Elon Musk no es un visionario cualquiera. Sus sueños van más allá de la estratósfera y si todo sale según los planes de este ambicioso inventor, en 2025 los humanos viajarán a Marte.

Desde pequeño, este ingeniero estadounidense nacido en Sudáfrica ha tenido un impulso creador que desarrolló junto con su hermano Kimbal, con quien montó en 1995 Zip2. Era una empresa que transformó radicalmente la manera en que funcionaban las páginas amarillas y la idea misma de las búsquedas web, al poner por primera vez la localización y otra información relevante en internet. Esto sería un aporte fundamental al desarrollo de los motores de búsqueda. La compañía creció exponencialmente y al vendérsela a Compaq, en 1999, Musk se volvió multimillonario con tan solo 28 años. Muy poco tiempo después invirtió en la creación de PayPal con la firme intención de transformar, esta vez, la industria financiera. Dos años más tarde la vendió, amasando una fortuna más que considerable (se vendió por unos 1500 millones de dólares).

El cohete Falcon 9 durante uno de sus lanzamientos exitosos en 2016.

Es fácil pensar que el siguiente paso era comprarse mansiones de lujo, carros estrafalarios o una isla desierta, pero a Musk nada de esto lo seducía realmente. El espacio exterior, en cambio, sí le interesaba. El ingeniero tuvo la delirante idea de revolucionar la manera en la que los humanos nos relacionamos con el universo, más aún, en que podríamos llegar a Marte. Como suele suceder con ambiciones de tal envergadura, nadie lo tomó en serio. Miró la página de la Nasa y se dio cuenta de que allí tampoco pasaba nada fascinante y de que los planes de la agencia estadounidense estaban por debajo del nivel de sus sueños. Así que al verse solo con su quimera, y ya que nadie financiaría semejante locura, decidió embarcarse en su travesía para llegar al espacio.

El plan era ‘sencillo’, o cuando menos bastante claro: construir un cohete, hacer dinero lanzando satélites y financiar así su objetivo real de llevar a la especie humana a Marte. En varias ocasiones ha afirmado que le gustaría ser enterrado en el planeta rojo, pues la idea de nacer en un planeta y morir en otro le parece bastante atractiva. En 2002, Musk convenció a una docena de científicos de unirse a él y contrarrestar la aparente falta de ambición de la Nasa fundando su propia compañía espacial, SpaceX. Viajó a Rusia varias veces para intentar conseguir un cohete, pero pronto se percató de que había un problema: los cohetes no habían evolucionado desde los años sesenta, la época de oro de la navegación espacial. Había que desarrollar algo nuevo y mejor, y ya que habíamos probado que podíamos llegar al espacio, el desafío era otro, cómo llegar más barato. Musk decidió entonces encontrar la manera de hacerlo al menor precio posible. Para ello empezó a usar tecnologías ya existentes desarrolladas por la Nasa durante la carrera espacial, cincuenta años atrás, y a modernizarlas.

Algunos empezaron a decir que era el Henry Ford del espacio: no inventó el automóvil pero sí la manera de volverlo práctico y rentable. Otros, aterrados por las agallas y la certeza del joven ingeniero, hicieron las peores predicciones, la Nasa incluida, pues dijeron en ese momento: “Sus cohetes van a estallar, que vaya a hacerlo a otro lado”.

Musk ha trabajado en la actualización de la tecnología desarrollada por la Nasa 50 años atrás, durante la carrera espacial. En tan solo 15 años ha revolucionado la industria aeroespacial.

Exiliado en el Pacífico, el equipo de SpaceX trabajaba sin cesar. En paralelo, a principios de este milenio, Musk se embarcó en otra aventura: encontrar alternativas al consumo desmesurado de energías no renovables. Se volcó en la investigación sobre la energía eléctrica y en 2003 invirtió, prácticamente solo, en la creación de Tesla, una compañía estadounidense —ubicada en Silicon Valley— que diseña, fabrica y vende carros eléctricos, componentes para la propulsión de estos vehículos y sistemas de almacenamiento a base de baterías. El hombre le hace honor al revolucionario físico e ingeniero eléctrico serbio Nikola Tesla.

