“Apenas nos bajamos del avión un hincha argentino le jaló el pelo al Pibe y casi se arma una pelea”

Por: Luis Fernando “Chonto” Herrera

La selección Colombia que participó de la eliminatoria al Mundial de Estados Unidos 94 era un equipo lleno de líderes y grandes jugadores, pero sobre todo fue un plantel en el que se respiraba unidad, tanto en lo humano como en lo futbolístico.

En septiembre de 1993 estábamos en un gran nivel, y al terminar el partido en el que goleamos 4 por 0 a los peruanos en Barranquilla, sabíamos que se venía el reto más grande: sacar un resultado positivo ante los argentinos en Buenos Aires. Con un empate, la clasificación estaba asegurada. Debo reconocer que en ningún momento, durante los días previos, pensamos que íbamos a jugar un partido tan bien planteado.

En el vuelo chárter de Avianca en el que viajamos a Buenos Aires, tres o cuatro días antes del partido, el ambiente era bueno y la madurez del grupo hacía que los nervios no se notaran mucho. La situación cambió un poco al pisar suelo argentino.

Apenas nos bajamos del avión nos encontramos con que había una buena cantidad de hinchas locales que nos gritaron de todo. Incluso casi se arma una pelea ya que uno de ellos le jaló el pelo al Pibe (algo sagrado para él) y el Mono se iba a devolver a recriminarle, pero la cosa no pasó a mayores.


Los argentinos estaban muy agresivos con nosotros. En los alrededores del hotel constantemente teníamos un grupo de gente que nos ponía música hasta la madrugada. Al final la policía acordonó el área y al fin pudimos descansar.

Los días que antecedieron al partido se iban en entrenamientos a doble jornada y descanso total en el hotel. Yo compartí habitación con “Carepa” Gaviria (q. e. p. d.) y nos reuníamos varios jugadores a jugar cartas y ver televisión. Con eso mitigábamos la ansiedad por jugar, no veíamos la hora de encarar a los argentinos y la concentración era total, sabíamos que estábamos muy bien, que llevábamos mucho tiempo jugando juntos, teníamos un gran cuerpo técnico y la meta de llegar al mundial de USA 94 era un premio justo por todo lo que habíamos hecho en esa eliminatoria.


FIESTA MONUMENTAL
El 5 de septiembre de 1993 me levanté con un poco de ansiedad. En la charla técnica todo fue normal y durante el almuerzo no faltaron las bromas de siempre. Nos montamos al bus y a las pocas cuadras recibimos una lluvia de huevos y de insultos por parte de hinchas argentinos. Al cabo de unos minutos llegó la escolta de la policía local y el resto del trayecto fue normal.


El estadio era una caldera con 67 mil hinchas que nos querían comer vivos. Antes del partido el único que salió a ver el ambiente en la cancha fue Faustino Asprilla, quien en un acto de irreverencia único le dio por hablar por celular mientras le llovían insultos de todo tipo.


En el camerino nos abrazamos, los profes recordaron las últimas instrucciones y nos encomendamos a Dios… Luego vendría la fiesta.


En la celebración del primer gol fui uno de los primeros que se encaramó encima de Freddy Rincón. No sé cómo, pero casi me pegan un monedazo. En la transmisión se vio cómo me agacho y esquivo la moneda, que si me pega me abre la cabeza.


Llegaron luego el segundo, el tercero y el cuarto gol, y la cara de los jugadores del equipo argentino era de absoluta impotencia. Ya no nos decían nada, solo miraban al banco y sufrían por lo que ocurría en el juego entre Paraguay y Perú, ya que con un gol más de los guaraníes se quedaban por fuera del repechaje. Ya con el quinto todo estaba escrito y, llegado el pitazo final, todos los argentinos salieron despavoridos hacia el camerino.


Nosotros nos dedicamos a saltar, a abrazarnos y a tratar de escuchar lo que significa que un público que 90 minutos antes nos insultaba, se transformaba ahora en una mole de aplausos para Colombia.


Al día siguiente nos regresamos a las 6 de la mañana, cantando en el avión pero conscientes de lo que habíamos logrado.


CELEBRACIÓN AGRIDULCE
En Bogotá, el recibimiento fue impresionante. El bus que mandó Bavaria, el patrocinador de la Selección, entró hasta la pista, tenía vidrios polarizados y la gente no nos veía. Empezaron a montarse sobre el bus, a balancearlo, nos asustamos mucho y al final llegaron a quebrar una ventana.


Todo era un caos y se veía con claridad que la gente estaba muy borracha, plena de alegría pero sin control. Del aeropuerto al estadio El Campín nos gastamos entre 5 o 7 horas para llegar, el maremágnum de gente era impresionante.


El Campín estaba a reventar y fue maravilloso ver como vitoreaban a la Selección y a cada uno de nosotros. Incluso todo el estadio se acordó de Higuita, que en ese momento estaba preso en La Modelo, y a Andrés Escobar, que se perdió ese partido por lesión.


Al siguiente día todo se dañó al ver la primera página de los periódicos, en donde informaban sobre las muertes que dejó la celebración desbordada de los colombianos.
Fue lamentable.


Hoy, después de 15 años, me queda uno de los mejores recuerdos de la vida. Hicimos historia a nivel mundial, nadie me quita ese recuerdo y soy un afortunado de poder haber estado dentro del campo vistiendo una camiseta a la que le dimos gloria y que hoy guardo como un tesoro en mi casa, para que la hereden mis hijos.

• Luis Fernando “Chonto” Herrera hoy dirige las divisiones inferiores de La Equidad.


Así formaron los equipos:

Argentina:
Sergio Goycochea; Julio Saldaña, Jorge Borelli, Óscar Ruggeri, Ricardo Altamirano; Gustavo Zapata, Fernando Redondo (ST 24' Alberto Acosta), Diego Simeone, Leonardo Rodríguez (ST 9' Claudio García); Ramón Medina Bello y Gabriel Batistuta. DT: Alfio Basile.


Colombia:
Oscar Córdoba; Luis Fernando Herrera, Luis Carlos Perea, Alexis Mendoza, Wilson Pérez; Leonel Alvarez, Gabriel Gómez, Carlos Valderrama, Fredy Rincón; Faustino Asprilla y Adolfo Valencia. DT: Francisco Maturana.
 


 

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