Día de los amigos a lo grande
Adolfo Zableh

No niego que la tienda de barrio tenga su encanto. Es barata, poseela magia de lo modesto, el dueño del lugar lo conoce a uno de toda lavida (por alguna razón, el dueño de chuzo de esos suele llamarse DonChucho) y por eso le fía y, además, tiene un grupo de ayudantes quetambién nos es familiar: la esposa, los hijos, los sobrinos y hasta unahijado.

Siempre habrá sábados en la tarde para sentarse a tomar cervezas al solen la tienda de Don Chucho, pero es que el Día de los amigos es un díaespecial.

Yo reconozco que no soporto ir a esos sitios de moda, caros y snobs,donde toca rogar para que lo dejen entrar y molestan si uno va en tenis,pero, repito, hay fechas de fechas y el Día de los amigos es una deellas. Así que si toca meterse la mano al bolsillo (igual que en elcumpleaños, Semana Santa, Día del amor y la amistad, Navidad y Añonuevo) y celebrarlo a lo grande, toca.

No se incomode si de rumba no se va en bus sino en taxi, si le tocahacer fila en un lugar con nombre en inglés donde todo el mundo mirafeo, si la pola no vale dos mil sino seis mil, y si la botella decualquier trago cuesta tres y cuatro veces más que en el supermercado.Más bien ahorre para ese día y no se ponga de tacaño.

Yo a esos sitios trato de ir una vez cada año bisiesto y de antemano séque regreso a casa hecho nada, loco de ver mujeres bonitas peroinalcanzables, con el ego por el suelo y con la billetera vacía; todosea por los amigos, a los que uno quiere así les gusten esos sitios.

No se preocupe, le digo, que ya vendrá otro fin de semana y la tienda deDon Chucho estará ahí, con las puertas abiertas y la mesa de siempre.Eso sí, tocará pedir fiado hasta que logre uno poner en orden lasfinanzas de nuevo.

La tienda de los viejitos
Por Andrés Ríos

¿Ir a un bar o irme a la tienda del barrio? A ojo cerrado elijo irme ala tienda del barrio. Es una cuestión de practicidad y de comodidad. Loque sí hay que tener claro es que si uno es fan de la tienda del barriohay que estar despojado del concepto de vida social. La tienda de barriono es un lugar “play”, no es un lugar para mostrarse, al contrario, latienda de barrio es un lugar de tranquilidad, de bajo perfil, es comoestar en casa.

En la tienda de barrio las cosas se llaman por su nombre. Para empezar,es fundamental tener claro el nombre del dueño y siempre, es algosagrado, hay que encabezar cualquier pedido con el DON. Siempre, así eldueño sea joven, hay que decirle DON…Don Pedro, Don Alberto, DonJoaquín, siempre DON. Es una ley sagrada en las tiendas de barrio.

Dentro de mi prontuario de tiendas de barrio he sido cliente VIP de laChiquitienda, la tienda de Don Ciro, el Granero de Argiro y ahora soycasi accionista de la Tienda de los Viejitos.

En todas me han fiado, en todas he sido confidente y amigo del dueño, entodas hay sillas Rimax, en todas he hecho amigos, eso sí, no hay opciónde levantar viejas, las tiendas de barrio no son para eso, son paratertuliear, ver fútbol, oír boleros y tomar cerveza. Si usted quiereconseguir viejas vaya a un bar, la tienda de barrio es para otrosmenesteres.

Don Alain es el dueño de la tienda donde paso parte de mi tiempo. Es unseñor de unos 70 años, calvo, barrigón, bonachón y amable. Sus clientesno son distintos a él, todos son viejitos, jubilados y bebedores. Creoque soy el más joven. Junto a Don Humberto, Don Jorge y el “profe” hevisto fútbol, oído boleros y he establecido tertulias largas sobrecualquier tema.

Lo bueno de la tienda es que usted se va cuando le da la gana, y si pagóo no la cuenta, no es un problema: uno regresa, todo se lo anotan. Nadase pierde. En la tienda de barrio lo cuidan más que en su propia casa.

No cambio la tienda de barrio. Allá la pinta es lo de menos. Alláimporta es usted, no lo que usted tiene. Va uno a pie y se regresa apie. Si le da hambre hay pastel de pollo, hay todo tipo de licor, pideusted la música que le gusta, hay comodidad.

Don Alain sigue ahí, en la Tienda de los Viejitos. Sus días y horaspasan detrás del mostrador, es un hombre feliz, ve la historia delbarrio pasar frente a él. Yo lo envidio, por eso soy su cliente.

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