El proyecto, que fue visto como una locura más en sus inicios, funcionó a pesar de múltiples tropiezos económicos y un apoyo fluctuante de inversionistas. La administración Obama le concedió un amplio crédito (4,6 millones de dólares) en el marco de un programa de financiamiento del gobierno estadounidense para el desarrollo de energías alternativas, y figuras como Leonardo DiCaprio,

George Clooney y Arnold Schwarzenegger estuvieron entre los primeros compradores. El reto sigue siendo bajar los costos y así poder reducir los precios y volverlo un auto asequible para el común de los mortales. Poco tiempo después, en 2006, Musk fundó la empresa subsidiaria Solar City, especializada en energía solar, que se volvió rápidamente la mayor generadora de energía alternativa en Estados Unidos.

Seguro de sus logros, en el Congreso Internacional de Astronáutica, que tuvo lugar en septiembre de 2017 en Adelaida, Australia, Musk ya había sugerido que sus cohetes podrían ser usados para transportar personas desde distintos puntos de la Tierra en menos de una hora, y que podrían ayudar a crear una base lunar. 

“Estamos en 2017”, dijo Musk, “a estas alturas ya deberíamos tener una base lunar. ¿Qué diablos pasa?”.

El siguiente paso era construir el lanzador espacial más grande del mundo y mandarlo a sobrevolar la Luna con turistas a bordo. Los viajeros aún no han podido embarcar, pero el pasado 6 de febrero logró una hazaña técnica nunca antes vista: lanzó al espacio exterior el cohete más grande de la historia y el más potente en actividad, el Falcon Heavy. El cohete despegó con éxito del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida), ante los ojos aterrados de televidentes del mundo entero, los gritos de victoria del equipo y la mirada atónita de los incrédulos. Sus contradictores y cientos de escépticos quedaron más que perplejos, mientras que sus adeptos celebraban fervientes el logro de este hombre que en tan solo 15 años ha relanzado el sueño de la conquista espacial. En 1969, los Estados Unidos, entonces el país más poderoso del planeta, en la cúspide de su gloria, se había demorado once años para llevar a un hombre a la Luna.

‘El Halcón Pesado’ —como se traduciría el nombre en español— tiene la capacidad de poner en órbita 64 toneladas de carga. Por ahora, solo lleva dentro un par de curiosos pasajeros: el descapotable rojo Tesla de Elon Musk y un maniquí al volante llamado Starman, en honor a David Bowie. Según dicen, en la radio del auto suena sin parar Space Oddity, del mismo cantante.

Al preguntarle por sus planes para el futuro, Musk no se va por las ramas. Le ha dicho a cuanto medio le ha preguntado que piensa colonizar Marte, que sería una tontería que, en caso de presentarse una catástrofe, la especie humana corriera la misma suerte de los dinosaurios sin tener un plan B, y que el planeta rojo sería un buen as bajo la manga. Y es que Musk no solo quiere llegar a Marte, sino instalar cómodamente a la humanidad. Tiene previsto que el primer vuelo sin pasajeros salga en 2020 y que los primeros viajeros despeguen, a más tardar, en 2025.

Este Tesla descapotable y un maniquí fueron lanzados al espacio por Musk.

Eso sí, el intrépido ingeniero ya lo advirtió: el viaje, que duraría alrededor de 80 días, no será apto para cardiacos. “Creo que los primeros viajes serán muy peligrosos; las cosas como son, el riesgo de un accidente fatal será alto. ¿Estás preparado para morir? Si estás de acuerdo, eres un buen candidato”, afirmó Musk al presentar su proyecto. Y añadió: “La cuestión no es tanto quién llegue primero, lo que realmente importa es crear una civilización autosostenible en Marte lo más rápido posible. Esto es distinto de la misión Apolo. Ahora se trata de minimizar los riesgos para nuestra existencia y de tener un sentido de la aventura tremendo”.

Y es que a pesar del peligro, para Musk, y muchos seguidores, sería una aventura fantástica. “Creo que sería la cosa más inspiradora que se pueda imaginar. La vida debe ser más que resolver problemas cada día. Tienes que levantarte y estar emocionado por el futuro, estar inspirado y querer vivir”, añadió sonriente.

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