El debut de Escocia en una Copa del Mundo fue desastroso. Si bien esta selección nunca superó la primera ronda en ninguno de los ocho Mundiales en los que participó, la actuación en el Mundial de Suiza 1954 fue bochornosa, y no sólo en el vergonzoso sentido de esta palabra. Por ineptitud o ignorancia, la Asociación Escocesa de Fútbol envió a sus jugadores con camisetas de manga larga confeccionadas en gruesa lana para disputar partidos en un verano helvético que tuvo temperaturas de casi 40 grados Celsius. Bien abrigaditos, los británicos cayeron 1 a 0 ante Austria, el 16 de junio, y tres días más tarde, mientras el termómetro marcaba 37 grados en el estadio Saint Jakob de Basilea, fueron aplastados 7 a 0 por Uruguay. El defensor Tommy Docherty fue lapidario al tratar de encontrar una explicación a la goleada: "La Federación Escocesa asumió que en Suiza siempre hace frío porque hay montañas. Yo creo que pensaron que íbamos en una expedición a la Antártida". La selección sudamericana, que ese día vistió livianas remeras de mangas cortas y escote en "v", marcó dos goles en la primera mitad y otros cinco en el complemento, cuando sus rivales ya se habían derretido.

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