Es cierto que vivimos en un país corroído por la violencia, que desde hace más de cincuenta años despierta con nuevas víctimas de aberrantes abusos a manos de delincuentes que se pasean por las calles y los cargos públicos. Es cierto que debemos comprender y tratar que otros comprendan la dimensión del daño. Lo que no debería ser cierto, es que para que un gran grupo comprenda, encaminemos voces y grandes presupuestos a campañas tontas. 


Puede que sintamos que trabajamos con un interés común, pero solo perdemos el tiempo unidos. Además, confirmamos por qué el conflicto sigue vigente: Porque los problemas serios los tocamos con puras tonterías. No planteamos soluciones efectivas. Es más, por nuestra culpa tenemos que anclar “efectivas” a “soluciones”, porque desgastamos “soluciones” y ya el término no tiene fuerza. 


Primero plantearon “Remángate”. Entiendo que varias víctimas promovieron la campaña, seguros de que el país se solidarizaría con su drama, pero creo firmemente que ninguno de los que se remangó el pantalón y subió su foto a redes sociales mostrando medias y pantorrillas, para que vieran lo solidario y sensible que es, comprendió qué significa vivir un día, una semana, o una vida desarrollando actividades cotidianas sin una de las piernas. Tampoco comprendieron un poquitico cómo se sienten las picazones o los dolores de los miembros fantasma. 


Luego a alguien se le ocurrió “24-0”. 24 horas con 0 muertes. Las redes sociales colapsaron con las imágenes de un sinnúmero de activistas que se dibujaban los números en la mano, seguros que iban a alcanzar un día completo sin asesinatos. Lo tonto de la campaña, es que los únicos que podían logran que esa meta se cumpliera, probablemente no usan redes sociales para ver las manifestaciones, y si no se sensibilizan con sus víctimas que entre sollozos suplican clemencia antes de un tiro de gracia, dudo que se conmuevan con un spam de fotos de manos rayadas. 


Con “Respira paz”, la ONU repartió bandas para pegar en la nariz e “inhalar y exhalar con calma”. Creí que eran bandas de las que abren las fosas nasales para evitar los ronquidos y pensé que, de ser así, serían útiles para traer algo de paz a los matrimonios, pero luego noté que solo eran bandas de papel grueso, a las que no les servía el pegante. Ahora, “Soy Capaz” mueve a las principales marcas del país con la idea de que cada uno exponga las acciones positivas que logra. Yo, por ejemplo, #SoyCapaz de sobrevivir con el salario mínimo, que eso supone una hazaña. Este país, este país es capaz de gastarse billones en publicidad de campañas tontas, como si fuéramos parte del primer mundo.


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