Qué se siente ser talla 36
Por Ana Lucía Domínguez

Mentiría si les dijera que no me encantan mis tetas, que no me hace sentir bien ver que la ropa y los trajes de baño se vean espectaculares en mi cuerpo y provoquen las miradas de hombres y mujeres.

Estoy de acuerdo con que las cirugías estéticas son válidas para verte y sentirte mejor. Soy una convencida de que más que una cirugía para mejorar tu aspecto, es una cirugía directa a la autoestima, algo que te ayuda a sentirte más segura y eso se proyecta a los demás.

Pero en mi caso bien pude haberme evitado momentos muy difíciles, de haber sido lo suficientemente consciente para saber que cirugías como esta hay que hacerlas cuando uno ya ha terminado de formarse, cuando el cuerpo ha llegado a su etapa final de crecimiento y uno ha podido evaluar qué quiere cambiar. VER HISTORIA COMPLETA

Qué se siente ser mitómana

Por María Cadavid

Durante gran parte de mi vida he sido consciente de que soy una mentirosa y una maestra para el engaño. Tengo 37 años y desde hace dos entendí que tenía un serio problema y me puse en manos de una psicóloga para sobrellevar mi situación. Es que aunque disfruto mentir, sé que es algo que no está bien y debo superarlo.

Al principio empecé a mentir para lograr permisos en la casa, decía que me iba para un lado y salía para otro, en el colegio mentí y no dejé de hacerlo en la universidad, pero cuando empecé a mentir para sacar beneficios económicos la situación empeoró. Cuando necesitaba plata sabía a dónde acudir y armaba un show de tal magnitud, todo sustentado en mentiras. VER HISTORIA COMPLETA                      

Qué se siente ser suicida
Por Rubén Darío Serna

El nombre científico de lo que yo tengo es Depresión Recurrente con Tendencia al Suicidio, y la explicación práctica es que siento una picazón intensa que hace que no soporte la carne de mi propio cuerpo.

Es como un hormigueo desesperante que empieza en la palma de las manos y luego se apodera de todo el cuerpo.

A los diez años me jalaba el pelo del desespero, pero no era suficiente. Me golpeaba contra las paredes y le pedía la máquina de afeitar a mi papá —a pesar de que no me salía barba aún— para cortarme la cara intencionalmente. Así creía que podría aliviar mi mal. Todo esto lo hacía a escondidas de mi familia por miedo a represalias. VER HISTORIA COMPLETA

Qué se siente ser paranóico
Por Alejandro Burbano

En un país tan inseguro como este es normal que algunas personas nos volvamos rígidas para evitar problemas. Y ese es mi caso aunque sé que es un tanto exagerado.

Debido a mi trabajo, que se basa en la explotación de unas minas de mi propiedad, gano muy bien y por eso debo cuidarme. Aunque siempre fui muy prevenido, mi desconfianza aumentó considerablemente a partir de un robo que me hicieron hace 20 años, en el que encontré a uno de mis empleados amordazado en mi oficina y el lugar desocupado.

Yo estaba seguro de que habían sido mis propios trabajadores. A partir de ese momento comencé a despedir obreros y contratar nuevos cada mes, para evitar que se hicieran amigos y pudieran planear otro robo. Pero eso no me dejaba tranquilo. VER HISTORIA COMPLETA


Qué se siente ser hermafrodita
Por Tatiana Ángel,Presidenta de la OII (Organización Internacional de Intersexuales)

Fue a los 13 años, después de una charla con mi mamá y mi abuela, que decidí dejar de ser Alexis y convertirme en Leidi Tatiana. Ellas me habían convocado a una reunión porque algo de mi cuerpo estaba cambiando, como es natural al principio de la adolescencia, pero mi caso era bastante diferente al del resto de mis compañeros de colegio.

Luego de unos exámenes médicos la verdad había salido a flote: a pesar de tener pene yo era más mujer que hombre. Desde que era pequeña tenía rasgos femeninos y la gente en la calle me confundía con una niña.

Los 13 fueron determinantes, fue durante esta época que empecé a sentir picazón en el área del pecho, yo me rascaba con disimulo en el salón de clase, pero mis senos empezaron a crecer y no había mucho que yo pudiera hacer ahí.

Los cambios de mi cuerpo era extraños pero llegaron al tope cuando un día, estando en el colegio, sentí que algo se me chorreó entre los pantalones. VER HISTORIA COMPLETA

Qué se siente ser torturado
Por Gustavo Petro

Yo era un joven de 25 años, concejal de Zipaquirá por voto popular y militante legal del M-19, en tregua y en conversaciones de paz con el entonces presidente Belisario Betancur. La tregua se había roto y la militancia del M-19 pasaba de nuevo a la clandestinidad.

Estaba en un verdadero problema. Ya había dejado mi vida familiar y vivía desde hacía un año en el mismo barrio que había construido a través de un proceso de lucha popular: el barrio Bolívar 83, de gente muy pobre, que me quería por haberla dirigido en su esfuerzo de tener una vivienda desde mis 21 años de edad.

Decidí seguir viviendo allí. Dormía en diferentes casas, compraba comida que dejaba en varios hogares, de noche siempre cambiaba de lugar de habitación, es decir, algún piso húmedo, algunas tablas donde dormir. Había pasado a la clandestinidad. El hostigamiento del ejército, que buscaba al delgado concejal de Zipaquirá, aumentó. VER HISTORIA COMPLETA

                                       

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