¿Qué es la marihuana?

Esta es una de esas preguntas sobre las que los marihuaneros pueden discutir durante horas, horas y horas. Y la verdad es que no hay una sola respuesta: para Natalia París, supuestamente es un cigarrillo que da celulitis; para Michael Pollan, autor del libro La botánica del deseo, es “la experiencia en cursiva”; para Bob Marley, Mary Juana era el nombre perfecto para una hija. Pero la verdad es que, en términos de profesor de Química de bachillerato —con bata blanca, seseo al hablar y tufo a tinto—, es un menjurje elaborado con las hojas secas, los tallos y los cogollos de la planta de cáñamo, que tiene efectos embriagadores y alucinógenos reconocidos desde la antigüedad gracias al THC.

¿THC?, ¿qué es eso?

Depende desde qué punto de vista lo mire. Si usted es un televidente berraco, de los que se zampan hasta el Noticiero del Senado, puede pensar que se refiere a las siglas de The History Channel; si es un otaku, esos medionerds adictos al manga japonés que se dejan mechones exagerados sobre la frente, que es un grupo de rock alternativo nipón; pero si usted es un baretero de los buenos —de saco lanoso y pelo quieto, con tantos ácaros en la cabeza como en el suéter—, el THC solo lo puede referir a dos cosas: o a la revista argentina THC, dedicada a la cultura de fumar hierba, o al principal ingrediente psicoactivo de la marihuana, el responsable de la traba. Para que nos entendamos: la planta de cáñamo o cannabis tiene 60 cannabinoides, unos compuestos orgánicos que se han encontrado también en el cerebro humano y en el de los animales y que, según especialistas, pueden hacer reír más de la cuenta. Por favor, nunca confundir THC con TLC, que produce otro tipo de trabas y, como la marihuana, suele aumentar la tensión.

Hablando de TLC, ¿por qué los gringos luchan tanto contra la marihuana, si hasta los presidentes admiten haber fumado?

La marihuana fue satanizada por Estados Unidos mientras se produjo en cantidades industriales en lugares como nuestra Sierra Nevada de Santa Marta. Y, para erradicarla, el lugar fue fumigado y devastado con Paraquat, un herbicida más venenoso que trino de Uribe. Ahora, los gringos ven la ‘marimba’ con otros ojos, porque es su principal cultivo nacional y tiene alguna forma de legalidad en 20 Estados y en el distrito de Columbia. Por eso, hoy está de moda entre marihuaneros gringos la frase “It’s Columbia, not Colombia”.

¿Qué efectos tiene la marihuana?

Reducción de la ansiedad; desconcentración; aletargamiento crónico, como de congresista en plenaria; risa pícara; taquicardia por la disminución de la tensión arterial; modorra; tanta carraspera que la boca se le pone como si hubiera comido arena; en cantidades titánicas, balbuceo y confusión de la realidad con los sueños; desarrollo de la imaginación; pérdida de memoria a corto plazo, amnesia y otras cosas que se nos han ido olvidando. Ah, y ojos rojos, por supuesto.

¿Por qué se ponen los ojos rojos?

Por la dilatación de los vasos sanguíneos de la conjuntiva, una especie de alfombra ocular que forra los párpados por dentro. En los ojos también se produce una disminución transitoria de la presión intraocular y resequedad.

¿Qué pasa en el cerebro exactamente?

Que el THC reduce la actividad del cerebelo, lo que le puede provocar una pobre valoración del entorno y la misma descoordinación que sufrió el ‘profe’ Pékerman cuando bailó el Ras tas tas con sus dirigidos en la tarima del parque Simón Bolívar.

Para resumir: ¿Cómo se puede saber a ciencia cierta que alguien se fumó un porro?

Si tiene ojo escarlata, cara de huevón, risita de niño en misa cuando el padre dice “lo tenemos levantado hacia el Señor” y hablado tipo Navarro Wolff, es decir, trabado, muy seguramente esté ídem. Ahora, si usted es miembro de una comisión antidoping o su espíritu de inquisidor necesita pruebas más contundentes, puede solicitar exámenes de orina o de pelo, que detectan los metabolitos del cannabis varios días después del último consumo.

