Hernando Arboleda, conocido como ‘Nando’, es el primer sastre del sadomasoquismo en Colombia. Estudió diseño gráfico. Pero por cosas de la vida terminó convirtiéndose en el mayor distribuidor de ropa para quienes practican el sado y son amantes de los fetiches. (Lea también: ¿Cómo practicar el sadomasoquismo?)

“Cuando terminé la universidad había una crisis en la publicidad y el trabajo estaba muy verraco, entonces me ofrecieron ser administrador de un sex shop en la zona rosa de Bogotá y acepté”.

La tienda estaba ubicada justo en frente de Harley Davidson. Nando, quien desde joven ha sido amante del cuero, empezó a confeccionar chaquetas y pantalones para las caravanas de los motociclistas.

Con el tiempo empezó a interesarse por los artículos para la práctica del sadomasoquismo y del bondage —técnica erótica en la que se inmoviliza el cuerpo de una o varias—, que llegaban al local procedentes de Europa. Su novia de la época que era azafata traía de sus viajes los juguetes sexuales que le encargaba y luego él los desarmaba, hacía moldes, los mandaba a confeccionar y los ponía a la venta.

Así fue como Nando, un católico devoto, empezó a sentirse atraído por el mundo del BDSM (Bondage, Disciplina, Sumisión y Masoquismo). Leía libros, estudiaba las técnicas de inmovilización y castigo y aprendía las normas básicas de seguridad.

“Las personas que entran a este cuento tienen que saber de anatomía y primeros auxilios para evitar toda clase de riesgos, hay que saber dónde pegar, cómo pegar, con qué pegar. Eso no es de la noche a la mañana”.

Tiempo después el local cerró y Nando decidió viajar a España en búsqueda de oportunidades. Durante su estadía en ese país trabajó como creativo en una  emisora que se llamaba ‘La Onda Mediterránea’. Luego lo contrataron para armar la estructura de una pista de hielo y tiempo después pasó a ser el encargado de su mantenimiento. También fue ayudante de mesero, trabajó en un bar y en una heladería.

Además de encontrar estabilidad económica, Nando descubrió en España la verdadera dimensión del BDSM. Visitó los lugares fetichistas más importantes de ese momento, conoció el trabajo de las mujeres dominantes y de los  sumisos.

Dos años más tarde, regresó a Colombia con la idea de hacerse un diseño de sonrisa, comprar cuero y regresar a España para empezar a producir artículos eróticos a gran escala. Pero una vez llegó a Bogotá, se puso en contacto con una odontóloga que le recomendaron, con quien hacía trueque: productos de cuero por el tratamiento. La invitó a salir un par de veces y quedó enamorado.

“Eso fue en el año 98. Ahora ya estoy casado. Pero eso fue un problema. Yo por esa época tenía el pelo largo, vestía de jean y botas.  Y ella toda juiciosa, claro, los papás me miraban súper mal, no me querían nada” comenta Nando.

Enamorarse lo obligó a cambiar de planes. Pensó en el potencial que podría tener el mercado BDSM en Colombia que hasta esa época era casi inexistente. “Yo vi que sex shops había muchos pero con el tema del fetichismo ninguno, sobre lo que yo creía que podría ser bueno, entonces dije: venga empecemos con este negocio”.

Sex Leather, es el nombre de su empresa y hasta hace poco la única fábrica de ropa BDSM en Colombia. Su taller es un cuarto mediano que fue su habitación cuando vivía con sus papás. Látigos, esposas, arneses, collares, cuerdas y correas cuelgan del mostrador que reposa junto con una cruz de Jesucristo crucificado, en la pared contigua a la mesa de diseño.

Hacia la derecha de la entrada, hay dos pequeñas mesas con una máquina de coser cada una marca Singer, rodeadas de carretes de hilo negro y café, al lado de una de ellas, cerca al rincón contrario a la puerta, están los moldes de las prendas, algunos tienen pequeñas anotaciones y otros empiezan a recogerse en sus esquinas.

En una hay cinco maniquís que cuelgan del techo y exhiben desde vestidos eróticos de cuero y vinilo, hasta un hábito de monja y un arnés especial para prácticas de sumisión.

Hace un par de años, hace entrega a domicilio de sus productos en Miami, uno de los mercados más potentes a nivel mundial. “Esos viajes son chistosos porque cuando me hacen abrir la maleta en los aeropuertos y ven todo eso, me miran súper raro, yo lo único que digo es: ¿qué hago? me gusta, me encanta”.

En su local, ubicado en el centro de Bogotá, tiene desde aceites y lubricantes hasta látigos, máscaras de pet play —práctica sexual en la que se juega a ser animal—, inmovilizadores, collares, esposas y peluches amos o dominatrices, un invento suyo que ha revolucionado el mercado fetichista y que ya se encuentra en las principales ciudades del país.

En sus casi veinte años de trayectoria, ha vestido a personalidades de la farándula nacional como Carolina Cruz y Jesica Cediel, a las mistress (mujer dominante) más reconocidas del mundo y a la estrella del cine porno Nacho Vidal. (Vea las fotos de Nacho Vidal en SoHo) 

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