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Iván Mejía es caleño, comenzó en el periodismo escrito hace 50 años, cuando apenas tenía 18, en el diario La Patria. Después pasó a escribir en Nuevo Estadio, invitado por Javier Giraldo Neira, y fue Wbeimar Muñoz quien le propuso trabajar en Radio Visión. Cubría deportes como el ciclismo y el boxeo, pero al final se dedicó al fútbol. Vivió tres años en Europa, donde se enamoró del Barcelona. Su estilo frentero, directo, sin rodeos, lo ha llevado a tener muchos enemigos. Cuando está al aire critica sin tapujos a técnicos, dirigentes, jugadores e incluso tuvo enfrentamientos fuertes con colegas. El programa El pulso del fútbol, de Caracol Radio, junto a César Augusto Londoño, es uno de los más oídos en Colombia. Vive en Cartagena y juega golf a diario. Está casado, tiene una hija, un hijo y dos nietas. Escribe una columna en El Espectador, comenta en Win Sports y desde Rusia anunció en su cuenta de Twitter que era el último mundial que cubría. Y también ha dicho que en diciembre quiere dejar los medios de comunicación.

¿El anuncio de su retiro es definitivo?

Voy a estar ausente de los medios por un año inicialmente. Quiero dedicarme a viajar y a hacer otras cosas. Me siento cansado, saturado; después del Mundial de Rusia me cuesta mucho meterme en un partido. Quiero tomarme un año y después replantearé si puedo vivir sin el periodismo o no.

¿Ya sabe qué viajes quiere hacer?

Hawái, en septiembre. Quiero radicarme un mes en París; ir a ver uno o dos torneos de golf, como el Honda Classic en Estados Unidos; ver el cruce de lagos, en Chile; hacer los cruceros de Alaska y de los países bálticos.

Con el periodismo también viajó mucho…

¿Así lo cree? Le doy un ejemplo: Colombia juega en Belo Horizonte. Llegada: 9:00 a. m.; transmisión; regreso: 3:00 a. m. ¿Qué se conoce ahí además de la vía que te lleva al estadio? He llegado a Madrid a las 2:00 p. m. para transmitir y regresarme al otro día en el primer vuelo. Es un imaginario de la gente.

¿Seguirá viendo fútbol o solo lo ve por trabajo?

No, a mí me gusta mucho, soy enfermo. Más allá del trabajo, es un pasatiempo para mí. Es divertido ver al Barcelona o un partido de la liga inglesa. Me gusta el buen fútbol por encima de cualquier cosa y me molesta mucho el fútbol mal jugado.

A propósito, ¿el torneo de fútbol colombiano es tan malo como muchos creen?

Sin duda es un fútbol muy flojo. Los jugadores buenos se venden muy rápido, se van a otros países y acá queda un nivel muy pobre y una incapacidad táctica terrible. Ha llegado una oleada de técnicos de la escuela argentina y uruguaya como los ‘Pelussos’, los ‘Russos’, los ‘Costas’, que creen que todo se reduce a correr, luchar. No hay juego, se ha perdido la esencia de tocar la pelota; no divierten, por eso la gente está muy aburrida y los promedios de asistencia son terribles.

¿Qué le dejaron Maturana y ‘Bolillo’ Gómez al fútbol colombiano?

Marcaron una época, nos devolvieron a un mundial de fútbol y en su momento hicieron cosas muy interesantes: les gustaba la pelota, asociarse, practicaban esa zona lineal que era muy desconocida en el mundo, que hacía el Milán en esos años, pero tardaron en reaccionar y en darle la vuelta. El tema es no quedarse en lo mismo, el fútbol es una constante progresión. Si usted mira los equipos de Guardiola puede asegurar que el Manchester City de hoy no juega a lo que jugaba el Barcelona cuando él lo dirigía. Guardiola ha evolucionado. Respeto mucho a Francisco Maturana, eso sí que quede claro.

¿Y cuál es el legado de Pékerman?

Tiene dos etapas. La primera eliminatoria, cuando jugaba con dos delanteros, y la etapa del mundial, que jugó al contragolpe y fue muy efectivo, logrando los cuartos de final. Después vinieron las eliminatorias a Rusia y Colombia jugó muy mal, fatal; jugó cuatro años seguidos a lo que saliera. Jugó bien los dos partidos contra Ecuador, de resto era una paridera, enredado, defensivo. No me parece tampoco que hayamos hecho un buen mundial en Rusia. Sigo sin entender que 250.000 personas hayan salido a aplaudirlo, eso eran ganas de beber cerveza y ya. Ese equipo solo jugó un partido bueno, que fue contra Polonia, el resto fueron muy regulares. Yo no hago parte del equipo de las viudas de Pékerman, son insoportables.

