Era una deuda imperdonable con los lectores y un deseo con tinte de reto para la revista. No importó insistirle juiciosamente cada año, ella lo merecía.

La irresistible costeña siempre ha manejado a la perfección su atractivo y el interés que despierta en el público masculino: a comienzos de la década de 1990 fue Chica Águila, la mejor, para muchos. Su primera actuación fue en La maldición del paraíso, y se convirtió en una bendición para todos.

La marca en forma de pez en una de sus nalgas enloqueció a los televidentes de Las Juanas y sentó un precedente. Y sus perturbadoras escenas junto a Salvador del Solar, en Pantaleón y las visitadoras, condenaron al infierno a unos cuantos pecadores. Las fotos que le hizo Raúl Higuera para la edición 113 terminaron con la espera... y de qué manera.

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