“Teófilo Forero se enloqueció, escupió al árbitro. ¿Cómo les parece?”. Sí, eso lo escribí yo y no puedo decirles que fue el corrector del teléfono. Tengo que reconocer que lo escribí porque mi cerebro terco no pudo hacer el clic entre Teófilo Gutiérrez y Teófilo Forero. Un cerebro que actuó como los celulares cuando su dueño empieza a escribir y, como en una batalla de titanes, el aparato le arrebata la palabra y escribe exactamente lo que le da la gana. Cuando eso pasa, siempre escribe lo que no es.

Volvamos a ese día: eran casi las 2:00 de la tarde del 21 de noviembre de 2011 y, a decir verdad, yo me estrenaba por esos días en Twitter. Estaba engomada y ni siquiera sabía la técnica para poner las tildes. ¡Un desastre! Quería mantener informados a los tuiteros y hacerlo en el mismo instante en el que sucedían los hechos. Enterada del escupitajo de Teo, entonces jugador del Racing de Argentina, contra el árbitro Néstor Pitana, me pareció que el tema era de suma importancia. Además de todo, sonaba asqueroso. Pobre árbitro, así fuera un árbitro y.... ¡juez! Por tratarse de un jugador colombiano, y con los titulares de los diarios argentinos que hablaban de una sanción severa, de muchas fechas, decidí tuitear la noticia ¡y la embarré! Actué muy rápido, más de lo que debía. De repente, empezaron a llamarme algunos tuiteros empedernidos que estaban aterrados por mi burrada. ¿Qué hiciste?, ¿cómo se te ocurre? Y yo, inocente, pregunté en la primera llamada de alerta: ¿qué pasóooooo? Y obvio, ¡al otro lado de la línea me hicieron caer en la cuenta del horror!: había confundido a Teófilo Gutiérrez con la temible columna de las Farc, la Teófilo Forero. Colgué. El teléfono seguía timbrando. Ya no contestaba, sabía para qué era. Me devolví, miré mi perfil de la red del pajarito y pensé “la c...”.

Peor aún, miré los comentarios y en segundos me había convertido en el hazmerreír de todos. Me insultaban, no me bajaban de bruta. En fin, nadie pensaba en la mala pasada que me había jugado el cerebro, que había actuado como un corrector. Me pongo en el lugar de mi cerebro y, claro, él debió decir: “Teófilo Forero está múltiples veces aquí almacenado, hemos hablado mil veces de todo lo malo que han hecho estos guerrilleros. Lo que escribe Vicky es negativo, no puede ser sobre nuestro Teo, tiene que ser Teófilo Forero, el de los malos”. ¡Y tenga!... me fregó. Nadie se estaba burlando de ese cerebro. Se burlaban de mí.

Sin embargo, mis seguidores aumentaron ese día significativamente y fui trending topic por más de 76 minutos, tiempo que pudo jugar Teo antes de ser expulsado por reclamar a escupitajos un penalti que no le pitaron.

Hoy sé que los errores están a la orden del día cuando, con la inmediatez de la noticia, se trata de informar en 140 caracteres. No fue mi último error, he tenido y tendré muchos más. Y quizá por el temperamento de Teo no será la última vez que lo boten de la cancha. Pero, eso sí, mi cerebro ya tiene la orden: cada vez que le hable de Teófilo, debe parar, revisar, pensar y luego dejarme escribir. No permitiré que me vuelva a meter un gol. Los tuiteros viven al acecho.

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