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Mujeres

La ex Señorita Colombia Laura Barjum

Por: Sergio Ramírez

Tras dos décadas de incluir en nuestras portadas las mujeres más hermosas del país, seguimos celebrando esta vez, con la “fea” del curso.

11/9/2019

“Fea”, “gorda”, “¡Usted nunca va a conseguir novio!”. A veces los niños pueden ser crueles y Laura González Ospina, hoy conocida como Laura Barjum, fue víctima del bullying hasta su adolescencia. Por fortuna, algunas veces, estas historias tienen finales felices. El 26 de noviembre de 2017, en el auditorio The Axis, en Las Vegas, Steve Harvey (el mismo que “nombró” a Ariadna Gutiérrez como Miss Universo) anunciaba: “Solo quedan dos mujeres en el escenario, Colombia y Sudáfrica, una de ustedes está a punto de convertirse en la próxima Miss Universo…”. Ahí estaba ella.

¿Fea? Laura Barjum, 178 centímetros de belleza, me recibe en el apartamento que comparte con su abuela en el norte de Bogotá, y uno se pregunta cómo es posible que a la mujer de la impresionante sonrisa que abre la puerta alguna vez alguien le haya podido decir fea. “La verdad es que sí parecía un niño. No me peinaba y me preocupaba muy poco por tener un cuerpazo”. Le decían gorda, que tenía el “pelo explotado” y se burlaban de su estatura. “En esa época todo afecta mucho”.

Todavía tiende a encorvarse involuntariamente, porque no se acostumbra a sobresalir. Aunque lo superó, el matoneo le dejó algunas secuelas. “Dejé de brillar, de destacarme, de cantar”. Fue parte del coro del colegio y vocalista en un grupo, pero nunca dejó de lado su sueño de ser actriz.

La de Laura es la historia típica de quien no se bajaba de los escenarios escolares. En su caso, la convicción era tal que abandonó la idea de estudiar ciencias políticas y ser una influyente congresista. Viajó a Bogotá, acompañada por su abuela, decidida a actuar.

El agite de la capital, las carreras detrás del bus, las largas jornadas de ensayos, las caminatas de un lado a otro y el estar lejos de casa tuvieron una consecuencia inesperada: empezó a bajar de peso. Además, por su talento, sus compañeros y profesores valoraban su trabajo. “Me felicitaban por lo que hacía, ¡y hasta decían que yo era bonita! Nadie, fuera de mi familia, había opinado algo así de mí durante años. Empecé a sentirme bien conmigo misma y me di cuenta de que era buena para algo”. Desde entonces, tiene una especie de mantra: “Como te sientes, te ves”.

Eso sí, aclara, todavía tenía “pinta de teatrera”. Andaba en sudadera o jeans y el pelo recogido. “Iba a trabajar, no a modelar”. Si le hubieran dicho que sería reina, habría soltado una de esas carcajadas sinceras que la caracterizan, pero la guapura en su interior insistía en emerger. En 2013, con el grupo de proyección de la escuela Casa E, donde se graduó como actriz, montaron la obra Si uno tiene ojos, mira, basada en la pieza Sangre en el cuello del gato, de Rainer Werner Fassbinder, con textos de Jaime Garzón. Con su cara perfecta, mirada penetrante y el impactante lunar sobre los labios, interpretaba a “la modelo”. Poco quedaba entonces de la fea del colegio.

Se graduó y después de muchos castings consiguió un papel en La Cacica, la serie televisiva sobre la exministra de Cultura Consuelo Araujo Noguera. Veía cerca su sueño, pero las oportunidades tardan, y destacarse, incluso para las bellas y talentosas, no es fácil. Mientras que en la actuación las ofertas escaseaban, Emiro Cantillo, quien había visto a Laura en los Kids Choice Awards, le insistía que fuera candidata en el Concurso Nacional de Belleza. “Me negué muchas veces”, recuerda. Con dudas, finalmente aceptó que Cantillo consultara con sus padres en La Heroica (nació en Cali, pero se considera más cartagenera que el mercado de Bazurto).