¿Es posible tener una sobredosis de marihuana?

Teóricamente sí, pero no se ha presentado ningún caso. Según versados en la materia, uno tendría que fumarse, bajito, un contenedor de bareta para siquiera correr el riesgo de morir de sobredosis. El único que lo creyó posible fue el honorabilísimo parlamentario Juan Carlos Vélez Uribe, quien a comienzos de este año trinó que hubo 37 muertos por sobredosis de marihuana en Colorado, después de que la legalizaran en dicho estado gringo. Lo que no tuvo en cuenta Vélez Uribe —apellidos en el mismo modo y en el sentido contrario— es que su fuente de información era el Daily Currant, un periódico satírico al estilo de Actualidad Panamericana. Muchos pensaron entonces que el gran cenador —con ce, pues desde que llegó al Capitolio este año se ha visto un aumento considerable en su abdomen y sus cachetes— se la había fumado verde.

Perdón, ¿qué quiere decir fumársela verde?

Quienes usan esa expresión se refieren a consumir una marihuana biche, verde, púber, y por eso mismo que cae mal, que produce una mala traba. Pero ojo (y rojo), eso es imposible, tan ridículo como una entrevista de Marlon Becerra o el mismo trino de Vélez Uribe: la planta que no ha madurado no produce absolutamente ningún efecto al ser consumida.

¿Es verdad que la marihuana es afrodisiaca?

Digamos que no es afrodisiaca per se, pero potencia todas las sensaciones. Y sí, leyó bien, la palabra clave es “potencia”, entonces saque sus propias conclusiones. Pero tenga cuidado: si consume mucho antes de consumar —mejor dicho, si chupa ganja como un chimbilá previo al acto coital— puede que se pasme tanto que sus partes, hasta ese momento nobles, no le respondan y la relación quede, literalmente, trabada.

¿Cuál es la diferencia entre la marihuana y el hachís?

Son presentaciones diferentes de lo mismo, algo así como los dos hermanos chuparrueda de Manolo Cardona, los Kardashian de Popayán. La marihuana es un menjurje seco hecho con hojas y cogollos de las flores hembras del cáñamo, en las que se concentra la mayor cantidad de THC. Este herbaje inspiró la trova Tu nombre me sabe a yerba, de Joan Manuel Serrat, además de varios porros. Por otro lado, el hachís, un término árabe que significa hierba seca o heno, es la resina extraída de las flores y hojas de la planta comprimida en pastillas cafés, como de plastilina o de chocolate, que suelen derretirse con calor y mezclarse con tabaco antes de ser fumadas.

¿Pero la traba es la misma?

No. Funciona más o menos como con el trago: perra es perra, sí, pero bebedor que se jacte de serlo sabe que no es lo mismo rascarse a punta de guaro que a punta de vino, por ejemplo. El filósofo Antonio Escohotado, autor de Historia elemental de las drogas y experimentado consumidor de cáñamo, dice que el hachís seda la mente y vuelve al consumidor más reflexivo; la marihuana, en cambio, distiende la cabeza y pone más alegre a quien la usa.

Dicen que es mejor emborrachar una traba que trabar una borrachera, ¿cómo así?

Así, tal cual: en caso de ‘trasca’ (traba + rasca), el orden de los factores sí afecta el resultado. Aunque cada cuerpo es único y tiene efectos diferentes ante estímulos similares, la sabiduría popular dicta que si le da por combinar chorro con porro, es mejor cascarle primero a la hierba que a la bebida y no al revés; si no, puede terminar más ido que funcionario investigado.

¿Qué es la monchis?

