El hombre que no haya visto pornografía que tire la primera piedra. Puede que no lo haga con frecuencia o que no le guste, pero de que la ha visto, la ha visto. Y es que en la adolescencia, cuando aparece el “bozo de lulo” y la voz inmadura que hace sonrojar a más de uno, es casi una regla de oro ver la primera escena porno.  
 
A muchos los pillaron los papás en pleno cineforo de Garganta Profunda mientras otros, un poco más astutos, lograron mantener su propia colección de películas XXX en secreto hasta el día en el que “hacer” empezó a ser más interesante que “ver”. Pero lo que seguro le pasó a todos es que escucharon que ver tanto porno no era bueno por alguna razón. Acá algunas de estas: 
 
-La Religiosa: es pecado ver esas escenas impuras y hay que confesarse.
-La Feminista: la mujer es representada como un objeto sexual.
-La Fisiológica: los tamaños de los órganos sexuales de los actores porno pueden afectar el autoestima de cualquier mortal con un tamaño regular.
-La Legal: la pornografía, como el licor y las drogas, sólo es apta para mayores de edad.
-El cuerpo del delito: ¿Qué hacer cuando ya no quiera tener más porno? ¿La regala....A quién? ¿La quema? 
 
La buena noticia señores es que no hay una razón científica, todo lo contrario: hay un estudio que defiende que ver pornografía no es perjudicial para la salud mental y física del televidente.  
 
El científico Simon Louis Lajeunesse investigó el tema durante dos años y llegó a esa positiva conclusión. Su estudió tomó como punto de partida dos hipótesis: 1) Era posible que quienes veían pornografía quisieran replicar los comportamientos vistos en la vida real y 2) El acto de ver pornografía podía ser liberador en la medida en la que permitía al televidente hacer catarsis de sus pulsiones. 
 
Para llevarlo a cabo convocó a 2.000 estudiantes de los que sólo 20 heterosexuales accedieron a compartir su experiencia abiertamente. Con este trabajo de campo el científico averiguó:
 
1.Los solteros veían el doble de pornografía de los que tenían pareja
2.La mayoría veía porno por Internet
3.Aun cuando tenían pareja, los hombres preferían que el acto de ver pornografía fuera privado, no les gustaba hacerlo en compañía de otra persona.
4.Para algunos ver porno hacía parte de un plan más completo, como un combo: comer pizza, tomar cerveza y ver porno.
5.Las mujeres que veían haciendo pornografía no eran del prototipo de las que esperaban tener como pareja.
6.Algunos buscaban en la pornografía fantasías de su adolescencia, pero no las llevan a cabo cuando tienen la oportunidad de hacerlo en la vida real. De hecho uno de los estudiantes confesó haber visto una orgía y soñar con participar en ella, pero no fue capaz de hacerlo cuando estuvo en la situación real.
 
La conclusión: ninguna de las hipótesis se cumple. Los hombres saben diferenciar su vida sexual de sus fantasías y de la pornografía. El hecho de que observen escenas pornográficas por diferentes medios no afecta ni para bien ni para mal su desempeño sexual.  
 
Así que Hombres: pueden escuchar a sus mamás, a sus tías y a sus amigos, pero si deciden hacerle caso a la ciencia no tienen de qué preocuparse si lo suyo es ver pornografía.

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