo valoran muchísimo. Son muy profesionales y hay espacio para todo, los actores están en movimiento.

¿Cómo hace una mujer tan hermosa como tú para hacerse respetar por su talento y no por su belleza?

Nunca me sentí tan hermosa. Bueno, no sé, no sentí que mi carrera pasara por ahí, y he podido hacer personajes, pero nunca ha sido un problema para nada, es como secundario eso. No me gusta tener esa presión si me llaman para un protagónico y me piden más exigencia con respecto a la belleza. Me gusta olvidarme de esa parte, me gusta cuidarme y verme linda.

¿Cuál es la historia que has hecho que más recuerdes?

Perro amor, me gustó mucho, en esa estuvimos tú y yo. Le tengo un gran cariño. Había un grupo muy especial, estaba Frank Ramírez. Tengo los mejores recuerdos de esa novela. Y, bueno, Betty es inolvidable, está todavía muy presente.

Tú dejaste aquí dos exmaridos y otro río de enamorados. ¿Qué crees que van a decir esos señores cuando te vean en SoHo?

No tengo ni idea qué van a pensar, creo que los va a sorprender, pero no sé, pregúntales a ellos, debe ser como ver a una prima en bola. O sea, uno se vuelve como un primo lejano con los ex. Aparte, tengo un buen recuerdo de todos, buena onda con todos.

Imaginémonos qué habría pasado con Betty después de la telenovela: ¿Tú crees que Betty se excitaba cuando don Armando la gritaba?

Creo que sí. Ella se emocionaba, era una atracción sexual.

¿Y lo harían como conejos?

Uffff, claro que sí, y esos no paran…

La última vez que supimos de ellos tenían una hija…

Tenían una hija y a cada rato se tomaban su luna de miel, viajaban.

¿Tú sabes que tumbaron Ecomoda?

¿Sí? Pero me imagino que vendieron y ahora viajan por el mundo.

¿Crees que ellos sean como el papá de Betty? ¿Será que don Armando le dejó la franquicia a él y se fue a viajar por el mundo?

Pero la hija es chiquita, no creo que todavía vaya a pasar eso. Pero son prósperos. Y viajan, y se aman, y como conejos…

¿Tendrán más hijos?

No creo.

¿Te los imaginas iguales?

No, más maduritos, pero divinos…

¿Como tú y yo?

Sí, mientras más añejo, mejor…

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.