Tengo 43 años, llevo 10 meses en la cárcel de Zipaquirá por tentativa de homicidio y cuento con el mejor trabajo posible. Hace cinco meses hago parte del equipo de rancho, encargado de preparar y servir las comidas a los demás internos. Primero trabajé en aseo, donde ganaba 47.000 pesos mensuales mientras estudiaba (por cada mes de estudio rebajan 10 días de condena) y de ahí pasé a rancho, donde hoy gano 393.000 pesos. La plata que pagan por trabajos de rancho, aseo, sastrería, panadería o por vender tejidos, artesanías y trabajos en guadua hechos por los presos va a dar a una cuenta que abona mensualmente una cantidad al TD o tarjeta decadactilar, un cupo personal para víveres, dulces, tinto y cigarrillos. Un 10% de esa plata va a una caja especial para el pago de medicinas y mantenimiento de la cárcel. Trabajo sin prestaciones ni cesantías, mi seguridad social corre por cuenta del Inpec. Nada me asegura el puesto, solo mi buen comportamiento.