Con origen en la expresión inglesa munchies, que significa algo así como snack o antojo alimenticio chatarra, forma parte de la jerga de los burros. Es el apetito desaforado, sobre todo de dulces y golosinas, que produce consumir marihuana. Ese filo incontrolable ocurre porque el THC le hace creer a su cerebro embaretado que tiene un hambre de camionero, sin importar si un par de horas antes usted se mandó la tradicional ingesta del asalariado colombiano, que consta de tres harinas; un grano pesado, preferiblemente lenteja o fríjol; un jugo espeso, ojalá de guayaba, y un herpo blandito.

A propósito de alimentos, ¿cuál es la diferencia entre fumarse la hierba y comérsela?

La misma que meterse por una callecita de barrio o por una autopista —una de verdad, verdad, no una colombiana—. Si usted inhala marihuana, el THC se absorbe como un tiro por el flujo sanguíneo de las vías respiratorias y al cabo de unos minutos, máximo media hora, se sienten sus efectos durante unas dos horas. Si se la come en ‘happy brownies’, pastas con orégano del chistoso o lechona cachiruza, todo es más lento, pero más agudo: puede comenzar a sentir los efectos al cabo de una o dos horas, alcanzar la máxima intensidad del viaje en tres y durar hasta cinco recorriendo los recovecos más recónditos de su mente. ¿Por qué tan intenso? Letrados que consultamos aseguran que el hígado transforma el THC en un producto tipo Nacho Vidal, es decir, cuatro veces más potente.

¿La marihuana saca granos, como dice el mito urbano?

Sí, claro, y hacerse la paja saca pelos en las manos. Deje de creer bobadas, que no se ha probado hasta ahora ninguna relación entre el acné y la ganja. Eso sí, esté pilas con la monchis, pues si se dedica a comer chocolate y papas fritas como un salvaje después de cada traba, ahí sí terminará como la Kola JGB Tarrito Rojo, granulado, y con un apodo tipo ‘Juan Valdez’, porque tiene gran variedad de granos.

¿Es verdad que la marihuana puede producir ataques de pánico?

Sí, señor. Si usted es un fumador primíparo o no habitual y le da por chuparse un barillo jumbo, puede sufrir un ataque de pánico parecido al de un usuario cualquiera de TransMilenio en hora pico: sentir que lo estrujan, que le arriman miembros viriles sin su consentimiento, que le cosquillean los bolsillos en busca de su billetera y su celular…

¿Y qué debe hacer uno entonces?

No se quede callado, denuncie, usted merece un mejor trato en cualquier transporte público. Ahora, si se paniquea por tanta ‘juanita’, tiene que respirar despacio, tomar agua y apelar al sentido común: ¡no volver a fumarse un cacho en su vida!

¿Cómo se pasa una turra?

Como una tusa, superarla es cuestión de tiempo. Tenga paciencia. Eso sí, puede acelerar el proceso de rescate a punta de comida y de dormida.

¿Qué significa estar colino?

Fácil: lo mismo que estar turro, trabado, drogado o high, si usted es uno de esos personajes pretenciosos que prefieren usar palabras en inglés y dejar a la vista el yoyo con el carné de la empresa para sentirse más cool.

¿Y de dónde viene ese término tan rebuscado: colino?

Algunas fuentes que no quisieron revelar su identidad —marihuaneros de mirada perdida, para ser más exactos— afirman que surgió de la expresión “darse en la colina”, o sea, en la cabeza. Otros juran que nació de un juego de palabras, porque los bareteros viven tan frescos como la crema de dientes Kolynos. Sin embargo, nosotros en SoHo nos la jugamos con la siguiente explicación, proporcionada por un miembro del colectivo Sí a la Dosis Personal: cuando los fumadores de los barrios populares de Medellín, ubicados en las lomas de la ciudad, bajaban al centro oliendo a hierba, solían decirles “este es un colino”, mejor dicho, este viene de arriba, de las colinas.

¿Qué tanto se ha estudiado la marihuana?

La popular chiruza tiene más estudios que el metro de Bogotá. Solo en los últimos diez años se han encargado y publicado más de 15.000 investigaciones. Y sobre los efectos del consumo de cannabis y sus aplicaciones terapéuticas también.

