El día que nació Giselle Barceló, el médico le pronosticó, como máximo, 48 horas de vida. Su corazón al lado derecho, la ausencia de diafragma y sus órganos en desorden eran suficiente razón para creerlo. Sin embargo, han pasado 30 años desde entonces y ella sigue viva, activa y saludable.

En esa época las ecografías no eran tan precisas, por lo que, au nque sí se veía algo raro durante el embarazo de su madre, no pudieron determinar qué era hasta su nacimiento. Después de su primer examen, fue necesario operarla de inmediato. Sin pensar, por supuesto, en que Giselle odiaría toda su vida la cicatriz que le quedó a lo largo de todo el abdomen, el doctor abrió a la recién nacida, le reubicó todos los órganos menos el corazón —que permaneció del lado derecho— y le puso una banda elástica a manera de diafragma, el músculo que separa el tórax del abdomen, que se acopló de forma perfecta a su cuerpo.

Los primeros años de vida, Giselle estuvo prácticamente encerrada: no podían llevarla a sitios con mucha gente y menos si eran niños por el riesgo de una gripa o cualquier otra enfermedad; no la podía cargar nadie diferente a la mamá y su vida se limitaba a cuatro paredes, hasta que, hacia los 9 años y sin haber presentado ninguna complicación, le dieron de alta para que llevara una vida normal.

 

Y así lo ha hecho. Giselle es comunicadora social y periodista, tiene una hija de 10 años —totalmente sana—, fue reina del Carnaval de Barranquilla y representó al departamento del Atlántico en el Reinado Nacional de la Ganadería. Además, ha estado vinculada con los medios de comunicación desde hace más de diez años, sobre todo en radio y televisión, y actualmente asesora a diferentes empresas en temas de comunicación.

Aunque Giselle lleva una vida normal, no puede hacer ejercicios muy fuertes porque tiene un pulmón más grande que el otro y podría llegar a faltarle el aire. Además, tiene el estómago sensible y su corazón late más rápido de lo normal. Las veces que ha ido donde algún médico diferente al que la vio nacer, se escandalizan y la quieren meter de inmediato al quirófano. Por eso ella decidió no volver donde nadie diferente al pediatra que le salvó la vida y se ríe cuando cuenta que en la sala de espera siempre aguardan varios niños y ella. Nunca ha vuelto a someterse a una cirugía.

Casi nadie sabe que esta mujer tan bonita tiene esa condición; lo que sí sabe la gente cuando la conoce es que ella tiene algo especial: tiene carisma. Giselle, por su parte, siente que es diferente a los demás, tiene muchas corazonadas (que se cumplen sin falla) y no puede darse el lujo de tener emociones fuertes, por eso nadie se atreve a pegarle un susto pues la puede matar, literalmente.

Desde hace un tiempo Giselle está en proceso de aceptar que la cicatriz que la ha atormentado toda su vida es la razón por la que está viva. Por eso decidió posar para estas fotos y, también, crear una fundación que se llama Más Allá de una Cicatriz, que ayuda a personas acomplejadas por esas marcas en la piel para que dejen los miedos y la pena asociados a estas.

Según ha investigado Giselle, solo el 1 % de las personas que nacen con su condición sobreviven. Será por eso que, cada 27 de mayo, su mamá llora al recordar ese pronóstico fatídico que de 48 horas de vida ha pasado a convertirse en 30 años bien vividos.



FOTOGRAFíA: NICOLÁS CORREDOR

ASISTENTE DE FOTOGRAFíA: EDUARDO CRUZ

MAQUILLAJE Y PEINADO: JOHANNA DíAZ

PRODUCCIÓN: JOHANNA SIERRA

AGRADECIMIENTOS: AGUA BENDITA C.C.

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