Pékerman fue muy hermético con la prensa, ¿qué opina de eso?

Creo que todas las cosas llevadas a los extremos son malas. Estoy de acuerdo con que Pékerman hizo algo bueno en el sentido de cerrar la selección al amiguismo. Aquí en la Selección había periodistas que se acostaban en las camas de los jugadores, que les llevaban regalos, que hacían fiestas, que se disfrazaban… Pero después se fue al otro extremo: nadie entra, nadie sale, nadie conoce. Creo que puede haber una sana convivencia y no esa guerra declarada permanente.

¿Dónde vio periodistas disfrazados para los jugadores?

En la época de Maturana y Bolillo. Era terrible. Pékerman se fue al extremo de quitarle la Selección a la gente, que no podía ni ver el bus cuando llegaba al estadio. Y estoy por creer que todo era para tapar las cochinadas que hacía Pascual Lezcano: donde está él hay cochinadas.

¿En qué momento se vuelve hincha de América?

El primer partido al que fui en mi vida, cuando tenía 9 años, en 1959, fue porque mi papá me llevó a El Campín. Ese día Millonarios le metió 4-1 al América, me gustó el equipo de los negritos rojos.

¿Se puede ser comentarista e hincha de un equipo?

He sido suficientemente distante en el caso del América y también digo que todos tenemos un equipo. Todos. A mí que no me vengan con el cuento de que no. Lo que pasa es que todo parte de la premisa de saber expresarlo en público y que no se vean muchas de las reacciones de hincha.

Su esposa y su hijo son hinchas de Millonarios, ¿a usted también le gusta Millonarios?

A mí me gustaba, en algún momento, pero últimamente le he cogido fastidio, se ha vuelto un equipo antipático, agrandado, soberbio. Sus dueños son soberbios, arrogantes. La imagen de Serpa es la del todopoderoso millonario que compra y hace; se cree Abramovich (dueño de Chelsea F. C.). No es capaz de comprar un buen jugador de fútbol, ¿entonces?

¿En qué momento se vuelve hincha del Barcelona?

Me fui en 1972 para España, pasé por Francia, estuve en Madrid y viví dos años en Barcelona. Y le confieso: sufro más por el Barcelona que por el América o cualquier club del fútbol colombiano. Eso sí me duele. Hay quienes dicen que es un estúpido el que se hace hincha de un equipo extranjero, pero no estoy de acuerdo.

De los jugadores que vio en vivo, ¿cuáles son los que más le han gustado?

Messi es un fuera de serie. Maradona era un fuera de serie. Cruyff, Ronaldinho, jugadores que uno no olvida. En Colombia, Jairo Arboleda, el Pibe y el más grande de todos: Willington Ortiz. Es el más grande que ha parido la historia.

Mucha gente que lee esta entrevista nunca lo vio, ¿cómo jugaba Willington?

Era un jugador pequeño, paticortico, de una habilidad impresionante, sacaba a un rival en una baldosa, con la cabeza arriba, generoso en el fútbol, ponía pases en cantidades. Arrancó como puntero derecho en Millonarios, terminó de interior en el América jugando prácticamente de armador. En el Cali también jugó de interior, con gol, con mucho panorama, un espectáculo.

A Messi se le juzga mucho por no triunfar en los mundiales. ¿Usted qué opina?

¿Cruyff fue campeón del mundo? ¿Di Stéfano fue campeón del mundo? ¿Dónde quedan muchos buenos futbolistas que no jugaron mundiales? ¿Todos los que hablan de Cristiano Ronaldo, por ejemplo, se han preguntado si ha hecho alguna vez un mundial decente?

¿Cómo es su rutina para informarse del fútbol?

Me levanto a las cinco de la mañana y trabajo hasta las 8:30 a. m. buscando noticias, consultando páginas, leyendo, haciendo llamadas. Después tiro unas bolas de golf y luego grabo El pulso. Leo los diarios deportivos, que, en general, son de un paupérrimo nivel como As, Marca, Olé. La información está cambiando, cuando uno se sienta a mirar los periódicos, tiene el 80 por ciento del material a través de Twitter, que es el nuevo periódico. El futuro de los medios es bien complicado. Fíjese que Facebook va a dar la Copa Libertadores, el campeonato del mundo, todo va a terminar en el celular. Los caracoles televisión, que son arrogantes y se creen los dueños del mundo, van a comenzar a pensar que el negocio está cambiando.

