Minutos antes de saltar al campo de juego para enfrentar a Yugoslavia por el Mundial de Uruguay 1930, el 17 de julio en el Parque Central, los once futbolistas bolivianos se calzaron una camiseta blanca con una letra gigante en el pecho. Los muchachos andinos habían ensayado una obsecuente coreografía para ganarse al público local: al presentarse, de cara a la platea, siete de ellos formarían con sus cuerpos la palabra “Uruguay”, y los cuatro restantes, “viva”. Pero, el hombre propone y Dios dispone. Y Dios dispuso que uno de los bolivianos fuera atacado por una repentina diarrea instantes antes de salir del vestuario. Mientras el infortunado jugador decoraba con su enorme “U” uno de los inodoros, los diez restantes, sin advertir su ausencia, se formaron como habían ensayado... para garabatear la frase “Urugay viva”, que no entusiasmó demasiado a los orientales.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.