Fue señorita Cartagena, tras una decisión polémica: “Protestaron porque no había nacido ahí, porque no era negra, porque mi pasarela no era perfecta”. Como Señorita Colombia, portó la corona por casi dos años. Y fue primera finalista en Miss Universo. “Al principio pensé que todo esto del reinado sería un sacrificio, pero ahora lo siento como un trabajo y una inversión a largo plazo”.

Ahora ve cerca su meta de llegar a Hollywood. Ya ha hecho algunas pruebas en Los Ángeles, incluso hizo un casting con el equipo del director y productor Steven Spielberg en Colombia, y está a punto de comenzar su participación en una producción internacional de la que, no puede dar datos. Lo suyo es el arte más que la fama, y el talento más que la belleza, pero acepta que forma parte de un medio en el cual el físico es fundamental. “Decidí trabajar en algo donde importa lo que se ve. Por más que haga personajes profundos, sé que la gente me va a observar a través de una pantalla y esa es mi forma de mostrar el arte”.

Posar para SoHo fue un reto. A sus 24 años siempre oyó hablar de la revista (tenía cuatro cuando salió la primera edición). “He escuchado a tantas colegas y amigas decir que aparecer en esta revista es fundamental para una carrera en el mundo del espectáculo, que cuando me lo propusieron consideré que era una fortuna y buen augurio formar parte de su historia”.

Sin embargo, la decisión no fue fácil. “Nunca he querido hacer desnudos porque siento que eso no me describe”. Su novio, el fotógrafo Giorgio del Vecchio, quien hizo las fotos de este reportaje, le recordó el ADN de la publicación. “Yo no me siento un símbolo sexual. Giorgio ha capturado desnudos divinos y nada vulgares, pero no creo que eso sea lo que la gente espera de mí”. Su sexualidad había estado tan lejos de su radar que cuando surgió el rumor de que ella era homosexual (y novia de otra reina de belleza) fue una sorpresa. “Un día me levanté, miré mi teléfono y me encontré con esa bomba”, recuerda. “¿Cuándo te van a dejar en paz?”, preguntó su mamá. “No sé de dónde salió eso”, asegura Laura con tranquilidad. “Yo no soy melosa ni con mi novio, mucho menos con mis amigas. Lo que me afectó fue el impacto que tuvo en mi familia, no porque tenga problemas con la homosexualidad, sino porque simplemente no lo soy”. Todo fue causado por un montaje que se hizo viral en redes sociales. Nunca se conoció el origen del comentario que desapareció como había surgido.

Fue una reina diferente. Impulsada por su reconocimiento, comenzó a generar contenido para sus redes sociales, primero en Instagram y luego en su propio canal de YouTube, donde hizo tutoriales de maquillaje, sesiones de ejercicio y algunos datos curiosos sobre su reinado que superaron las 100 mil visualizaciones. Sin embargo, tenía la convicción de que su responsabilidad era ir más allá. Una de las pocas dudas que la asaltan es haber dejado atrás sus planes de ser líder política. “Desde niña quise cambiar el mundo, hacer cosas por la gente”. Ahora utiliza su canal para compartir sus pensamientos sobre los estereotipos, la discriminación, la autenticidad y la sencillez. “Creo que finalmente ese es el objetivo: generar cambios positivos, abrir debate”. El resultado le ha dejado una sensación agridulce, las vistas bajaron a menos de 5000, pero no está dispuesta a darse por vencida ni volver a los tutoriales de maquillaje.

“¿Todavía cree que puede cambiar el mundo?”, le pregunto antes de despedirme. “Claro que sí”, responde y sonríe. Con cara de enamorado pienso en dónde estará ese alguien que le dijo fea.

Dirección creativa: Ana María Londoño / FOTOGRAFíA: Giorgio del Vecchio / MAQUILLAJE Y PEINADO: Jesús David Díaz / PRODUCCIóN Y STYLING: Santiago Herrera / ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: Daniela González / ASISTENTE DE ILUMINACIÓN: Jack Barón /
Agradecimientos: Jorge Duque, transversal 1B # 55-86 / Oysho, calle 83 # 12-29 / H&M, carrera 58D # 146-51

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