Después de 50 años de carrera, ¿qué tantos amigos le deja el periodismo?

Cuando uno no es un lameculos y dice las cosas que piensa, no le preocupa irse con amigos o sin amigos. Me preocupa irme sin haber hecho mi tarea, y creo que la hice. De amigos concretamente me quedan Óscar Restrepo ‘Trapito’, con quien me veo muy poco pero sabe el cariño que le tengo; y Javier Hernández Bonnet, con quien tengo una gran relación, a pesar de que estamos en medios enfrentados. Él hace parte del monopolio y yo soy víctima del monopolio y del pulpo.

¿Y Hernán Peláez?

No, Hernán y yo somos muy diferentes. No tengo una amistad más allá de encontrarnos de vez en cuando. Si hemos compartido tres almuerzos será mucho. El trato al aire era muy cordial y tengo un profundo respeto por él.

¿Hay técnicos que lo han llamado para consultarle alineaciones?

Sí me han preguntado, pero a ese juego nunca le entré. El más reciente ejemplo es Juan Carlos Osorio, apenas hace unos meses, como técnico de México. Él es enfermo de llamar a los periodistas a decir “voy a hacer esto, voy a hacer lo otro, ¿qué opinas?”. Yo le dije: “Mire, Juan Carlos, a mí no me consulte”, le pedí el favor de que no me llamara, no quiero una complicidad con nadie.

Qué opina del auge de futbolistas-comentaristas…

Pasa en todo el mundo. Los hay en Argentina, España, Italia. Ni los juzgo ni los alabo. A mí lo que me interesa es si hablan bien o hablan mal. A mí, por ejemplo, un tipo como Juan Pablo Ángel me parece que lo hace supremamente bien. Pero hay otros que da pena oírlos.

No ha tenido pelos en la lengua, ¿lo han amenazado por eso?

No he vuelto a Medellín desde 1987. Estoy amenazado de muerte desde entonces y la persona que me amenazó sigue viva, sigue con poder y me manda mensajes cada tanto para recordarme que no puedo ir.  

¿Quién es?

No voy a hablar de él. Todo nació por mis críticas a la “rosca paisa” de Maturana y Gómez, que habían convertido la selección para amigos de ellos. De esa época eran las rivalidades fuertes de Millonarios y Nacional, y mis comentarios no cayeron muy bien.

Hay gente que se acerca a insultarlo, ¿le han pasado esas situaciones?

No, nada. En redes tengo una facilidad para bloquear, me pegan unas insultadas porque sí o porque no. Leo el comentario y bloqueo, tengo 7000 bloqueados en Twitter, y seguirá creciendo el número hasta diciembre. Twitter es como una cosa privada mía y no tengo por qué aguantar a alguien que me insulte o me maltrate. Si no le gusta lo que yo digo, no me siga. Son unos mequetrefes.

¿Qué hace cuando no está viendo fútbol?

Juego golf, veo béisbol… Últimamente veo más béisbol que fútbol; leo mucho. Me gusta cocinar, el vino, la buena vida.

¿Alguna vez ha sentido que se le fue la mano con sus comentarios?

Sí. Me he equivocado, he juzgado mal a algunos, he valorado mal, me he dejado llevar por sentimientos. Pero lo pasado ya pasó, no soy masoquista para revivir eso. No quiero mencionar a nadie.

¿A quiénes les agradece por darle la mano cuando usted no era nadie?

Mis maestros son Javier Giraldo Neira (q.e.p.d), que me dejó entrar al periodismo escrito, y Wbeimar Muñoz, que me dejó entrar al radial. A ellos les agradeceré siempre.

¿Ha llorado por el fútbol?

No. Sí me he sentido muy triste. Por ejemplo, el 4-0 que dilapidamos y no aprovechamos (Barcelona) y la Roma nos eliminó de la Champions. Me dio tristeza cuando América perdió la Libertadores en el último minuto. He salido con el rabo entre las piernas, mortificado y humillado de algunos estadios con la selección Colombia...

Y para terminar, ¿cuáles han sido esos momentos más felices?

El gol de James contra Uruguay, la actuación de Colombia en Brasil, ver a la gente en los estadios cantando el himno nacional y el equipo haciendo goles. Estar presente en la clasificación para Italia en Tel Aviv, ver el gol de Rincón contra Alemania. El gol de Andrés Escobar en Wembley. El fútbol te lleva del cielo al infierno con un solo paso.

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