¿Es verdad que la marihuana sirve hasta para curar el ébola?

Es cierto que se ha usado en medicinas chinas desde, por lo menos, el año 2500 a.C.; también que muchos médicos en todo el mundo la recomiendan a algunos pacientes, por ejemplo, aquellos que se someten a quimioterapias, para darles tranquilidad, potenciarles el hambre y reducirles el dolor. Esto no significa, sin embargo, que la marihuana sea más curativa y mágica que el Indio Amazónico y el noni juntos. No se vaya creyendo todo lo que le dicen por ahí, lo mejor es que no se automedique ni con hierba y consulte siempre con su médico.

Hablando de salud, ¿por qué se dice que es mejor fumársela en papel de arroz?

Porque al echarle candela, chupar y hacer la combustión, produce menos elementos tóxicos que el papel de los cigarrillos comunes. Por eso, también, hay burros preocupados por la vida sana que meten la bareta en pipas especializadas y hasta en manzanas para fumar a través de ellas.

¿Cuánto es la famosa dosis mínima?

Según una sentencia de la Corte Constitucional, usted puede andar con 20 gramos de marihuana en el bolsillo.

¿Y eso es mucho, poquito…?

En términos culinarios, equivale, más o menos, a una cucharada de bareta. Según burros de toda la vida y de todo el día, eso puede alcanzar para 72 horas quemando parejo, que no es poco.

¿Qué pasa si un policía lo coge a uno con marihuana?

Supuestamente, si lo agarra con menos de esa dosis, nada. Pero se puede llevar un par de bolillazos en caso de que el policía que lo coja sea, digamos, un poco brusco. Y si, además, el señor agente es bien estricto, lo echará como ganado a un camión, que un viernes cualquiera compartirá con indigentes desdentados, bazuqueros y peleadores callejeros —algunos también desdentados—, para conducirlo a la UPJ (Unidad Permanente de Justicia) y dejarlo guardado 24 horas. ¿Por qué? Porque, aunque no es un delito, el Código de Policía permite que se lo lleven por simple sospecha. Ahora, si carga más de la dosis mínima, puede incluso caer en manos de un fiscal, y si el tipo lo llega a considerar peligroso, puede terminar encanado de verdad, no solo 24 horas, mientras se resuelve su caso.

A todas estas, ¿qué ha pasado con la legalización?

Fresco, eso está de un cacho.

Glosario

Porro: En su segunda acepción, es el nombre más común y conocido del cigarro que se arma con marihuana o con hachís.

Bareta: Colombianismo callejero para referirse a la marihuana en cualquiera de sus presentaciones.

Pata: Dícese de la colilla del cigarrillo de marihuana, que se puede seguir fumando casi hasta quemarse los dedos, en caso de necesidad, que no de urgencia, porque un marihuanero de respeto nunca tienen afán y, claro, se la pasa metiendo la pata.

Moño: Es el cogollo de la planta, que contiene la mayor cantidad de THC y, por tanto, es la parte ideal para ser fumada o ingerida cuando lo que se busca es alcanzar el llamado efecto globo, que produce desorientación, estupor e introspección.

Creepy: Variedad de marihuana muy concentrada, cuya semilla es manipulada en laboratorio y por eso trae más THC de lo normal. Los burros viejos dicen que un cigarrillo de creepy equivale a unos tres de hierba común.

Ganja: Según los rastafaris, la planta sagrada de marihuana. Viene del sánscrito e hindi gañja, una de las primeras palabras encontradas por el hombre para referirse al cannabis.

Burro: Fumador compulsivo de marihuana, que, ante el exceso, puede perder eventualmente la memoria y terminar convertido en otra clase de burro.

Sinsemilla: Potente variedad de la marihuana, ponderada con fascinación por cantantes de reggae, entre ellos, Bob Marley y la nueva sensación del género, el grupo Reggae la leche. Es el resultado de impedir la polinización de la planta, lo que produce cogollos plagados de THC.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.